por francisco perales torregr » Lun Oct 03, 2005 11:47 pm
Te paso una de tortilla ja, ja, ja.
Preparación:
la historia de la tortilla de patata va unida a mis recuerdos, de hecho todas las recetas que he aprendido a lo largo de mi vida van unidas a mi infancia, luego pubertad, luego madures, luego..... jo, vamos a dejarlo en madurez, ja, ja, ja.
Pues bien actualmente soy un especialista en tortilla de patatas, je, je, je, que modesto soy, pero la verdad es que si, cuando algo te marca deja mella en ti he intentas maravillar y buscar la perfección, bueno no me enrollo más y vamos al principio del asunto:
Yo nací en el cuarenta y cinco, un cuatro de octubre y un bendito día del año cincuenta y nueve (concretamente un catorce de octubre)eso reza en mi archivo histórico, en aquellos tiempos se podía asegurar a la gente desde el primer día, la seguridad social costaba lo que una caña de cerveza, pues eso, por medio del "señoríto"(nunca le pagare aquella acción)
mis padres eran porteros de su mansión, me coloco en el restaurante donde seria mi feliz comienzo: la "venta de montiel" calle Cádiz número doce, el ventero era Graviel Ferrer, anterior a la venta había sido el propietario de "las tinajas" los valencianos, de la época recuerdan esos nombres emblemáticos de la cocina valenciana los toneles, los pedralvinos, Lauria, casa balanza, casa barrachína, La pepica, La marcelina, el cantabrico. casa ángel, que recuerdos y que calidad en sus comidas, así como esos "maestros de tirar cerveza" buena, pues allí descubrí que la tortilla de patata formaría parte de mi vida, es con mucho el plato más sabroso y más representativo de la cocina española,
eso si, una tortilla como dios manda echa sin prisa pero sin pausa con técnicas rutinarias y simples.
Tratare de explicarla no tal como yo la hago, sino tal como la sentí y la viví.
Mi jefe usaba patatas del terreno ( aquello si eran patatas duras y cargadas de agua, tersas y jugosas, las pelaba, las cortaba y las freída con abundante aceite de oliva, más bien rehogaba, nunca permitía que una se le dorara, solo que cociera, eso si, debían permanecer tersas y cocidas, casi al final añadía un poco de cebolla ( que curioso, ahora algunos, que no yo, la ponen al principio) y cuando el consideraba que ya estaba, en un lebrillo ( recipiente de barro amarillo con betitas de color verde, con el cual también hacíamos la mayonesa y el ajo aceite) allí volcaba las patatas con su aceite que las cubría y cuando estaba frío tapaba con un paño y la pasaba a la cámara, eso se solía hacer por las tardes, al día siguiente sobre las siete de la tarde ( la hora del aperitivo de la tarde, el de la mañana era de 12 a 1 y era otro tipo de aperitivo) en aquella zona, barrio de ruzafa señorial y de grandes arraigos, el aperitivo era un ritual y no digamos el de los domingos, pues eso,
Él escurría esas patatas y ponía a calentar el aceite, agregaba 18 huevos muy bien batidos, y con una cuchara de madera iba removiendo a esa deliciosa y olorosa masa sin prisa, y con poco fuego iba cuajando poco a poco, entre bromas y con unos ojos de satisfacción del que hace las cosas con cariño y bien echas, solía hacer cuatro o cinco tortillas, yo observaba y el se sentía feliz de explicarme los pasos, era un buen maestro y se sentía orgulloso de ver que yo todo lo preguntaba, allí aprendí algo que todavía hago.
Si no sé pregunto, no estoy obligado a saberlo todo y como quiero aprender y saber pues eso, pregunto, así solo pareceré ignorante durante un minuto, luego como ya lo sé pasare a ser inteligente, je, je, je.
Que curioso, algunos por no parecer tontos al preguntar lo ignoran toda la vida jo.
Una vez que había conseguido cuajar bien la tortilla con la cuchara y el fuego al mínimo, empezaba a darle forma, la tortilla jamás sobrepasaba los tres dedos de grosor, eso si, el usaba una sartén "tortillera con los bordes cóncavos y alta, que daban una forma, a la tortilla, maravillosa,
nunca la fregaba y solo la usaba para tortilla, le pasaba un papel de hornear y la guardaba, hecho esto le daba la vuelta y presionaba a fuego muy lento, después tapaba y dejaba reposar diez minutos en la sartén tapada, mientras hacia un ajo aceite con ajo y aceite, que debido a la gran calidad de aceite de oliva salía cristalino y algo verdosito, y sacaba al mostrador orgulloso, así cada quince minutos salía una o sea, sé que salían cuatro, de siete a ocho de la tarde siempre se agotaba, taco, cucharada de ajo aceite y caña: "cinco duros", nunca podré olvidar aquel aroma, creo que me marcó.
Mi jefe siempre decía que si hubiera sido mujer seria tortillera y con una sonrisa pregonaba sus técnicas a los clientes, que más bien eran una gran familia, el boca a boca funcionaba y todos sabíamos donde y cuando podíamos deleitar nuestro paladar.
Fue entonces, y solo entonces, cuando decidí aprender este bendito oficio, y hoy alos sesenta años, sigo el día a día intentando aprender algo que considero que necesitaría tres vidas para poder llamarme maestro, pero estoy en ello cada día con mas ilusión, supongo que algunos después de leer esto se replantearan lo de congelar una paella o una tortilla de patata, puedo asegurar que es pecado mortal y el cielo es muy estricto en esto, lo se de buena tinta.
Luego aprendí más y más, hasta conseguir que la mayoría de mis clientes exclamen, cuando prueban muchos de mis guisos; pope esta de "puta madre", como algo que algunos les suena a taco, a mi me suena a gloria bendita,
en este santo oficio donde la verdadera sabiduría se comparte humildemente y lo más simple puede llegar a ser la culminación de una gran experiencia.
Un abrazo de este aprendiz de cocina y que morirá aprendiendo,
chef pope