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Beirut Resurge



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Matteo Gaffoglio
Comunicador y experto en gastronomía



La capital del País de los Cedros, como Ave Fénix que renace de sus cenizas, está resurgiendo después de haber sido desangrada y destruida por una feroz guerra civil entre cristianos y musulmanes que se prolongó más de 17 años.
A veces calificado como un acantilado sobre el mar, situado sobre la orilla oriental del Mediterráneo, el Líbano (del nombre Dgebel Lubnan, montaña blanca) es un pedazo de tierra, mejor dicho de montañas, con cuatro millones de habitantes, grande como el Principado de Asturias y, excepción hecha del clima, con la misma configuración física con costa mar y playas y el interior con valles y montañas.
Es un estupendo mosaico de etnias y comunidades religiosas (más de dieciocho confesiones), y después de la victoria de las fuerzas aliadas en la Primera Guerra Mundial, desde el dominio otomano, el Líbano pasó a formar parte de la administración francesa hasta el 1943, año en el cual fue proclamada la independencia como consecuencia de un pacto nacional de subdivisión de poder entre cristianos maronitas con Bechara el Khoury, presidente de la República, y musulmanes sunitas con Riad el Sohl, primer ministro, a condición de que los cristianos abandonasen la protección de los franceses y los musulmanes, la creación de la Unidad Árabe.
Los primeros veinte años de independencia del Líbano estuvieron marcados por una prosperidad económica de tal envergadura que mereció la denominación de "Suiza del Oriente Próximo" (el que escribe estas notas fue testigo directo, cuando en enero 55, neodiplomado en hotelería en Suiza, desembarcó en Beirut para la inauguración del Hotel Excelsior, quedándose los tres años siguientes). Desgraciadamente, los pactos no fueron respetados, así que en 1956, los que pertenecían al partido Baath, de procedencia Unidad Árabe, empezaron con pequeñas escaramuzas, lo suficiente molestas como para poner en peligro la vida de los extranjeros. Ni siquiera la intervención de los Marines Usa, llamados a instancias de Camille Chamaun (a la sazón, presidente del país), desembarcados el 14 de julio de 1957 sobre la playa de Khaldé cerca del aeropuerto, consiguió restablecer el orden.
Al contrario, fue todo un crescendo de hostilidad, hasta que la guerra árabe-israelita en Cisjordania y Gaza alcanzó la cumbre de la lucha (1975), desembocando en la invasión de un número considerable de palestinos para minar la estabilidad libanesa y crear un verdadero conflicto interno, que ha durado precisamente más de 17 años.
Además, todavía hoy incumbe la interferencia siriana que, además de apoyar los Hezbollah (los guerrilleros de Allah), controla varios puntos estratégicos del país, mientras, en el sur, los israelitas controlan una faja de 10 km en territorio libanés. Para restablecer el equilibrio necesario en vistas a una verdadera reconstrucción, es condición insalvable que sea respetada la resolución 425 de la ONU, que ordena la retirada sin condiciones de las fuerzas de ocupación, y que el Líbano descubra de nuevo su independencia y la integridad de su territorio.
Desde el 1992, momento en el que cesaron los ataques, Beirut se ha transformado en una obra permanente porque todo debía ser reconstruido. Donde, en su momento, tanques y armas varias dominaron cada rincón de calles y plazas, encontramos ahora enormes bulldozers que remueven toneladas de escombros. El estruendo de armas y explosiones de bombas que espantaban a la población, han sido sustituidos por los ruidos de las excavadoras y de los camiones que transportan hasta el mar el material de acarreo de las casas destruidas, para ceder su espacio a modernas construcciones y, al mismo tiempo, ampliar el área de la ciudad hacia el mar, creando así un vasto terraplén que va tomando forma de gran promontorio sobre el cual, según el plano regulador Solidaire planeado por el anterior primer ministro Rafiq Hariri, surgirá un nuevo barrio residencial con bancos y grandes hoteles.
El barrio Zeituni, que ha sido destruido totalmente, era...cómo explicarlo...el barrio de la Place Pigalle parisina, por su frenética y deslumbrante vida nocturna, con sus night-clubs, cabarets, american bars, restaurantes, muy queridos por los trasnochadores gozosos en busca de distracciones y ?dolce vita?: era la verdadera cuna de los placeres y de todos los vicios. Los turistas, en su mayoría, llegaban desde esos pequeños pero opulentos estados árabes, gastando sumas enormes en los centros de ocio, contribuyendo a la prosperidad de la actividad turístico-hotelera. También la zona de los grandes hoteles de Minet el Hosn, fue devastada y saqueada. Del mítico St. Georges, repleto de historia de la bella vida levantina, al Palm Beach, el Excelsior, el Phenicia, el Alcázar, etc., fueron reducidos a esqueletos, pero para el 2000 está planeada su total restauración.



Después del infausto período bélico, Beirut ha vuelto a vivir y a prosperar. Como afirmaba el ministro de turismo, Nicolas Fattouche, el único problema que se le plantea al turista que desee visitar el Líbano es el de elegir entre su variadísima oferta. Si nos referimos al arte, ofrece riquezas arqueológicas únicas: los sitios milenarios de Baalbeck, la ciudadela de Saida, el castillo de Trípoli, las grutas de Jeita, el antiguo puerto de Byblos, etc. En cuanto al deporte: desde las espléndidas y cálidas playas hasta las nieves de Arz les Cedres, Faqra, Ayoun,, etc., todas con óptimas pistas de esquí. No sólo de invierno, sino también en verano, el clima de las montañas atrae a potentados árabes creando así una forma de turismo a lo largo de todo el año que favorece la inversión inmobiliaria. Si nos referimos a la gastronomía, hay que tener en cuenta que el Líbano goza de una sana cocina ?du terroir?, con óptimos vinos, especialmente los tres famosos châteaux Kefraya, Ksara y Musar y también su característica bebida nacional: el Arak, insuperable para acompañar el original Mezzé, todos ellos excelentes productos procedentes del fertilísimo valle de la Bekaa, verdadera fuente de abastecimento alimenticio de primera calidad.
Por otra parte, los gremios gastronómicos, están floreciendo también. Se ha recuperado La Academia de Cocina Libanesa, visitando los restaurantes recién nacidos y revisando los que ya tenían probada fama. Su presidente es Lucien Dahdah y su vicepresidente, el jeque Fouad El Khazen, con sede en el hotel Boustany situado en la amena colina de Beirut. La Chaîne des Rôtisseurs, tiene sede en París pero dado su carácter internacional (está ramificada en 80 países), dispone de un Bailliage (bailiaje) también en Líbano, dirigido por Madame Arlette Mabardi, una emprendedora mujer de negocios que ha sabido conducir y desarrollar en este rincón del Mediterráneo una intensa actividad en favor de esta cofradía mundial de la buena mesa y del buen vivir. Y siempre en vistas al buen comer y beber, ha surgido también el Ordre Mondial des Gourmets Dégustateurs, este también con sede en París (el de la misma Chaîne des Rôtisseurs), cuyo presidente o Gran Echanson, es el Dr.Elie Karam, notorio ginecólogo y titular del homónimo hospital en Beirut, pero también apasionado enólogo y gourmet.
Otra ventaja del Líbano, debido a su clima, es que el turismo dura todo el año y es polivalente, de placer, religioso y también de negocios. Invertir en Líbano es conveniente. Todos los que lo han hecho, también durante la guerra, han realizado excelentes negocios. Estas confirmaciónes nos vienen de Adnan Kassar, presidente de la Camara de Comercio e Industria desde hace más de veinte años, y aconseja, sobre todo, invertir en el sector turístico-hotelero. En lo que concierne a la seguridad de las inversiones, Raymond Eddé, que introdujo el secreto bancario (lo hizo adoptar ya en 1956 como Proyecto de Ley), nos asegura que el Líbano, desde entonces, se ha convertido en el lugar propicio para invertir y, consecuentemente, en el país-refugio para los capitales estranjeros, el único país que, en este rincón del mundo, aplica el verdadero secreto bancario.
Las primeras inversiones han llegado de los libaneses emigrados en la diáspora (más de 14 millones repartidos por el mundo) que han comprado casas, otros, vuelven a su patria para empezar de nuevo con sus actividades. También las famosas cadenas hoteleras como Intercontinental, Meridien, Hilton, Sheraton, Forumt Marriott (y otras más se van añadir), ya empezaron a invertir en Beirut. Ya hemos visto algunos de estos nuevos grandes hoteles abrir sus puertas, ofreciendo prestaciones de alto nivel profesional. Pronto veremos los que han sido reconstruidos totalmente y, otros más, completamente nuevos, con futuristas estructuras en forma de rascacielos que empezarán a funcionar en el 2000. También el Casino du Liban, que domina la hermosa bahía y playa de Jouníeh, fue de los primeros en abrir las puertas, atrayendo inmediatamente a jugadores locales y extranjeros.
El parque hotelero libanés, que antes de los años 70 contaba con unas 14.000 habitaciones con hoteles de lujo entre los más prestigiosos del mundo, ahora dispone de poco más de la mitad, entre las nuevas y renovadas, que son insuficientes por las demandas del momento. El coste del terreno es demasiado elevado para construir hoteles de menor categoría, y, en estas condiciones, el turismo de masas no es, por el momento, un objetivo de las empresas libanesas, tal y como afirmaba Pierre Achkar, presidente de los hoteleros y titular del lujoso hotel Printania en Broummana. No queda más que apostar por el turismo de élite, una clientela holgada, hombres de negocios, libaneses que han hecho fortuna en América, y también por la inmensa cantera de la clientela árabe (en realidad, no sería ningún problema, como lo demuestra el constante aumento anual que supera el 20% de huéspedes).
Pero el diputado y presidente de la Federación de Sindicatos del Turismo, Khaled Saab, está preocupado por el personal que tendrá que hacer funcionar todas esta nuevas empresas en proyecto. Se necesita personal hotelero muy cualificado como directores, maîtres d?hôtel, jefes de cocina, sommeliers, entendiendo por supuesto, que conozcan varios idiomas.
Antes de la guerra, la industria hotelera y de la hostelería contaba con 18.000 empleados, pues muchos emigraron, sin contar aquellos que murieron durante el conflicto, y otros que cambiaron de trabajo. Es urgente la formación de nuevos empleados para todas las secciones de hotel y de restaurante. Mientras tanto, no queda más remedio que buscar a expertos en Europa (donde hay...si es que todavía hay?, porque también en Europa el personal válido y preparado profesionalmente es muy escaso).
Para el 2000, Beirut tiene el proyecto de presentarse con la ciudad nuevamente reconstruida y engalanada. Para explicarlo citando al poeta Gibran, que ?Beirut ha muerto mil veces y mil veces ha resurgido?. Y una vez más, desde que finalizó la guerra, toda la ciudad se ha trasformado en uno de los más grandes talleres con ambiciosas e imponentes construcciones. Vale la pena comprobar en persona la declaración, repleta de inquebrantable optimismo, de uno de los arquitectos responsables del proyecto: ?No estamos simplemente reconstruyendo un ambiente físico, estamos creando una nueva manera de vivir?.
Así que, si alguien perteneciente al mundo de la hostelería lee estas notas y tuviese la intención de mejorar su porvenir con una próspera carrera en el extranjero, la hospitalaria tierra libanesa estará encantada de acogerlo con un caluroso ?Ahlan wa Sahlan? (Bienvenido!).



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