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El Garbeo Madrileño Del Che con Cata de Pulpo á Feira



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Miguel Ángel Almodóvar
Investigador y divulgador en ciencia nutricional y gastronomía

Ernesto Guevara, el Che, visitó Madrid por primera vez en junio de 1959. Fue un viaje corto. Hacía medio año que los castristas habían tomado el poder en Cuba y el Che se dirigía a El Cairo para asistir a la Cumbre de Países No Alineados. Llegó la tarde del 13 de junio acompañado de una pequeña delegación. El gobierno franquista le había concedido un permiso de escala de 20 horas, con la condición de que no tuviera contactos políticos. En el aeropuerto de Barajas le esperaban miembros de la representación diplomática cubana, el periodista del diario Pueblo Antonio D. Olano, quien le había conocido y entrevistado en Sierra Maestra, y el jovencísimo, 18 años, fotógrafo de la agencia Europa Press, César Lucas. La comitiva se dirigió al Hotel Plaza en la Plaza de España, pero el Che no quiso quedarse en la habitación y pidió a Olano que le llevara a la Feria del Campo, una exposición bianual, fundamentalmente agrícola, que celebró su primera edición en 1950 y que se mantuvo hasta principios de los años setenta, en un amplio recinto acotado de la Casa de Campo. El periodista, orgulloso lucense de la Terra Chá, se las arregló para que la cena fuera en el pabellón de Galicia. Allí comieron un poco de todo lo típico de la coquinaria local: lacón con grelos, empanadas, pimientos de Padrón, queixo tetilla y pulpo á feira, que entusiasmó al Che y del que se embaularon varias tablas. En las explicaciones pormenorizadas que Olano le iba brindando al comandante, pasó por alto que la receta tan ligada a la coquinaria gallega era en realidad invento de los muleros maragatos que hacían el camino de ida y vuelta entre Galicia y Extremadura, para añadir al pulpo seco y rehidratado el rotundo aceite de la manzanilla cacereña y el primorosamente elaborado Pimentón de la Vera.

 

 

Se acostaron de madrugada, pero a la seis de la mañana ya estaban todos en la puerta del hotel para satisfacer los deseos excursionistas del Che. Fueron primero a la Ciudad Universitaria, que Guevara conocía por las imágenes de la defensa de Madrid durante le Guerra Civil. Como médico, se hizo fotografiar ante la Faculta de Medicina. Después posó para Lucas dando la espalda al ominoso Arco del Triunfo de la carretera de La Coruña.

El grupo de barbudos en uniforma verde oliva llamaba y mucho la atención de los pocos transeúntes que deambulaban por la capital en aquellas destempladas horasde domingo, pero nadie le reconoció hasta que entraron en la cafetería California de la Gran Vía para desayunar. Allí, la camarera Carmen Muñoz se acercó discretamente a César Lucas y le dijo que si creía que el Che le firmaría un autógrafo. El fotógrafo hizo la gestión y el comandante aceptó encantado hacerse una foto con ella y dedicarle unas palabras en un hojita de comanda.

 

 

 

 

Después se trasladaron a la Plaza de Toros de Vistalegre, en Carabanchel, que su gestor, Pepe Dominguín, hermano de Luis Miguel y afecto a la causa comunista, les abrió con todo gusto. De pronto al Che se le ocurrió que necesitaba algunas cosas y Olano reaccionó llamando telefónicamente a Pepín Fernández, asturiano otrora botones de los almacenes El Encanto de La Habana y en aquel momento flamante propietario de Galerías Preciados. Pepín ordenó abrir para el Che los grandes almacenes en jornada dominical y poner a su disposición un par de dependientes para que le atendieran. Compró material fotográfico, una máquina de escribir portátil, cosas de aseo y dos libros. Después, se pasaron por el hotel para recoger sus cosas y a continuación se dirigieron al aeropuerto. El Che le preguntó a Lucas si fumaba y tras la respuesta afirmativa le regaló tres espléndidos habanos que el joven fotógrafo se fumó aquella misma noche y tan ricamente.

 



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