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Carlos Agustín & Belén Tánago


ALCACHOFAS DA VINCI

¡Larga vida cultivada o silvestre a esta belleza verde, metáfora de la aventura interior, del viaje hacia el centro, hacia lo suave, hacia la tierna luz oculta entre los lienzos del laberinto del mundo plegado sobre si mismo, para proteger el tesoro escondido! Arduo camino del que hasta el propio Leonardo aconseja a su señor Ludovico renunciar cuando éste le pregunta cómo se puede hacer para comer alcachofas sin escupir sobre la mesa prácticamente todo lo que uno se mete en la boca. Da Vinci no lo duda, y aunque él conoce bien el goce que proporciona el lento deshojar de esta maravilla y el saborear una por una las esencias de ese sosegado peregrinar hacia la revelación, aplica el juicioso criterio de no facilitar el camino a los indolentes. De modo que le propone el método más simple que consiste en quitar antes las hojas del fruto e ir directamente el corazón. (Acompañar con una vinagreta ad hoc)