El año de la gloria de Gloria empapado en torrijas castizas


24-01-2017    |   


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Se celebra este año 2017 el nacimiento de Gloria Fuertes, poeta, nunca poetisa, que bebía la luz, el amor, el vino y el humo del tabaco con desesperada fruición, mientras aullaba como loba herida de muerte, al decir de Camilo José Cela. Sus versos, continúa Sara Barderas, eran desconsolados y atroces, saludables y humanos, mortales de necesidad, aparentemente sobrios y juguetones con el diablillo de la guarida, al que quería peinar los cuernos. Entre el dolor y el humor, escribió contra la guerra y contra cualquier forma de abuso humano.

 

 

 

Nacida en una portería de la calle de la Espada que regentaba su padre, a un paso de donde estuvo la escuela del maestro de esgrima que enseñó a tirar al mismísimo Lope de Vega, cada mañana pasaba un buen rato en la aledaña taberna Antonio Sánchez para enseñar a leer y a escribir al chico que atendía en chatos a la parroquia y lustraba con agua de Lozoya la barra de zinc. Lección diaria que la maestra impartía mientras mojaba pan reseso en cumplidos vasos de vino de consagrar. Liturgia añeja de un local que popularizó las torrijas de vino como aperitivo para gentes de toda laya y condición.

 

 

La taberna Antonio Sánchez, que sita en el punto en el que la calle de Mesón de Paredes deja a su espalda la plaza de Tirso de Molina para empezar a bajar hacía la de Lavapiés, fue propiedad, durante el primer tercio del siglo XIX, de Colita, mozo de espadas del afamado diestro Cara Ancha, y del valdepeñero vendedor de vinos Antonio Sánchez, para terminar por fin en manos de otro torero, el hijo del vinatero y también de nombre Antonio Sánchez. Fue a su madre, doña Dolores Ugarte, a quien se le ocurrió empezar a hacer torrijas como tapa para acondicionar el vino que se jarreaban los parroquianos, pero el éxito del dulce bocado fue tal que pronto empezó a venderlas por docenas y, según cuenta Antonio Díaz-Cañabate en su Historia de una taberna, hasta dos mil diarias se llegaron a despachar en los años treinta. Allí iba a beber cotidianamente El Madriles, último de los conductores del tan madrileño simón, un tipo de carruaje ligero que, tirado por un caballo, empezó a hacer fortuna en las calles capitalinas a mediados del siglo XVIII, para dar sus últimas boqueadas, mortalmente corneado por el taxi, a comienzos del siglo XX. A su puerta paraba el caballo, Chotis, esperando que algún cliente tuviera la humorada de invitarle a un torrija generosamente empapada en el mismo vino de los posteriores desayunos de Gloria.

 

 

Allí exhibió el gran pintor Ignacio Zuloaga la que sería su última exposición, en la que, con solo dos lienzos, quiso ejemplificar la gloria y el fracaso que en aquella taberna había conocido. Uno representaba al propio tabernero-torero, Antonio Sánchez, y el otro a Antonio Rodríguez, “el Chepa de Quismondo”, un aspirante a matador de novillos toros contrahecho y jorobado al que el propio Zuloaga, junto al académico José María de Cossío y al periodista y escritor Antonio Díaz-Cañabate, regalaron el sueño de torear su propia corrida, en la antigua plaza de toros del barrio madrileño de Tetuán de las Victorias. Al fracaso que persiguió en vida al chepa, siguió la gloria eterna tras la adquisición del cuadro por el Museum of Modern Art, MoMA, de Nueva York, donde actualmente se exhibe como valiosísima pieza. Al orillamiento y ninguneo patrio que persiguió en vida a la poeta de guardia, como tantas veces acompañado del reconocimiento y aprecio foráneo en las figuras de grandes hispanistas como Andrew P. Debicki, Mandlove, Sherno, Persin, Capuccio o Browne, seguirá este año la gloria de multitud de actos conmemorativos y una gran exposición en la Biblioteca Nacional de España. Así es la España cañí.

 

TAGS    Torrijas historia de la cocina GLORIA FUERTES




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Valoraciones y comentarios

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  • 2 comentario(s)


   Miguel Ángel Almodóvar , 26-01-2017
Amiga Bea, me sonrojas y encocoras... muchas gracias y a tus pies.
   Beatriz , 24-01-2017
He estado "al borde" ......del aburrimiento. Sin poder leer sus artículos, durante casi tres meses. Gratificante!! Un saludo. Bea



Miguel Ángel Almodóvar

Investigador y divulgador en ciencia nutricional y gastronomía




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