Yo pienso que entrar en esta discusión es como entrar en la inacabable discusión sobre “el sexo de los ángeles”, siempre unos u otros pretenderán tener la razón o una razón para estar en contra. Yo siempre que los dueños de un local me lo han permitido (porque a veces ponen como regla que el personal sea solo masculino) he tenido partidas mixtas, no he tomado a ningún transexual o travesti porque no se ha presentado, pero si lo hubiese hecho y me demostraba que estaba capacitado para el trabajo pues vale, ya que la condición sexual no hace al individuo, si las condiciones morales y de ética en lo laboral, fuera del trabajo cada uno de su culo hace lo que le plazca.
Pero a ver si vamos un poco más profundo, desde tiempos inmemoriales la hembra humana (mujer) se ha destacado por ser la dueña absoluta de los fogones, salvo el hecho de cazar para alimentar al grupo (algunos antropólogos coinciden en que también pudo haber participado), fue la encargada también con los niños de la recolección de alimentos y como sostiene en su investigación “Dios nación mujer”, Pepe Rodríguez, nos muestra que las primeras divinidades fueron las Diosas Madres.
Pero hete aquí que a partir del 6.000 a 7.0000 a.C., con el inicio de las actividades agrícolas por parte del homo sapiens (cultivos y cría de ganado) el hombre fue tomando el poder, tanto en lo laboral como en lo político y lo religioso, quedando la mujer delegada a los trabajos domésticos y como encargada de la crianza y tareas de la casa (una reproductora que atendía al hombre, tanto social como sexualmente). Fue a mediados del siglo XX (1960 – 70) que con la revolución sexual la mujer comienza a liberarse y a pelear por una igualdad sexual y laboral al lado del hombre, claro que nunca fue la más favorecida, pero con el tiempo se fue afianzando y logrando su objetivo (a veces con excesos como el de las feministas que odian al varón –macho-, porque hay también feministas que le respetan como tal). El tema es llegar a la equidad e igualdades y en una danza tantrica (ja, ja, ja) asimilarnos al Yin y Yang para mantener el equilibrio sin una necesidad de un mayor o menor espacio.
En fin, los dejo con el prólogo de “Cocina ecléctica” de Juana Manuela Gorriti (editado en el año: 1890):
“El hogar es el santuario doméstico; su ara es el fogón; su sacerdotisa y guardián natural, la mujer.
Ella, sólo ella, sabe inventar esas cosas exquisitas, que hacen de la mesa un encanto, y que dictaron a Brantôme el consejo dado a la princesa, que le preguntaba cómo haría para sujetar a su esposo al lado suyo:
-Asidlo por la boca.
Yo, ¡ay! nunca pensé en tamaña verdad.
Avida de otras regiones, arrojéme a los libros, y viví en Homero, en Plutarco, en Virgilio, y en toda esa pléyade de la antigüedad, y después en Corneille, Racine; y más tarde, aún, en Châteaubriand, Hugo, Lamartine; sin pensar que esos ínclitos genios fueron tales, porque -excepción hecha del primero- tuvieron todos, a su lado, mujeres hacendosas y abnegadas que los mimaron, y fortificaron su mente con suculentos bocados, fruto de la ciencia más conveniente a la mujer.
Mis amigas, a quienes, arrepentida, me confesaba, no admitieron mi mea culpa , sino a condición de hacerlo público en un libro.
Y, tan buenas y misericordiosas, como bellas, hanme dado para ello preciosos materiales, enriqueciéndolos más, todavía, con la gracia encantadora de su palabra.”
Un saludo a todos:
Norberto






