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Desde la Ue Alimentos sin Control Y Normas-Trampa


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Matteo Gaffoglio
Comunicador y experto en gastronomía



Los consumidores van a tener malos tiempos con las normas-trampa que los ?sabios? de Bruselas entienden deliberar en materia de alimentos que se evidencian sin control. Es deplorable que estas nuevas leyes no favorezcan la calidad. Está bien claro que la propuesta de la normativa europea es un desafío a la paciencia del consumidor itálico, pero lo mismo debe concernir también al consumidor español, portugués, francés, griego, ya que el eje de los Estados del Norte y del Este a menudo prevalece sobre los Países del área mediterránea.

En un gran hotel de Bruselas el Ministro italiano de Agricultura, Luca Zaia, hizo poner en el hall unos escaparates donde, a buena vista, se puede ?admirar? varios alimentos porquería, así definidos por el Ministro mismo, que las normas de la UE permiten la producción y, por supuesto, la venta: el vino sin uva, el queso sin leche, la naranjada sin naranja, el pollo sin patria, el biológico contaminado por el genéticamente modificado, y otro más. ?Estos productos acaban inevitablemente en la bolsa de la compra -ha comentado el presidente de la organización agrícola, Sergio Marini- la gran distribución hace negocios jugando sobre la ambigüedad de la información?.

Empezamos con el vino. Los productores del norte europeo, aquellos sin tradición enóloga que a menudo se conforman con la cantidad más que con la calidad. Pero ellos tienen una gran fuerza en el Consejo de los ministros UE, hasta el punto que consiguen alcanzar objetivos más en su favor que para toda la colectividad europea. Como en efecto, en el gran condominio europeo, que son 27 estados, donde la tendencia en hacer intereses nacionales más que aquellos a nivel europeo no tiene fronteras.

Hace tres años la Unión permitió el envejecimiento artificial del vino a través de la utilización de trocitos de madera en vez de la tradicional maduración en barriles de madera. Desde el próximo agosto estará permitido llamar vino también al cual, a través determinadas prácticas enológicas, ha sido eliminado parte de alcohol contenido naturalmente. De manera que ha sido acogido en la enoteca de las estrellas UE, el vino obtenido sin uva con la autorización de la producción y la comercialización de productos obtenidos por la fermentación de frutos como frambuesa y grosella. Con todo respeto para esta fruta, desde luego muy buena para sacar excelentes zumos, es también verdad que en Alemania y otros países nórdicos, desde hace muchos años exprimen manzanas, grosellas y frambuesas que en los mercados internos lo llaman vino.

Es inaudito utilizar el nombre vino a una mezcla de zumos de frutas, aunque estén elaborados a la manera de la sidra o casi, porque desde hace siglos y en todos lo idiomas del mundo, con el nombre vino siempre, y sólamente, se ha entendido por un producto derivado desde el pisado de las uvas. El uso de este nombre-trampa, trae a engaño a muchos consumidores que, inevitablemente y con mucha razón, protestarán (si por lo menos pudiese servir en algo). Es increíble que los de Bruselas, personas de gran cultura que deberían ser, tampoco saben dar un nombre correcto y adecuado a este falso vino. La trampa, en el verdadero sentido, es más que evidente: ?dar gato por liebre?, ya que también esos productores nórdicos con su pseudo vino, miran invadir el mercado extranjero.

Alguien ha denominado el ?monstruo? a una cajita cuadrangular de cartón plastificado con el escrito: ?Wine kit?, que cuesta 40 ? más gastos postales, con anexo las instrucciones para hacerse el vino en casa con cinco papelillos que contienen varias diabluras: un concentrado de uva liofilizada, bentonite, disolfito, sorbato de potasio, y agentes fijantes no bien explicados. Para obtener esta especie de ?néctar de Baco? (que Baco nos perdone: hay hombres que no saben lo que se hacen?), es preciso esperar 28 días, porque el proceso es complejo y necesita tiempo, humedad y temperatura correcta. Los que lo consiguen se encuentran con 30 botellas de esta especie de vino.

Es más, aunque admitiendo que este caso no sea grave para la salud, Bruselas permite también hacer el vino rosado simplemente mezclando al vino blanco un poquito de tinto, así de fácil, y sin indicación en la etiqueta, a despecho del tradicional proceso de vinificación. ?El blanco y el tinto mezclados no hacen el rosé?, protestaron los productores italianos, franceses y españoles, pidiendo a los Veintisiete hacer marcha atrás respecto a la decisión final esperada en este mes de junio. ?Así se autoriza una evidente falsificación?, ha declarado Jean-Jacques Bréban, presidente del Consejo Vins de Provence.



Y subraya que el verdadero rosé se hace añadiendo el 2 o 3% de uvas negras a las uvas blancas. De tal manera se incide sobre el color, pero no sobre el olor que queda del vino de base. Italia es el segundo productor mundial de rosado después de Francia con 4,5 millones de hectolitros anuales.

Otra novedad más del 2009 es la facultad concedida por la UE de incorporar hasta el 10% de caseína y caseinados en el queso en vez de la leche. Para calidades sofisticadas de productos no es un gran problema, más bien consiste en evitar desperdicios de materia prima y de mantener los costes. Para Italia el problema es diverso, teme a los productos de pasta filada vendida como análogos a la verdadera y única mozzarella. También en este caso el posible engaño es favorecido por la falta de la obligación de indicar en la etiqueta el origen de los alimentos. La consecuencia, para la Coldiretti, asociación de agricultores, es que cada año llegan a Italia: 1,3 millardo de kilos de leche estéril, 86 millones de kilos de cuajada y 13 millones de leche en polvo, destinados a abastecer la venta de falsos quesos ?made in Italy? a escondidas del consumidor.

¿Y de las bebidas de fruta qué? Ningún problema: basta la fantasía? Bruselas les ha insertado en la categoría jurídica de las ?Bebidas de fantasía?, es decir, parecen lo que no son, como la naranjada que nunca ha visto una naranja. Habiendo abolido la cantidad mínima de agrume, que la bebida debe contener para poder derivar el título, por lo menos el 12% de limón para una limonada y así para las demás frutas. Ahora todo está permitido, pero a condición que se ponga bien clarito ?Al gusto de? sobre la etiqueta. Esta medida, en realidad, abre el mercado a cada tipo de bebida, y como todas las deliberaciones crean los márgenes para la trampa. No hay duda que alguien querrá aprovechar de la desatención o que quiera gastar poco, de manera que dañaría el consumidor y todas las asociaciones agrícolas del Bel Paese (Italia); donde se recogen cada año 120 millones de kilos de naranjas. En Italia todavía esta norma no está en vigor, el gobierno trata de pararla.

Y no es todo: malas noticias también desde el frente Ogm. Desde el pasado mes de enero, está admitido la contaminación de los productos ?bio? con organismos genéticamente modificados en porcentual de 0,9% sin indicaciones sobre la etiqueta. El consumidor podría tener como única garantía, la referencia del origen nacional del producto, ya que en Italia, como en otra parte, está prohibido el cultivo de Ogm. Pero la UE se opone a esta solución y la Comisión ha iniciado un procedimiento de infracciones en los confrontes de Italia en el mes de julio del 2007. Bruselas pidió eliminar la obligación introducida por Roma de indicar en etiqueta la procedencia de la carne avícola y derivados, originariamente prevista por la legislación italiana para frenar la psicosis generada en los consumos de la gripe aviaria. Los productores pueden de cualquier modo indicar la procedencia de las carnes de su propia confección.

También la verdura no pasó indemne: en el otoño pasado la UE decidió liberalizar desde el próximo mes de julio la venta de 26 hortofrutícolas, y suprimir la obligación de respetar estándares comunitarios de medidas y dimensiones. El objetivo de la UE es sin duda frenar los precios y reducir la burocracia, con que eliminar el criterio de la talla o medida para decidir la comerciabilidad de un legumbre. Italia siendo contraria, teme la invasión de frutas y verduras inmadura y de baja calidad a precio exagerados, todo para daño del consumidor, pero UE manda.

A Bruselas, Italia se ha opuesto, pero tuvo que resignarse: la mayoría cuenta con 14 puntos, que son de los estados del Norte, y como si no bastara, también de los estados del Este, contra los 13 del Mediterráneo. En el Consejo UE ganan los lobby más fuertes: Alemania, Francia, Escandinavia, casi nunca Italia, que tiene una agricultura de mayor calidad, tradición y precio. Berlín defiende con los dientes sus grandes criaderos y sus súper cultivos. En Italia los cultivos están subdivididos, y la cultura de la defensa de los derechos en Europa es una ciencia joven. A ver si también los demás estados del Mediterráneo van a animarse. Mientras tanto no queda más que esperar que los consumidores sean atentos, sepan interpretar bien las etiquetas y no se dejen engañar.



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