Nariz de oro 2013


19-06-2013    |   


ARTÍCULOS



So oficio requiere el uso constante de la nariz, lo que le permite captar los aromas del vino, buscar los matices y detalles, para después ser capaz de recordarlos.

No se trata tanto de tener un don, como de entrenar diariamente la pituitaria. Como en cualquier otra profesión, ser el mejor es una cuestión de esfuerzo constante.

El concurso nacional Nariz de Oro celebraba este año su XXII edición, en Madrid. Organizado por la revista “Vino y Gastronomía”, está considerado como el Oscar de los sumilleres españoles.

La selección previa se realizó en varias ciudades de España y de un total de 78 participantes resultaron elegidos 5, que compitieron en la gran final. Estos son Jordi Martínez de Lleida, Ricardo García de Santiago de Compostela, Juan Ignacio Ayerbe de A Coruña, Nerea Cuenco de Bilbao, además del propio Tarrida. Para este fue más difícil la selección previa, por la concurrencia de público, que la gran final.

La prueba final consistió en identificar cinco bebidas alcohólicas, solo con el olfato, contenidas en copas negras para no poder apreciar el color. De estas cinco la segunda trajo de cabeza a todos los concursantes, pues fueron incapaces de identificarla, al final resultó ser un vino de resina griego.

La final se desarrolló en tres espacios, una para la final propiamente dicha: “Nariz de Oro”, otro para la final de la “Nariz de Oro Amateur” y un tercero abierto al público y denominado “Nariz de Oro Experimenta”, este es un espacio dedicado a los amantes del vino y la gastronomía, que podían participar en talleres de alta cocina y  otras propuestas vinícolas.

Tuvieron lugar durante el concurso, demostraciones por parte de enólogos de grandes bodegas como, Marqués de Riscal, PradoRey, Mar de Frades, Azpilicueta o Gramona.

También hubo lugar para hablar de vinos de Rioja, quesos de Navarra, jamón Dehesa de Extremadura o embutidos y sidra asturianos, que fueron los protagonistas de los talleres gastronómicos.

Tarrida dedicó el premio a su padre, ya fallecido y a toda su familia. De su padre aprendió a distinguir los olores, cuando le acompañaba a las bodegas. De hecho se crió entre botas y vinos en el negocio familiar.

Estudiante de electrónica, decidió dedicarse al negocio familiar y realizó cursos de cata y enología, para obtener el título de sumiller.

Piensa que el mundo del vino nunca acaba de conocerse, puedes dedicar una vida entera y siempre te queda algo por aprender. En su casa no es la única nariz privilegiada, su hermana menor es su más dura competidora, realizan catas ciegas en familia, por supuesto en copas negras.

En la prueba que le encumbró como mejor sumiller, tuvo que identificar además del vino griego de resina, un calvados, un tinto, un palo cortado y un champán.

Otra de las pruebas previas consistía en catar seis vinos blancos de distintas uvas y procesos de elaboración, después de probarlos y olerlos, descansaban durante media hora para fijar la memoria y después les servían uno de ellos que debían identificar, exclusivamente con el olfato.

Tarrida huele todo lo que se le pone por delante, la comida, la hierba, las plantas, las manzanas, no comprende la vida sin estas sensaciones. Sin el olfato no hay sabores, ni otro montón de sensaciones.

Su vino favorito varía con cada plato o con el estado de ánimo, en lo que sí es estricto es en los cultivos naturales, sin pesticidas ni otras sustancias. La cepa de procedencia, que el distingue sin lugar a dudas, es lo más importante para elegir un vino.

El premio recibido fue una escultura de Antonio López dotada, como no, de una gran nariz.

TAGS    VINO Rioja TINTO DE VERANO




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