De eso no se habla


03-08-2009    |   


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Días pasados, mirando un noticiero en la televisión me llama la atención que durante una nota de cobertura en Sudáfrica -próxima sede del mundial de fútbol 2010- el reportero queda asombrado porque al cruzar los peatones por una esquina ni bien se pone un pie sobre la franja blanca (paso de cebra) los vehículos se detienen sin necesidad de haber personal de control de tránsito ni indicadores de luz (semáforos). Claro, ¿cómo no habría de sorprenderse si en Buenos Aires nadie se detiene? Al contrario, si te ven cruzar caminando aprietan más el acelerador del automóvil y te insultan por cruzar, el conductor sentado en su vehículo tiene prioridad. En Paraguay, en tiempos del dictador Stroessner escuché en guaraní esa palabrita que define la situación: "la ley del mbareté" (ley del más fuerte).

Yo recuerdo que de joven una vez leí de punta a punta las normas de circulación en vista de obtener mi carnet de conductor y ahí se expresa muy claramente que en las esquinas, no habiendo semáforo o quien dirija el tránsito, tiene derecho de paso el peatón, pero claro, con tanta corrupción y desidia nos fuimos olvidando de lo que es correcto y de eso no se habla.

En la época de dictadura militar en Argentina yo estuve varios meses detenido en un calabozo acusado de ser extremista (a muchos los han matado) pero en ese momento nadie oía, nadie veía, ni hablaba nada (como los tres famosos monitos); ¿no será que nos hemos acostumbrado al "no te metas", al no comprometerse, al no involucrarse...?

Pero bueno, antes de que me reclamen que aquí se está para hablar de gastronomía y no de política (pero, ¿qué es política?, a sí, sí, de eso no hablemos), vamos por lo nuestro.



¿Saben cuántas veces envestí molinos de viento? Claro, yo estoy desubicado por ir contra la corriente, por no callarme, por comprometerme, por involucrarme, y así una y otra vez se me acusa de ser alarmista por hablar sobre el poco o inexistente control de bromatología e higiene en los locales gastronómicos y en aquellos donde se expenden alimentos, por hablar e insistir sobre el anisakis (prácticamente muy pocos cocineros egresados de "escuelas de gastronomía" en Argentina saben de qué se trata), por decir que muchos empresarios gastronómicos no están capacitados para su labor (salones para atender 100 cubiertos y cocinas para atender a 10, cartas sin análisis de costos y con nombres muy bonitos pero inentendibles, cambio de un producto por otro de menor calidad y precio para aumentar las ganancias), pero claro, "de eso no se habla".

Quizás algún día nos van a encontrar aquí sentados hablando de lo distinto que fue todo antes, de tiempos pasados, de lo bien que vivíamos o lo bueno que comíamos, quizás nos encuentren hablando de la falta de compromiso, del no involucrarse, pero, si hablamos, si lo decimos, quizás llegue ese día en que uno a uno, poniendo el ejemplo, comencemos a hacer las cosas bien, como se debe, y sin ser tan egoístas.

Hay quien arroja un vidrio roto sobre la playa. Pero hay quien se agacha a recogerlo.
-Aforismos, José Narosky-


norbertopetryk@gmail.com




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Norberto Eugenio Petryk




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