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y podría ser rellena si no estas en

Tortilla a la Francesa en la Antártida



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Sandra
¡Quiero chup chup de la cazuela!

La Antártida, a finales de agosto de 1928
A finales de agosto de 1928, una expedición norteamericana de ochenta y tres hombres se dirigió a la Antártida para llevar a cabo una exploración del terreno gélido y deshabitado del Polo Sur.


 El primer barco salió desde los Estados Unidos y se reunió luego con otros tres en Nueva Zelanda. Los principales miembros de la expedición a bordo se llamaban Richard Byrd, Roald Amundsen, Lincoln Ellsworth, Ben Eilson y Hurbert Wilkins. Les acompañaba también el periodista Russell Owen que ganó el premio Pullitzer por sus crónicas sobre la Antártida.
La expedición contaba con el apoyo económico millonario de los siguientes personajes y asociaciones de gran relevancia en los Estados Unidos de América: John D. Rockefeller hijo, Edsel Ford, la National Geographic Society, la American Geographical Society y el New York Times.


La comida de Amundsen y los otros hombres
Los fotografías recogidas en los libros que hacen una aproximación a la expedición nos muestran a los expedicionarios yendo en busca de huevos de pingüino para preparar con ellos, en las tiendas que les resguardaban del frío, tortillas a la francesa. Lincoln Ellsworth informó concretamente: "Son deliciosos cuando se hacen en tortilla, pero cocidos son como pelotas de goma". Estamos ante un indicativo de que los huevos de pingüino no son exactamente iguales que los huevos de las gallinas que nos comemos en países occidentales, como España.


Camping gas
Los hombres de Amundsen no tenían muchas posibilidades de conseguir leña para hacer fuego en la Antártida. Por ello el camping gas, que a muchos acompaña en las excursiones del fin de semana a la montaña o el mar, aparece en muchas fotografías de entonces. Este pequeño invento tan útil les permitía calentar agua para hacer la comida (llevaban muchas provisiones en lata) y seguro, que también para hacer el café que, en todo caso, debieron llevarse desde Nueva York hasta la Antártida, porque en pleno terreno helado, donde la vegetación crece tan sólo de forma esporádica, en un territorio que es más grande que los Estados Unidos, era difícil de encontrar.


Pescado
La segunda principal fuente de alimento, además de los huevos de pingüino, era el pescado, que es muy abundante en los mares del Polo Sur. Antes de la llegada de Amundsen a la región, hombres de distintos lugares del mundo habían ido a echar sus redes en el mar y hacerse con una inmensa ballena para venderla después y obtener con ella grandes beneficios, imagino. La prueba de su existencia constituye un dato que se suma a los anteriores y en definitiva cierra un "círculo gastronómico": ahora ya es posible afirmar que la oferta de alimento que cabe preparar con dulzura en el Polo Sur son las ballenas, el abundante pescado, los huevos de pingüino y las provisiones en lata que uno se quiera llevar desde donde quiera que venga. Y así, finalmente resulta difícil morirse de hambre.

Nota al margen: Indudablemente todo ello son fuentes de alimento de una región en la que abunda el hielo, las grandes tormentas y el frío pelón. Y la mayoría no tenemos grandes barcos de pesca, presupuestos millonarios y el acceso a las estaciones meteorológicas que los científicos tienen instaladas en el territorio. En definitiva, no está claro si hay forma de probar los huevos del pingüino o no.


Fotografías: Beatriz García Infante
 



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AUTOR DESTACADO

   

Ernesto Gallud Mira

Comunicador y cronista gastronómico. Promotor del disfrute armonizado entre la comida y el vino.

271 artículos publicados




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