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Marimar


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Manuel Julbe
LA MESA COMO MEDIO DE UNION LA RADIO PARA SU DIFUSION (nuestro colaborador falleció en marzo del 2024 gracias por tu amor a la gastronomia )



Su madre regentaba una pensión de mala muerte y su padre era chulo; eso sí, el hombre más guapo de Andalucía, o por lo menos era lo que decía su mujer. Lo cierto es que tanto a la una como a la otra el fulano les dio mala vida. Harta de que su padre le zurrara la badana y apenas con dieciséis años, Marimar se fugó de casa con un gitano exlegionario que no tardó ni dos meses en ponerla en casa de la Remedios; prostíbulo muy visitado por gañanes, peones y algún que otro señorito cuando corría la voz de que había llegado carne fresca.
Marimar era avispada y, con lo que aprendió de su padre, camelaba a sus clientes hasta hacer que bebieran los vientos por ella; la muchacha siempre tuvo la ilusión de retirarse del oficio y abrir una casa de comidas. En casa de Paca la Boliches, en donde pasó la mayor parte de su infancia, aprendió buen número de recetas andaluzas; pero eso no bastaba. Necesitaba tener más variedad y no se le ocurrió otra cosa que pedirles a cada uno de sus clientes que le trajeran en un papel limpio, y con buena letra, la receta del plato que mejor les salía a sus respectivas mujeres.
El primero en cumplir con lo mandado fue Pepe el Cojo, el de Almenidilla, que le trajo la receta de las Tortillas de Canuto escritas por el mancebo de la farmacia; las Castañas guisadas, de Benamejí, se las aportó Jesús el de la Ramona anotadas por su misma madre que estuvo con las monjas; de Cabra, Paco el Piernas le entregó, en papel de estraza con alguna que otra mancha de aceite, la de los Gajorros y Rafaelillo el Colmenero le dictó, por no conocer a nadie que supiera escribir, el Relleno de Carnaval, de Carcabuey, que le hizo repetir seis veces de memoria a su abuela hasta aprenderlo. El guiso de pies de cerdo lo obtuvo de Tomás, el sastre manco de Doña Mencía y las Gachas de cuscurrones de Felipe, el cartero de Encinas Reales. Manuelico, el bobo de Fuente Tójar, y su primo Diego, el campanero de Iznájar, le trajeron la Morcilla de Carne y el Salmorejo de Naranja, respectivamente. De Lucena, Evagrio el sacristán, que de cuando en cuando se ponía el mandil, le dictó las Papas al ajopollo y el Pollo en pepitoria se lo sonsacó a Abundio, el hermano del notario de Luque. A Luciano el Cabrero su madre le escribió, eso sí, con muchas faltas de ortografía, la receta de la Porra de Espárragos de Palenciana y a Felipe el Anises, dado que era soltero, su hermana le escribió la de las Migas de pan al estilo Ruteño.
Y así fue como Miramar paso de ser puta a cocinera; allá en su casa de comidas solaza estómagos y deleita paladares y sus anteriores clientes se sienten como en casa pero sabiendo que lo que aquí se apaga es el apetito y no otras cosas.



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