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El Secreto de Santa Victoria



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Miguel Guzman Peredo



Robert Crichton fue un escritor estadounidense (1925-1993) quien después de haber participado en el ejército de su país, en la Segunda Guerra Mundial, se dedicó a la literatura. Su primer libro fue publicado en 1959, con el título de The Great Impostor (El gran impostor), que sirvió de base a la película del mismo nombre, dirigida por Robert Mulligan, estrenada en 1961 y llevando a Tony Curtis en el papel protagónico.

En 1966 publicó Robert Crichton su primera novela, The Secret of Santa Vittoria (El secreto de Santa Vittoria), la cual estuvo durante más de cincuenta semanas en las listas de bestsellers del periódico The New York Times. De hecho, durante dieciocho semanas ocupó el primer lugar en esas listas, de los libros de mayor venta en los Estados Unidos de América. No sólo eso, también constituyó un sonado éxito de librería a nivel internacional.

Basándose en esta novela el prestigiado director de cine Stanley Kramer, quien había dirigido filmes tan importantes en la cinematografía estadounidense, como Not as a Stranger (No serás un extraño), 1955; Inherit the Wind (Heredarás el viento), 1960; Judgment of Nuremberg (¿Vencedores o vencidos?), 1961; Ship of Fouls (El barco de los locos), 1965: y Guess Who?s Copming to Dinner (Adivina quién viene a cenar esta noche), 1967, dirigió la película The Secret of Santa Vittoria (El secreto de Santa Vittoria), que fue estrenada en la Unión Americana el 29 de octubre de 1969.

El argumento gira en torno a un momento próximo al fin de las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial, cuando los ejércitos alemanes estaban abandonando la península italiana, para tratar de escapar de las fuerzas aliadas. En su retirada, un grupo de soldados germanos se apodera de un pequeño poblado, Santa Vittoria, ubicado en lo alto de hermosas colinas. Los habitantes de ese pintoresco lugar fincaban su bienestar, corporal, espiritual y económico, en la producción y venta del vino que allí elaboraban. Para todos ellos el vino les proporcionaba el necesario sustento al cuerpo (con el producto de su venta y el consumo que de ese exquisito caldo hacían cotidianamente), y la tranquilidad anímica que trae consigo el ver transcurrir los días, los meses y los años sin mayores preocupaciones.

El alcalde de ese pueblo, Italo Bombolini (personificado por Anthony Quinn), se muestra al comienzo de la película como un bufón, a quien su mujer (Anna Magnani) maltrata de palabra y de obra, por su aparente ineptitud y proclividad al dolce far niente. Mas en el momento en que se necesita de un verdadero líder, de un hombre que se ponga al frente de todos los habitantes de Santa Vittoria, para oponerse a los afanes de rapiña de los invasores alemanes, surge en Bombolini una fuerza tal -no exenta de la picardía innata a los italianos- que lo lleva a encabezar a todos sus conciudadanos en la regocijante tarea de ocultar, en una cueva (llamada en la película la Cueva Romana), más de un millón de botellas de vino, para evitar que caigan en manos de los agentes de las SS, que expoliaban infinidad de bienes (principalmente vino) en las naciones ocupadas por los nazis.

La película muestra los esfuerzos del comandante nazi Sepp Von Prum (Hardy Krüger) por encontrar el vino escondido, y los afanes del simpático alcalde por disuadirlo de su búsqueda. Los habitantes de Santa Vittoria les habían dejado a los alemanes, con mucho pesar, trescientas mil botellas (que estaban guardadas en una cooperativa del pueblo), en tanto que una mayor cantidad había sido escondida en una antiquísima caverna, en las afueras de ese poblado.

Esta película (que es, a mi parecer, una atinada mezcla de comedia, por la hilaridad de muchas de sus principales escenas, y de drama, por los momentos de extrema angustia que muestra) fue nominada al premio Oscar de la Academia Cinematográfica, para dos galardones (edición y música), y ganó el Golden Globe Award, por Mejor Comedia; además de que Stanley Kramer fue nominado al premio Mejor Director, y Anthony Quinn y Anna Magnani fueron nominados a los premios Mejor Actor y Mejor Actriz, respectivamente.

Cabe agregar que la duración de este filme, en su versión original, es de 140 minutos, y que la proyección de la sinopsis de la inicial presentación de la serie Gastronomía Cinematográfica, se prolongó por 49 minutos.


Arte gastronómo-fílmico
El Grupo Enológico Mexicano y el Colegio Superior de Gastronomía, creadores de esta novedosa serie de presentaciones, en las cuales se engarza acertadamente el arte gastronómico con el arte fílmico, llevaron a cabo la primera de estas sesiones en una espacioso salón de dicha institución académica (la primera universidad gastronómica de América Latina), en el Campus Lomas Verdes. Fueron invitadas veinte personas a disfrutar del talento histriónico de Anthony Quinn y de Anna Magnani, dos verdaderos ?monstruos sagrados? de la cinematografía mundial, y en seguida a saborear una deliciosa cena, diseñada por Bricia Pedraza, del staff del chefs del Colegio Superior de Gastronomía.
Antes de pasar a la mesa, y que diera comienzo la función de cine, los participantes en esta velada degustaron un par de copas del vino blanco Sauvignon Blanc Don Ángel, elaborado en Chile, en la provincia de Cachapoal, a 140 kilómetros de la ciudad de Santiago.

Al concluir la proyección de tan cautivante filme fue servida una exquisita cena. Inicialmente se hizo la descripción organoléptica de los dos vinos servidos esa noche. Del Sauvignon Blanc, cosecha 2007, se comentó su color amarillo paja, buen escurrimiento de glicerol, sugestivo aroma que recordaba frutas como el membrillo, la guayaba, la manzana verde y la piña, con algunos dejos de flores blancas (azahar). A la boca su ataque era de una grata acidez, que invitaba a seguir degustándolo. Del vino tinto Merlot Don Ángel, cosecha 2007, de la misma bodega chilena, los comentarios fueron en torno a su color rojo rubí capa alta, con halo violáceo, aromas de frutos rojos, como ciruela, cereza, zarzamora, y otros olores como tabaco rubio, chocolate, vainilla, barrica. A la boca mostró magníficas cualidades, taninos bien estructurados, leve vinosidad y cierta capacidad de guarda. Se trata de dos vinos de excelente relación calidad/precio, ya que por un precio en verdad asequible el consumidor obtiene, en cada caso, un magnífico producto. Estos vinos -de encomiable calidad- son comercializados en México por Valle Redondo.

La cena consistió en tres apetitosidades: Inicialmente sirvieron una entrada fría: Marbre de mariscos con vinagreta de albahaca. Se trata de un mosaico de callo de hacha, camarones y pulpo baby marinados, y acompañados de una vinagreta a base de albahaca y balsámico. Va decorado con almeja baby y corazón. de lechuga. Después vino ossobuco cremolata con risotto milanés y verduras torneadas. Es un chamorro de ternera, bañado con salsa obscura y un toque de cremolata; va servido sobre una quenefa de risotto al azafrán, acompañado de calabaza y zanahorias torneadas. El postre consistió en tarta de higo con helado de balsámico. La tarta de higo con queso mascarpone fue decorada con un couli de frambuesa y romero azucarado. Cabe agregar que la entrada de mariscos armonizó muy bien con el vino Sauvignon Blanc Don Ángel, en tanto que el ossobuco mostró un maridaje excelente con el vino tinto Merlot Don Ángel. Ambos vinos de la marca chilena Don Ángel son comercializados en México por Valle Redondo.

www.enologicomexicano.com
guzmanperedo@hotmail.com



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AUTOR DESTACADO

   

Ernesto Gallud Mira

Comunicador y cronista gastronómico. Promotor del disfrute armonizado entre la comida y el vino.

271 artículos publicados




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