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Lo Primero Es Lo Primero


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José Luis Arpide
Profesor de Antropología Cultural en la Universidad de León (España)



Una de las muchas virtudes de la lengua española es la facilidad que tiene para poder expresar cosas con una claridad muy precisa gracias a la enorme cantidad, diversidad y riqueza de su amplio vocabulario y a diferencia de otras lenguas, podemos comunicar con gran riqueza y variedad nuestras ideas.

Por otra parte la gran cantidad de personas que hablan este idioma y aquellos otros interesados, cada vez más en hablarlo, creo que merecen un mayor cuidado y respeto por parte de quienes lo ejercitamos.

Esta presentación tiene que ver con un fenómeno que vengo observando en España: el mal uso o mejor dicho no uso de los números ordinales. Tanto en los medios escritos, como audiovisuales se aprecia, no sé si por olvido, no enseñanza, o desconocimiento de los números ordinales y se oyen y leen ejemplos tales como ?se ha celebrado la catorce reunión de...?, o ?ha tenido lugar el veintitrés congreso del...? en algunos casos he llegado a oír ejemplos que no pasaban de la decena (?ha tenido lugar la ocho concentración de...?). En nuestro idioma, al igual que en otros, se crearon, haciendo un rápido repaso los llamados números cardinales y números ordinales. Tomando como referencia, el diccionario de María Moliner (Diccionario de uso del español, segunda edición, 2004) nos dice:

Numero cardinal: el que expresa básicamente número sin añadir otras indicaciones como orden (Número ordinal). Se aplica a los números que expresan básicamente cantidad de cosas. Como diez, veinte.

Número ordinal: el que expresa el lugar que ocupa algo en una serie. Se aplica a los números que expresan orden.

Así, si queremos indicar o señalar cuántas personas o cosas son o están empleamos los números cardinales: cincuenta, diez o cuatrocientos, pero si queremos indicar el orden en que están puestos o se han desarrollado unas jornadas, utilizamos los números ordinales para saber a cual corresponde, aquí no interesa la cantidad, interesa uno o una en concreto y el puesto que ocupa, así diremos: quincuagésimo, décimo o cuadrincentésimo.

Tengo la sospecha, que por imitación de otros idiomas que tienden a la economía de sílabas y sonidos y abusan de seudónimos y acrónimos, nuestra lengua está tendiendo igualmente, a emplear palabras más cortas y los ordinales suelen ser largos. Precisamente el diccionario de María Moliner, indica que a partir de mil no se suelen utilizar los ordinales. A veces pienso, que uno de los pocos refugios de los ordinales están en las clasificaciones deportivas, no mucho más allá de los diez o veinte primeros, hasta que algún avispado empiece a recitar: ha llegado el uno, el dos y el tres (observen que primero, segundo y tercero son palabras trisílabas, por lo tanto más largas). Aunque sospecho que en otros ámbitos, sí se mantendrá, ya que muchas personas llevadas de su egolatría, sí les interesará subrayar el lugar que ocupan en un ámbito o escala dado.

Para poner unos ejemplos aplicados a gastronomía y restauración, observamos que se conservan algunas buenas costumbres: si vamos a comer o cenar a algún restaurante el camarero nos preguntará: mesa para dos, suban, por favor a la segunda planta (no dirá a la dos planta). De primer plato (no uno) escogeremos aquello que más nos guste, igualmente sucederá con el segundo (ni dos) plato. Si estuviésemos en un lugar muy concurrido, podríamos encontrarnos con turnos de comidas, esto nos lo anunciarían con: primer turno de comidas a tal hora y segundo turno a cual otra, no creo que nos dijesen ¿cuándo comerán? en el uno turno o en el dos turno.

Si nos ha gustado mucho, alguna de las preparaciones culinarias y el camarero o el cocinero nos preguntan nuestra opinión diremos: este plato está de primera (no de uno).

De hecho el origen etimológico de postre, es postrero, indicando idea de lo último o final, que es cuando se sacan estos platos.

Ya finalmente, cuando pedimos la nota no creo que nos facturen algo así como tricentésimo quincuagésimo euros, más bien trescientos cincuenta (propina aparte). Aunque haya exagerado un poco los ejemplos, mi intención es subrayar que tan absurdo es emplear (o emplear mal) los numerales por los ordinales o viceversa, cada uno tiene su función lógica de comprensión y como indicaba al comienzo, de exactitud numérica tanto cuando hablamos como cuanto escribimos.

Tengo igualmente la convicción, por dar una fecha (ya que estamos tratando con números), que en España empezaron a dejar de utilizarse fundamentalmente los ordinales, en los medios escritos y televisión en el año 1992, fecha que conmemoraba el quincentésimo descubrimiento de América. Dentro de la gran cantidad de actos, reuniones, información, etc., en ningún momento escuché la palabra, todos acudieron al quinientos, desde entonces y han pasado quince años, los ordinales parecen haberse casi extinguido, a veces me entra la duda, si en los libros de estilo y manuales de periodistas, escritores y gente supuestamente letrada se quedaron solo en el puesto cuadrincentésimo nonagésimo noveno, eso explicaría la amnesia en el empleo de los ordinales.

A modo de un pequeño recordatorio, incluyo una pequeña guía de referencia y espero que de uso, de los principales números ordinales.

In memoriam de Abel Martín Cáceres, que fue el primero en sus estudios pero también el primero en abandonarnos.

1º PRIMERO, 10º DÉCIMO, 11º UNDÉCIMO, 100º CENTÉSIMO
2º SEGUNDO, 12º DECIMOSEGUNDO, 20º VIGÉSIMO, 200º DUOCENTÉSIMO
3º TERCERO, 13º DECIMOTERCERO, 30º TRIGÉISMO, 300º TRICENTÉSIMO
4º CUARTO, 14º DECIMOCUARTO, 40º CUADRAGÉSIMO, 400º CUADRICENTÉSIMO
5º QUINTO, 15º DECIMOQUINTO, QUINCUAGÉSIMO, 500º QUINCENTÉSIMO...

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Para contactar con el autor:
jgarpide@hotmail.com


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