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La Antisopa de Desnavidad



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Luis Hens



Que se sepa: los miembros de la logia Acabemos con la Navidad no dejamos ningún cabo suelto, especialmente por estas fechas, y en particular en lo referente a las comidas ceremoniales.


Primera lección:
Los miembros de esta Logia tenemos la desgracia, no sabemos si por causas nerviosas o kármicas, de sentir de forma insufrible todo signo y rastro de esta evitada fecha. Como les digo, ya desde el primer visón que aparece por la tele anunciando cava, o con los tempraneros alfajores que uno ve en el colmado del barrio, allá en una barrica central y al lado de la caja, y que hacen pensar, por dios, si aún es octubre, ¿si querrá este avaro meternos los restos del año pasado?, o con la visión móvil por tele del nuevo modelo de barbie pendoncilla con todo su atuendo, ya desde entonces nos ponemos en guardia y a temblar por lo que nos espera.

Los miembros de la Logia, les digo, somos una especie de mutantes a los que no nos vivifica este estacional espíritu navideño; es más, en vez de llenarnos de bondad y beatitud rebosante por el rostro, como al resto de los humanos, nos revuelve la bilis y agudiza la percepción hacia las estulticias ajenas o los defectos de dios en su obra maestra y firmada.

Esta es la razón por la que de forma aparentemente insolidaria no participamos de la lotería de la empresa, y luego, a los pocos días nos escaqueamos de la cena-con-consorte del departamento, y para rematar rompemos, año tras año, la bonita cadena de regalos veinte duros del amigo invisible. Y claro, así tenemos que sufrir caras largas y vacíos en el café el resto del invierno, más o menos hasta que se pone calentita la liga de fútbol y pasamos a segundo plano en los chismes.



Y es que de nada sirven explicaciones. Si te joroba esta fecha y sus cada vez más amplios fastos, es así y te aguantas, y lo siento a quien le moleste mi adusto gesto; peor para mí que no reboso de felicidad, como la mayoría. Ya, ya me gustaría a mí ilusionarme y disfrutar con ver reunida a toda mi familia, genética y política, alrededor de una mesa excesivamente iluminada y chillona de espumillones que, sobre ridículo mantel, nos ofrece (y cuidado con rechazar) una cara indigestión a través de frutos del mar, todo el reino animal representado, exóticas viandas y pseudo caseros postres en bandejita para rematar. Y esta lenta muerte, además, dignamente mantenida y amenizada con el repertorio de los más graciosos chistes del año, las travesuras más audaces de los angelitos, y referencias obligadas al viaje al Caribe de Semana Santa, y la música de fondo de nuestro amor universal felicidad vía satélite y especial navidad - gran gala televisado.

Por esto y por mucho más, los miembros más radicales de la Logia nos esmeramos en preparar una anticena desnavidad que nos devuelva a nuestro ser. La fecha, bien previa con fines propedéuticos, bien posterior o sanadora. Su elaboración requiere el cuidado más exquisito y la atención más precisa. Lo más particular de esos platos es la radical ausencia de espíritu navideño en ellos. Deliciosos, cálidos, exquisitos y nada navideños. Empecemos por el primer plato. Disfrútenlos.


Sopa de nabos
- 1/2 kg. Nabos
- 1 cebolla
- 1 patata
- aceite de oliva virgen
- sal, pimienta, canela y nuez moscada
- agua o caldo de verduras



Hervimos los nabos,lavados y raspados, con un poco de sal. En una olla profunda echamos aceite y sofreímos la cebolla cortada fina, la canela en rama, y la patata en dados. Echamos ahora la pimienta y la nuez moscada rallada.
Añadimos el agua o el caldo y los nabos troceados. Dejamos hervir hasta que estén bien tiernos. Rectificamos la sal y las especias.


Glosa: el porqué de una sopa de nabos en nuestra cena de desnavidad; compruébese el efecto que tendrá en nuestro conocido más snob el proponerle de invitación para cena especial (en estas fechas hay bula general para inventarse saraos) un menú que la encabece. Y esperen, espérense que aún se puede completar el menú. Nada mejor que la humildad térrea de los nabos y su simpleza contundente para exorcizar este inflado y relumbrante espíritu navideño de gala barata de televisión.







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