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El impacto de la publicidad en la cocina del s. XX

Las Mejores Galletas de Chocolate Del Mundo, Creadas por Betty Crocker: la Cocinera Que Nunca Existió



Mis galletas de chocolate de Betty Crocker


Carmen Pérez Basanta



Hace tiempo leí, aunque no recuerdo dónde, —parafraseo— que el chocolate ocupa en el arte culinario un lugar comparable al de Mozart en la música: una creación única y atemporal, llena de matices y armonías, capaz de acompañar cualquier momento de la vida, desde los más melancólicos hasta los más felices, sin perder nunca su vigencia. Con esa idea en mente, quiero presentaros unas galletas de chocolate que se consideran de las mejores del mundo. Su sabor intenso, su agradable textura y su cuidada presentación parecen confirmar a la perfección la acertada asociación del chocolate con estas las galletas.

Otra cuestión que quiero remarcar con relación a ciertas recetas son los estrechos vínculos de la cocina con otras disciplinas —en este caso, con la publicidad—, ya sea de forma intencionada o fortuita, que aportan efectos positivos al producto que se pretende ofertar. En el contexto de la publicidad cabe destacar un fenómeno que coincidió en el tiempo con la elaboración de estas galletas y que fue determinante para que alcanzaran una popularidad tan excepcional en América. La gran difusión de estas galletas se debió, sin duda, al creciente auge de la publicidad y de los medios de comunicación de masas —basta recordar ejemplos icónicos como el “Chup, chup, Avecrem” en España—. Durante el siglo XX se fomentaron auténticos mitos publicitarios, en los que productos de consumo se veían reforzados por grandes campañas publicitarias. No en vano, el siglo XX es conocido como “la era de la publicidad”.

Con una mirada retrospectiva, la publicidad ha desempeñado un papel fundamental tanto en el impulso de las ventas como en la manera en que los consumidores percibían los productos. Desde comienzos del siglo XX, los anuncios se difundían principalmente a través de medios impresos y, más adelante, con la incorporación de la fotografía, la impresión a color e internet, adquirieron un uso generalizado, muy impactante en las ventas. Esta evolución influyó de forma notable en los hábitos de consumo, especialmente en el ámbito de los productos culinarios y sus campañas de ventas.

En el sector alimentario, la publicidad comenzó pronto a destacar aspectos como la calidad, el sabor y la practicidad —productos prefabricados—, adaptando sus mensajes a las necesidades del público y fomentando nuevos hábitos de consumo. Asimismo, surgió en los anuncios también una nueva estrategia: la inclusión de modelos humanos —tanto de celebrities como de personajes anónimas—, lo que resultó clave para generar identificación y confianza del consumidor, ya que mostrar personas utilizando o disfrutando de un producto nutritivo permitía transmitir emociones, estilos de vida y valores. De este modo, la publicidad fue más allá de una mera información: para persuadir, influir en las decisiones del comprador, y fomentar otras herramientas de seducción que aumentaran las ventas, mediante la confianza del consumidor.

Con este objetivo nació Betty Crocker en 1921, una creación publicitaria de la empresa General Mills en Estados Unidos. La singularidad de Betty Crocker radicaba en ofrecer una imagen humana, cercana y fiable de la marca. Su nombre combinaba el apellido de un antiguo director de la empresa, William G. Crocker, con el nombre de pila —“Betty”—, elegido por su sonido amable y familiar. En sus inicios, Betty Crocker aparecía como una “agony aunt”— la encargada de responder las cartas de los consumidores con consultas y consejos sobre cocina y repostería —. Esto permitió construir una sólida relación de cercanía con el público, de manera similar a lo que representó Elena Francis y su consultorio para el público español.

Su popularidad creció rápidamente gracias además a su presencia constante en anuncios impresos, libros de recetas, programas de radio y, más adelante, televisión. Betty Crocker representaba el ideal de la cocina casera exitosa, promoviendo productos prefabricados para preparar la bollería de forma rápida. Esta estrategia publicitaria permitió que los consumidores asociaran la marca con la calidad, tradición y facilidad, convirtiendo a Betty Crocker en un icono duradero de la publicidad alimentaria y en una figura clave para el aumento del consumo y de las ventas.

Así Betty Crocker, una supuestamente reputada especialista en galletas y repostería de la época de entreguerras —final de la Primer Guerra Mundial 1919 y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, 1939)— se hizo famosa, por sus chocolate crinkle biscuits. Pero ¡ASOMBRAOS! BETTY CROCKER NUNCA EXISTIÓ. Nunca cocinó. Nunca rompió un solo huevo. Y aun así… fue la autoridad absoluta de la cocina estadounidense durante décadas. Fue simplemente una invención corporativa, creada en 1921.

Su nombre y sus galletas no fueron más que un truco publicitario de una campaña realmente exitosa, en la que la tal Crocker, se convirtió en un auténtico icono culinario: la ciudadana americana más famosa después de Eleanor Roosevelt. En 1924 incluso estrenó el primer programa radiofónico de tema culinario, con el título de Betty Crocker School on the Air, en donde Agnes White dio voz a Betty Crocker, y este programa duró la friolera de 23 años. En 1936 la Compañía decidió no solo ponerle cara, sino ir cambiando sus rasgos físicos, psíquicos y profesionales, que este conocido término alemán no puede definirlo mejor: el zeitgeist, “el espíritu de los tiempos” con delantal (así de ama de casa se fue convirtiendo en mujer trabajadora, ejecutiva, cocinera con rasgos étnicos, programadora, etc.); con lo cual, la leyenda de Betty Crocker se fue agrandando día a día, ¡pero su audiencia seguía ignorando que no era un personaje real! Una leyenda semejante al Consultorio de nuestra Elena Francis.

Estas galletas de chocolate son una delicatesen dulce que no podía faltar en este recetario. Y, como siempre que veo algún producto que me llama la atención, de inmediato me pongo a la búsqueda de un nuevo santo grial. Sin embargo, encontrar la receta que tenía en mente no resultó nada fácil y después de probar más de media docena de recetas famosas, descubrí una galleta que cumplía exactamente los requisitos de la de Betty: sabor a buen chocolate, textura consistente por fuera, y ni blanda ni dura ni chiclosa por dentro, que se deshacía en la boca, y estéticamente mostraba una amigable y rugosa apariencia casera, que invitaba a empaquetarlas en una bonita caja para hacer un regalo entrañable.

Para acentuar la popularidad de las galletas en América, valga la siguiente anécdota: Michelle Obama, en su entrada triunfal en la Casa Blanca, obsequió a los Bush con un misterioso obsequio, que los periodistas interpretaron con una caja de galletas hechas por ella, un gesto sencillo que simbolizaba el valor cultural y emocional de este tipo de elaboraciones —en realidad luego se descubrió que no eran galletas sino una antigua biblia—.

Cuando me decidí a preparar las galletas de chocolate, desde el principio repliqué la receta de Joy of Baking, la fórmula original de Betty Crocker —con 230 g. de chocolate, que cumplía fielmente las proporciones primigenias —. Estas galletas de chocolate destacan por un sabor intenso y equilibrado, en el que el cacao adquiere un protagonismo absoluto sin resultar excesivo. Su textura combina un exterior ligeramente crujiente con un interior más tierno y agradable al paladar, lo que las convierte en un producto especialmente atractivo. En cuanto a su apariencia, presentan un aspecto rústico muy casero, con un tono cálido y una superficie rugosa achocolatada, salpicada de un ligero manto nevado de azúcar glas, que refuerza visualmente la idea del hogar, la calidad y el placer. Esta armonía entre sabor, textura y presentación explica en gran medida su atractivo y el éxito que han alcanzado entre los consumidores.

N.B. Quiero, como en otras ocasiones, advertir al lector que la receta completa de estas galletas está detalladamente explicada e ilustrada (+1.000 fotos) en mi libro electrónico MERIENDAS (Amazon Publ.) con más de 500 págs., y al precio módico de 9,90EU. Reitero que las fotografías de las recetas que acompañan los pasos de su elaboración, os ayudarán de manera definitiva no sólo a su comprensión sino a conseguir una fiabilidad asegurada, con además un buen material iconográfico. 

COMENSALES
6
SE PREPARA EN
min
DIFICULTAD
Medio
PRECIO
Medio


Ingredientes para la receta de Las Mejores Galletas de Chocolate Del Mundo, Creadas por Betty Crocker: la Cocinera Que Nunca Existió

-200 g. de harina leudante (o abizcochada) o harina de repostería con 2 cdtas. de levadura royal

-2 huevos y una yema si son pequeños; la receta original sólo lleva dos huevos grandes

-100 g. azúcar

-220 g. de harina-una pizca de sal

-1 cda. de esencia o extracto de vainilla o dos cucharadas de brandy

-230 g. de chocolate negro fondant de repostería (70% cacao de Valor o Lindt, o cualquier otro buen chocolate)

-55 g. mantequilla

-azúcar glas para rebozarlas

Elaboración de Las Mejores Galletas de Chocolate Del Mundo, Creadas por Betty Crocker: la Cocinera Que Nunca Existió

1. Batís con batidora o manualmente los huevos hasta que están blanquecinos (7 a 8 minutos) y, a continuación, le agregáis la sal, la vainilla (o el brandy), y los dejáis en el bol.

2. Fundís la mantequilla con el chocolate troceado en el microondas o al baño de maría, y lo mezcláis bien.

3. Ahora añadís a la mezcla de los huevos batidos el chocolate y la mantequilla derretida, y lo dejáis templar.

4. A la mixtura que obtengáis, que debe de estar casi fría, le agregáis la harina leudante (o harina de repostería con levadura incluida), previamente tamizada (pasada por un colador o tamizador), volcándola poco a poco, hasta que aglutináis todo bien (no es necesario que lo hagáis en un batidor) y una vez bien amalgamado las tapéis con papel trasparente y a la nevera unos 40 minutos, en donde el chocolate se oscurecerá:

5. Ya podéis precalentar el horno (180o horno con aire, o 190o) y, pasado el tiempo de la nevera, la masa estará dura y preparada para formar bonitas y hornearlas y tal cual las horneáis. Yo, he hecho bolitas pequeñas como de una nuez pequeña y luego las he rebozado con azúcar glas y las coloco en un molde de horno, siempre recubierta de papel de hornear o silicona. Como crecerán en el horno, debéis dejar un espacio como de unos 5 cm. para que no se junten y se convertirán es esas maravillosas un poco apaisadas.

6. Las horneáis (180o) a unos 10 a 12 minutos. Es importante que no os paséis de este tiempo, aunque las veáis blandas, porque luego se endurecerán (en cuanto estén fuera del horno se pondrán muy duras). Y las debéis enfriar en una rejilla. Et voilà!: ahí las tenéis con un aspecto estupendo y muy casero, y el sabor exquisito del buen chocolate.  

En mi galletero se conservan semanas, ¡si no fuera por los "larpeiros" de la casa que se las comen de inmediato!





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Pedro Manuel Collado Cruz

La cocina para mi es producto bien tratado sin enmascarar sus sabores, cocina de verdad de antaño con un toque diferente

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