Viena, una ciudad con mucho arte... comestible


17-05-2010    |   


ARTÍCULOS



La cultura, el arte, la arquitectura, sus espacios verdes, sus parques, su dinámica vida nocturna, su legado histórico, la elegancia, el agradable ambiente bullanguero de sus calles, su atmósfera gótica-barroca? y, sobre todo, su inconmensurable gastronomía sitúa a Viena en la quintaesencia del continente europeo

El Palacio Belvedere, de estructura barroca en la calle Prinz-Eugen-Strasse 27

Cada uno de los 23 distritos en los que está dividido Viena, repartido a lo largo de los 415 km² de superficie que abarca este municipio, capital federal de Austria, atesoran un encanto especial con el que el visitante queda gratamente sorprendido por la belleza y singularidad de cada uno de los rincones de esta metrópoli en la que la combinación de ambientes nostálgicos imperiales y una escena cultural de lo más creativa, que ofrece tendencias de máxima actualidad cuidando al mismo tiempo de forma responsable una herencia valiosa y tradiciones encantadoras.

La arquitectura de la monarquía del Danubio marca el aspecto de la ciudad: edificios suntuosos, sobre todo barrocos, y la época modernista vienesa así como la edificación general espaciosa en la ciudad. Todo esto nos hace olvidar que se trata de la capital de la pequeña República de Austria, con sólo 8,4 millones de habitantes, en la que sus múltiples edificios de la época imperial hacen de Viena una ciudad llena de belleza y arte donde se pueden admirar museos, colecciones y obras de arte de categoría mundial como el Museo de Bellas Artes, con la colección más grande del mundo de cuadros de Bruegel, o el Belvedere, con las múltiples obras de Gustav Klimt y Egon Schiele, así como el Museo Leopold instalado dentro del Barrio de los Museos (Museums Quartier), entre otros, hasta un total de cien museos, además de numerosas galerías de arte.



Para más información: www.wien.info



Pedir información por teléfono: 902 999 432 o www.austria.info

Palacio de la Ópera de Viena *

Se podría afirmar que Viena es la ciudad de la Música. Porque ésta forma parte de manera intrínseca de su cultura. La villa vienesa ofrece a sus visitantes, entre otros, cuatro teatros de ópera y varios para musicales, así como festivales de música y danza de mucho prestigio. Todo esto configura un programa musical extremadamente denso para todo el año y convierte la ciudad en una metrópoli líder en Europa en lo que a música concierne. Por lo que Viena disfruta internacionalmente de una reputación especial como ciudad de la música. En ningún otro lugar del mundo han vivido tantos compositores de prestigio mundial: desde los vieneses Schubert, Strauss, Schönberg o Berg, hasta aquellos que tuvieron su hogar en esta ciudad como Mozart, Beethoven, Haydn, Brahms, Mahler y muchos otros. La Filarmónica de Viena figura entre las primeras orquestas del mundo, seguida por otras orquestas vienesas. La Ópera del Estado de Viena se encuentra entre los principales teatros de la ópera internacionalmente y la ciudad cuenta además con tres escenarios para óperas más.

Pero, aparte de todos estos encantos, Viena tiene otro atractivo más, y no menos importante, que siendo, como efectivamente lo es, uno de sus mayores activos, sin embargo no es lo suficientemente conocida o se tiene una idea un tanto equivocada. Me estoy refiriendo a su gastronomía en la más amplia acepción del término. A lo largo de todo un fin de semana en la urbe imperial, del que guardo un gratísimo y delicioso ?nunca mejor dicho? recuerdo, he podido comprobar in situ que Viena es un paraíso gastronómico. Una estancia corta pero intensa en la que durante esos dos días hemos disfrutado de lo lindo degustando sus maravillosos vinos, sus exquisitos quesos, sus artesanos embutidos su sensacional cocina.

Tras un agradable viaje de escasamente cuatro horas procedente de Jerez de la Frontera (Cádiz) y con escala en Madrid, llegamos (mi esposa Loli ?quien hizo, dicho sea de paso, una gran labor como reportera gráfica? y yo) al aeropuerto de la capital austriaca donde nos esperaba un señor con uno de los lujosos coches oficiales de la Oficina de Turismo de Viena, que nos condujo hasta el hotel Rathaus Wein & Design, donde nos alojamos; un pequeñito pero encantador establecimiento estilo boutique, que está dedicado al mundo del vino, cuyas habitaciones se identifican con nombres de viticultores austriacos. Todo su personal nos trató de forma maravillosa. En este hotel tuvimos el encuentro con Olivia Divjak, de la Oficina de Turismo de Viena, una chica encantadora con la que no tuvimos ningún problema de comunicación porque habla un español correcto, y acudió amablemente a recibirnos para ofrecernos todas las atenciones y cuanto necesitáramos.

Café Drechsler *

Nos llevó a comer (almuerzo) al Café Drechsler, situado en la calle Wienzeile. Nuestra primera toma de contacto con la cocina vienesa y realmente he de decir que no quedamos nada defraudado, si no todo lo contrario, porque pudimos disfrutar de unas ricas especialidades típicas de esta ciudad como fueron una exquisita sopa de espárragos (spargelsuppe), frescos y naturales; sopa de sémola (griessnockerlsuppe), con una bola hecha de sémola en cada taza que le daba un punto especial al plato o un sorprendente Goulash de ternera muy bien elaborado, entre otras exquisiteces que regamos con una de las muchas y buenas cervezas que se hacen en Austria. Con cuya comida ya pudimos ir dándonos cuenta de la magnífica culinaria vienesa basada en una cocina innovadora, vanguardista con influencias de los países limítrofe de la nación austríaca, sí, pero que goza de unos platos autóctonos de gran categoría y con enorme personalidad fiel reflejo de los fogones de antaño que los grandes y buenos cocineros de este país han sabido respetar con lo cual los austriacos pueden presumir de una cocina de prestigio de la que gozan en la actualidad.

Tras la comida, nos despedimos de Olivia, no sin antes presentarnos a Maite Bachero, la guía oficial, a la que previamente había citado en el restaurante para que nos acompañara durante los dos días de nuestra estancia en la capital austríaca, contratada por la Oficina de Turismo de Viena. Maite, de la que quedamos gratamente satisfechos por el gran servicio y extremada amabilidad con la que en todo momento nos trató, es, casualmente, una española de Castellón que desde hace años vive en con su marido y su hijo en Viena, de cuya ciudad es guía oficial al haber cursado sus correspondientes estudios de la mencionada especialidad turística en Austria, por lo que domina a la perfección el Alemán y conoce como la palma de su mano todos los rincones, monumentos, calles, distritos, la historia y cultura vienesa, etcétera.

Mercado Naschmarkt *

Ya acompañados en todo momento de nuestra inseparable Maite, iniciamos el periplo por los lugares más emblemáticos de la villa vienense que de una u otra forma guardasen relación con el mundo de la gastronomía de esta ciudad. Y para ello nada mejor que empezar este recorrido por el mercado más grande y conocido de la localidad, como es el Naschmarkt, situado en la calle Wienzeile ?junto al Café Drechsler, precisamente? donde se ofrece una mezcla de especialidades vienesas e internacionales. Aquí se puede encontrar todo tipo de productos alimentarios tanto locales como de otros muchos lugares del resto del mundo. Pescados y mariscos de máxima frescura; todo tipos de carnes, tanto de vacuno como de cerdo o aves, una interminable relación de frutas, verduras y hortalizas; aceites de diferentes semillas, embutidos, entre los cuales me sorprendió sobremanera ver a un señor vienes cortando, con gran maestría, un autentico jamón ibérico de bellota de una conocida firma española, en su puesto correspondiente de chacinería selecta; vinos, especias de un sin fin de aromas diferentes, y así un largo etcétera de artículos alimenticios. En este gran bazar de alimentos nos aguardaba el Sr. Gegenbauer, con quien Maite había concertado una cita, para mostrarnos su amplia y extensísima relación de vinagres obtenidos de diferentes frutas tras un laborioso y cuidado proceso de elaboración.

Sr. Frederick *

En una de las llamadas tabernas de vino, Heuriger Wieninger, donde, además, se ubica parte de una de las bodegas más importantes de Viena, realizamos una suculenta cena a base de asados de cerdo, verduras y demás viandas típicas vienesas, que estuvo precedida por una cata de vinos, entre los cuales pudimos degustar excelentes caldos a cual de ellos más deliciosos elaborados con diferentes tipos de uvas, con la grata compañía del Sr. Frederick, el patriarca de esta familia bodeguera. Con esta degustación vínica pudimos comprobar el gran arraigo cultural al vino del que goza esta ciudad, que no sólo es un estado federal y capital federal, sino también una región vinícola propia con una superficie con viñedos de unas 700 hectáreas cultivadas por 320 viticultores. Aproximadamente el 80 por ciento de esta superficie está cubierta por vides de vino blanco de las cuales se obtienen marcas como Riesling, Weissburgunder, Grüner Veltliner, Sauvignon blanc o Gelber Muskateller, unos vinos francamente elegantes y afrutados. Pero cada vez más los viticultores vieneses prensan vinos tintos, empezando por Zweigelt y St. Laurent, pero también marcas internacionales como Merlot, Pinot noir y Syrah.

Gennus Festival *

Las piezas de todos y cada uno de los refinados elementos que forman el suculento puzzle de la gastronomía austriaca se encontraban repartidos en los 71 stands elegantemente instalados en el parque Stadtpark, donde tuvo lugar, entre el 7 y 9 de mayo, la tercera edición del festival culinario Genus Festival 20102.

Puesto de productos biológicos *

Un evento, en el que se dieron cita miles de visitantes en torno la estatua dorada de Johann Strauss, del que quedamos verdaderamente encantado por la brillante organización y principalmente por la gran cantidad de productos, tantos de la alimentación convencional como biológica, a cual de ellos más exquisito, que configuran la inconmensurable culinaria de este país de la antigua monarquía del Danubio.

Restaurante Plachutta *

Sí, es cierto que el Wiener Schnitzel (escalope a la vienesa) o el Apfelstrudel (pastel de manzana) son dos especialidades mundialmente conocida de los fogones vieneses, pero como ya hemos podido comprobar, la cocina de Viena no queda reducida, ni muchísimo menos, a estos dos platos. Hay otros muchos que son dignos de ser conocidos y, sobre todo, degustados, como, por ejemplo, esa impresionante obra de arte en forma de plato como es el Tafelspitz, que en esencia es carne de res cocida, pero elaborada de una forma tan magistral que el resultado pude elevarse a un plato con el calificativo de superlativo. El restaurante donde la confeccionan se llama ?Plachutta?, donde tuvimos la ocasión de cenar y, claro está, degustar este rico bocado con el quedamos gratamente sorprendido. Lo presentan en la mesa directamente en la olla o cacerola donde, supuestamente lo han hecho (puede que en la cocina lo guisen en otro recipiente y luego lo presenten en éste). Pues bien se sirve, como digo, la/s pieza/s de carne con su caldo y los demás ingredientes que han intervenido en su cocción (zanahorias, puerro, apio, etcétera), fundamentalmente con un hueso por comensal, dentro del cual contiene su tuétano correspondiente, el cual se aconseja untar en unas rebanadas de pan para comer, eso sí, con las manos ?como aconseja el folleto de instrucciones que se facilita para tomar este plato.

Plato Talfelspitz *

Luego, tras el caldo te sirven la pieza de carne acompañada de una guarnición de patatas cortadas a tiras muy finas fritas cocinadas con cebollas y una porción de crema de espinacas?, en fin una delicia. Podría estar citando un sin fin de platos más de una exquisitez sublime con los que cuenta la cocina vienesa, la cual posee todos los resortes necesarios para convertirla en uno más de los muchos encantos con los que cuenta este vello rincón del mundo. Que os recomiendo que conozcáis y, sobre todo, que degustéis. Porque Viena tiene mucho arte?, comestible.

*Reportera gráfica: Loli Pérez

TAGS    Vinos y Bodegas CAFÉ VINO




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Pepe Oneto @pepeoneto

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