Praga y su gastronomía


28-08-2009    |   


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Restaurante de la Casa Municipal de Praga

Praga es una ciudad capaz de saciar el apetito monumental, artístico e histórico de cualquier turista, que desde hace años viene peregrinando a la ciudad en los meses de verano como si de una nueva tradición se tratara. Quién sabe si en un futuro no muy lejano ciertos destinos turísticos sean vistos como lugares de peregrinación obligada en Occidente. Praga será uno de ellos. Y, cavilaciones aparte, como cualquier gran ciudad, la capital de la República Checa cuenta con una gastronomía que merece ser tratada, pues pocos son los visitantes que se quedan sin probar alguno de los platos tradicionales y menos aún los que se quedan con hambre tras haberlos probado.



De las influencias de la cocina checa las más importantes son la austriaca y la húngara. En muchos platos y recetas, cada país aporta su "granito de arena, sal o pimienta". No obstante, en Praga es imposible negar la importancia de la carne, de los grandes guisos y asados de cerdo, pato, cordero o ternera, acompañados todos ellos de salsas sabrosísimas y guarniciones potentes. Merece mención especial el jamón de Praga. De entre las guarniciones lo más destacable son los knedliky de pan, que vienen a ser rebanadas de pan semicrudo con mucha miga que vienen al pelo para dar buena cuenta de la salsa. También los hay de patata, como también es fácil encontrar que la carne viene acompañada de lombarda, repollo, puré, coliflor o cebolla. Normalmente, con pedir uno de estos platos de carne uno queda bien satisfecho, aunque en los apartados de cocina tradicional checa de las cartas de los restaurantes también figuran varios tipos de sopas que pueden anteceder al principal. En resumidas cuentas, mucha carne, mucha salsa, mucha guarnición y mucho sabor en los platos más típicos de los fogones praguenses.

La verdura y la fruta no son muy protagonistas. Con comidas como las anteriormente descritas es fácil hacerse a la idea de que acompañarlas con una buena cerveza es una delicia, para quien guste de beber cerveza comiendo, que no siempre es así. La marca del país es la Pilsner Urquell, en pie desde 1842 y patrocinadora hoy en día de numerosos restaurantes y eventos gastronómicos de la ciudad. Todo un imperio. No tuve ocasión de probar el famoso vino de Moravia o alguna de las otras variedades de blancos que aparecen recomendados en las guías para turistas, en las que no se refleja, sin embargo, algo que me parece imperdonable: los puestos de hot dogs de la zona comercial de la ciudad. ¡Qué envidia ver que una ciudad está tan bien abastecida de perritos calientes!



Los cafeteros han de saber que en Praga se toma normalmente el café turco y los golosos, que las reposterías de la ciudad son bastante decentes y tienen todo tipo de bollería europea y tartas. Si nos volvemos a meter en un restaurante, la carta de postres suele ser bastante reducida, destacando siempre las tartas de manzana, los strüdels de manzana y los buñuelos de fruta. Pocas veces llegué yo con capacidad suficiente para saborear el postre. ¡Quizá por eso no haya gran variedad!

Espero que la impresión que me llevé de su gastronomía se haya reflejado en el artículo: cosa contundente, sabrosa, estricta, suculenta, carnívora, cervecera y poco variada. Los precios son bastante asequibles en su mayoría (sobre todo para beber cerveza) y restaurantes hay muchísimos y de todo tipo (de todas las nacionalidades también, por supuesto). En verano las terrazas a orillas del Moldava, en la colina de Malastrana o en los alrededores de la Catedral y el Castillo hacen que las veladas sean aún más apetecibles.

Pablote (dGusto.es)

TAGS    PATATA CAFÉ VINO CERVEZA TINTO DE VERANO




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