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Vacas Locas, Hombres Poco Cuerdos


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José Luis Arpide
Profesor de Antropología Cultural en la Universidad de León (España)



Quisiera desde mi perspectiva de antropólogo, hacer algunas reflexiones sobre el tema de las vacas locas que desafortunadamente preocupa a muchas personas. Un tema básico pero muchas veces olvidado es que el hombre olvida que pertenece a la naturaleza y que es parte de ella junto con animales, minerales y plantas de los que se sirve tanto para alimentarse como para otros fines secundarios. Cada vez que hemos traspasado los límites de tolerancia natural lo hemos pagado y con creces ya que el efecto negativo ha devuelto a nuestras conciencias la idea de nuestra pertenencia a la naturaleza. Si a eso unimos que en nuestro mundo pensamos que los adelantos científicos y técnicos han superado a la naturaleza y lo que es más importante la han controlado, esta se encarga periódicamente de devolver al hombre a su sitio mostrándole sus debilidades y esta si que es una lección que como humanos nos resistimos a aprender, ya que una y otra vez apostamos por ir más allá, pensando que esta vez burlaremos los controles y nos haremos definitivamente con el mando del planeta para recomponerlo a nuestro gusto y por que no, ambición. La famosa frase ?seréis como dioses? tentó y sigue tentando a lo largo de la historia de la Humanidad a muchos, y todavía seguimos en ello.

Por eso han ido surgiendo cada vez con más fuerza movimientos, grupos y hasta partidos políticos que buscan e intentan tener en cuenta estos dos elementos que en muchos casos son antagónicos: conservacionismo versus desarrollo, pero cuando se mezcla con un elemento muy poderoso que es la economía, (o dicho más directamente), el dinero, los beneficios y el poder que eso confiere, los resultados se entremezclan y resulta muy complejo establecer unos límites.



En el caso de las llamadas vacas locas, hay un factor que apenas he visto que se haya mencionado y que desde mi punto de vista es uno de los más importantes y que lo concretaría en la producción y explotación animal. En los modelos tradicionales de sociedades ganaderas las vacas se alimentaban de pasto de la zona o ecosistema a la que pertenecían y las razas de esas vacas pertenecían igualmente al entorno donde vivían, lo cual las confería la ventaja de estar adaptadas a ese medio para sobrevivir en las mejores condiciones. Los vaqueros y boyeros en las dehesas y brañas, espacios que hoy recordamos en los topónimos y que estaban regulados cómo y cuando usar en las diversas ordenanzas municipales (si se tiene ganado flaco que se engorde en sus haciendas; que no se eche ganado por la noche;) dedicaban su tiempo y esfuerzo en criar el ganado en unas ciertas condiciones de equilibrio entre los recursos dados y los tomados, pero poco a poco la demanda creciente de carne y la rentabilidad de este producto fueron transformando este esquema en empresas de producción ganadera y paralelamente se crearon nuevas razas cuya producción de carne o leche fuese sensiblemente superior a las razas tradicionales. Este nuevo tipo de animales al ser exportados y vendidos a los nuevos ganaderos deseosos de aumentar sus producciones (y beneficios) hizo que estos animales estuviesen peor adaptados a sus entornos, para ello se solucionó el problema proporcionándoles fármacos que aumentasen la resistencia a virus y enfermedades, por no hablar de otras sustancias que estimulasen la producción de leche o el engorde de las reses. En resumen, se pasó a una estructura de producción animal cada vez más intensiva para abastecer la demanda del consumidor, pero a pesar de las mejoras se olvidó, como casi siempre, el factor naturaleza. El consumo de forraje y hierba está obviamente limitado por la zona de producción y esta deriva directamente de zonas de montaña con gran cantidad de lluvia para que el pasto no solo crezca si no que sea de calidad, podríamos decir que como el pasto y el forraje empezaban a ser bienes limitados, se pasó a producir piensos que completaban la dieta vacuna y que por abaratamiento de costes se convirtieron en el producto base de la alimentación, además algunas explotaciones se han creado en zonas donde la hierba solo crece en jardines particulares, lo que evidentemente obliga al propietario al suministro masivo de piensos. Pero claro al ser el pienso una materia compuesta por productos finamente molidos y siguiendo con la idea de abaratamiento de costes se empezaron a incorporar productos o subproductos no demasiado aptos, esto tambien llevó a la incorporación de complejos vitamínicos, hormonas, antibióticos, etc ya que las vacas como seres vivos sufrían desnutrición, carencias y resfriados y había que evitarlo a toda costa. El paso final hasta este momento, ha sido la incorporación de restos de animales muertos y cada vez más de vacas que pasadas por el fino tamiz de la molienda se convertían en piensos que suministrar a las vacas en este creciente aumento de la producción.

Hasta aquí hubiese sido un fabuloso negocio, bajos costes, alta rentabilidad, si la naturaleza en este caso bovina no hubiese llamado la atención sobre nuestra conciencia bajo una enfermedad conocida popularmente como de las vacas locas pero que afecta al hombre si su carne es consumida. Se han preguntado ¿qué hubiese pasado si esta enfermedad hubiese sido exclusivamente animal sin riesgo para el humano? mi respuesta es que se las hubiese atiborrado del correspondiente fármaco para paliar la enfermedad para continuar con la producción. Como mucho, alguna que otra cuarentena o algún que otro sacrificio de animales en caso extremo.

Hasta aquí sería la explicación más economicista pero creo que hay también una explicación cultural. Aunque sabemos que existe el canibalismo, uno de carácter ritual y otro por subsistencia en casos extremos, la gran mayoría de las sociedades humanas acepta el principio de no consumir la carne de sus propios semejantes tanto familiares como extraños. En la tradición judía ya se decía no comerás la carne del cabrito hecho con la leche de su madre, avisando del riesgo de alimentarse de los miembros de una misma familia, en este caso la humana ya que precisamente en sociedades caníbales se han descubierto síntomas de una enfermedad muy similar a la de las vacas locas por lo que nos encontramos claramente ante un caso de canibalismo animal pero inducido por el hombre quién desconociendo o ignorando (no sé que es peor) las reglas del equilibrio biológico natural ha vuelto a querer transformar las cosas en su interés particular. Hace ya algunos años se demostró que si los hindúes no consumían carne de vaca, a pesar de las grandes hambrunas que padecía el país, era porque el empleo de las vacas como animal de tracción y carga suplía una mecanización muy costosa para el conjunto del país y además sus deyecciones eran empleadas como combustible para cocinar y calentarse y sin ellas se hubiese provocado una gran tala de madera que al llevar a la deforestación masiva hubiese variado el clima del país sujeto a los monzones, pero para ello hubo que apelar a un recurso especial, esta prohibición en matar bóvidos era de carácter divino y las normas de los dioses no se discuten ni se cambian, se cumplen.


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