El viejo truco y doradas al horno


15-03-2003    |   


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Es Jueves Santo y hoy comienzan cuatro días de ocio y más ocio. Los pasaremos en Guadalajara, en la finca de mi amigo Antonio, aislados en el monte.

Me levanto a las diez y me percato que ninguno de mis compañeros de mini-vacaciones ha hecho aparición aun. Me doy mi paseíto mañanero en compañía de los perros, hace buen día; doy de comer a las gallinas y recojo los huevos para, despúes de desayunar, instalarme en el aún tímido sol con un buen libro.

La una de la tarde y no aparece nadie. Siempre me levanto la primera, pues soy la quien primero se acuesta; doy un vistazo a los licores para darme cuenta, viendo el bajón que han dado las botellas, de que la noche se alargó y se han acostado tarde, muy tarde. Pues nada, me pongo una cervecita y un platillo con variantes, (aceitunas, cebollitas y pepinillos en vinagre) y sigo con mi lectura.
A veinte metros de mí, en el suelo y al pie de un pino, me visita una ardilla descarada, ya que me rodean cinco perros de talla mediana y uno grande. El animalejo sube y baja por el tronco del árbol mientras me mira, para terminar pasando por encima de mi cabeza, de rama en rama, y mostrarme su blanca panza.

Las dos de la tarde y sigo sola. Habrá que emplear el viejo truco.... Comeremos doradas a la "cocina deportiva" que consiste en ir a un extremo de la finca donde está el laurel, dar la vuelta al otro extremo donde crece el romero y de camino a la derecha, recoger un tomillo. Con la tontería de la recolección haces deporte andando de un lado a otro.
Ya en la cocina enciendo el horno para que esté calentito cuando meta el pescado. Dispongo en una bandeja una capa de finas rodajas de patata, otra de tomates igual cortados, otra de cebolla y bulbo de apio en rueditas, unas pizcas de jengibre rallado bien repartidas, su sal y su pimienta. Desmenuzo las hojas de laurel, dos, añado una rama de tomillo y otra de romero bien esparcidas por encima. Por último las doradas, salpimentadas, las pongo en su rica camita y mojadas de aceite de oliva, un fragante hojiblanca, las meto en el horno durante 30-35 minutos, pesando 1/2 kilo cada bicho y tocando a una por barba o bigote, en nuestro caso cuatro.

A los diez minutos se levanta el primero siguiendo la estela del olorcillo del horno, como el oso Yogui. Le sigue otro, y otro. No falla nunca, es el viejo truco.

Besos.

TAGS    PATATA PESCADO




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Marisa Beato




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