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Tras la Tormenta Covid-19 ¿Qué Nos Espera a los Cocineros?



Coach Ejecutivo y Empresarial
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Sebastián Grimalt
Coach Ejecutivo y Empresarial

Días de confinamiento, retiro obligado de entre nuestros queridos fogones. El mes de marzo nos tenía una sorpresa preparada, insospechada, inaudita, a la que ni nuestros peores augurios habrían conseguido igualar. Son días duros, muchos hemos tenido que vernos obligados a dejar nuestro trabajo, ver reducido nuestro sueldo y vernos abocados a una situación de incertidumbre generalizada. Otros hemos cerrado nuestros negocios y tenido que realizar reducciones de empleo a nuestros queridos empleados. En estos momentos, me viene a la cabeza la importancia que tiene ser consciente de la existencia del otro, la necesidad de comprobar la existencia de los demás, para darnos cuenta de la nuestra. en la que vemos reflejada nuestra propia realidad.

Dentro de esta situación dantesca, se ha generado todo un movimiento de solidaridad y empatía impresionante. Si bien es cierto que España es un país tradicionalmente solidario, y que nuestra cultura tiende a ayudarnos entre amigos y familias, también lo es que poco a poco la sociedad se ha ido separando de su función principal, la de convivir unos con otros en armonía. Las envidias, celos, luchas de poder y el creciente individualismo, nos han ido convirtiendo en personas aisladas unas de las otras; unos más que otros, no lo voy a discutir, pero el ritmo acelerado y la gran competitividad en el mundo social y laboral han sido caldo de cultivo de esta vorágine competitiva a la vez que destructiva de nuestra propia libertad. En la extensa oferta de redes sociales, se puede observar lo difícil que es aguantarse a uno mismo, focalizando hacia otros nuestras propias frustraciones, proyectando nuestras tribulaciones personales hacia los demás. Gran esfuerzo se requiere para mirarse uno hacia dentro, entendiendo la realidad de cada uno y aceptándola como es. Y ahora es el momento en el que se hace patente nuestra pérdida real en las relaciones más básicas de toda sociedad, la familia y los amigos. Buscamos el contacto y la cura de nuestra soledad en las relaciones sociales afectivas y efectivas, intentando sacar de todo esto lo mejor de nosotros mismos.

Vemos como cada día nos animamos unos a otros por las ventanas, balcones y terrazas, con música, aplausos, saludos, conociendo a vecinos por primera vez tras años de convivir puerta a puerta, valorando cada simple gesto de esfuerzo de la gente que no puede dejar de trabajar. Son muchas las personas que en estos duros días están dando un ejemplo de esfuerzo y sacrificio impresionante, a todos ellos debemos agradecer el poder seguir seguros y tranquilos en nuestros hogares con nuestras familias y animales de compañía. Ahora podemos reflexionar, pensar, dedicar tiempo al ocio y a futuros proyectos. Ahora es un buen momento para analizar muchas cosas que antes dábamos por hechas.

¿Qué es lo que deberíamos analizar? En mi humilde opinión, lo principal en estos momentos es recapacitar sobre nuestra labor en la sociedad, como cocineros y creadores de sensaciones y emociones gastronómicas, debemos ahora pensar cual va a ser el modelo que deberemos retomar una vez pase esta terrible tormenta. La creación seguirá siendo imprescindible para dotar de sentido a nuestro trabajo, pero esto tiene un coste importante para el consumidor final. Si bien es cierto que seguirá habiendo diferentes categorías en la restauración, tal vez muchos planteamientos gastronómicos hasta ahora indiscutibles, como la cocina de autor, verá mermada su demanda por la crisis económica que se cierne inexorablemente sobre todos nosotros. Aun así, la gente necesita el ocio para evadirse de su día a día, y la gastronomía es un excelente refugio donde relacionarse positivamente con amigos, pareja y con uno mismo.

Por tanto, tal vez, y a modo de reflexión general, deberíamos pensar en ser ahora más que nunca los mejores profesionales del mundo, sea cual sea nuestra especialidad gastronómica, si elaboramos tapas, snacks o platos en restaurantes con reconocimiento internacional, está en nuestras manos recuperar el sector, garantizar la calidad y apostar, ahora más que nunca, por producto de proximidad y sostenible. Es posible que debamos bajar un poco el listón en la gastronomía más exclusiva, especialmente en el precio final, pero nunca y bajo ningún concepto debemos bajar nuestro nivel profesional. Ahora no parece tan necesario el ser una gran estrella, más bien se requiere de una posición de colaboración social altruista, o como mínimo dar la imagen de ello. En esta crítica se enmarca la relación entre el placer que nos da el “verse visto” con las redes sociales, al comprobar que tenemos nuevos seguidores o un “like” de personalidades relevantes. ¿Necesitamos agradar y destacar de entre la multitud? La realidad de nuestras relaciones digitales así lo reflejan.

Con todo esto quiero recordar que somos un país con larga tradición culinaria, con prestigio internacional, nuestra rica y variada gastronomía es indiscutible, y por ello debemos potenciarla, ensalzarla, valorarla, cuidarla y amarla. En nuestras manos está el poder de relanzar, una vez pase la tormenta, la gastronomía. Y, con gastronomía quiere decir, esa hermosa profesión a la que nos debemos en cuerpo y alma los cocineros de este enorme país. Debemos dejar a un lado la lucha silenciosa por el reconocimiento mediático; ahora debemos unirnos para dialogar y batallar, para recuperar cuanto antes la calidad. Cultura gastronómica es mucho más que una publicación en redes sociales, es un patrimonio cultural concreto que nos une bajo una herencia sociocultural histórica, que nos determina como una sociedad hermana en cuanto a usos y costumbres de la gastronomía. Y permite la conservación de la riqueza del patrimonio cultural gastronómico de las diferentes regiones europeas. Y, por otro lado, debemos considerar a la gastronomía como una fuente de riqueza económica, directamente relacionada con el turismo, por lo que debe ser cuidada y academizada debidamente para su evolución positiva

                         Fuerza y salud a todo@s. ¡Nos vemos en los fogones!


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