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Las Canarias poseen más de ochenta variedades diferentes de uvas y conserva un rico patrimonio vitícola, y es en gran parte endémico. Es una de las cuatro zonas vitícolas del planeta que está exenta de la de la filoxera.

los Vinos de Lanzarote.



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Jesús Flores Téllez
El vino provoca : pasión , placer y buenos sentimientos cuando la persona que lo bebe tiene buen Corazón

El poeta latino Horacio escribió refiriéndose a Canarias: “Et impulata florit us que vinea”.  -donde la viña sin podar florece continuamente-.

Un poco de historia

Posiblemente es la referencia más antigua que tengamos de los viñedos del archipiélago. Hay datos del historiador Viera y Clavijo sobre la llegada de la vid a las Islas Afortunadas: “Los sarmientos plantados en las Islas Realengas, durante los lustros inmediatamente posteriores a la conquista, procedían del Mediterráneo Oriental”.

 

Posiblemente las plantas del comentario de Horacio no fuesen de ese género -la Vitis Vinífera- antes de la incorporación insular a la Corona de Castilla. Sus habitantes ignoraban el vino, aunque no las bebidas alcohólicas, pues consumían un brebaje que obtenían fermentando el jugo del pequeño fruto del mocán.

 

Hay comentarios que hacen mención a la introducción de la vid en Canarias, por Fuerteventura y Lanzarote. Andrés de Lorenzo Cáceres apunta: “La conquista de estas dos islas, casi un siglo antes de las restantes, debidas a las expediciones normandas de Juan de Bethencourt, nos induce a mirar las viñas de Francia como posible tronco de las vides majoreras y lanzaroteñas”.

 

Hay datos registrados entre los años 1497 y 1498 que apuntan a un portugués, Fernando de Castro, como el artífice de la primera plantación de viñedo en Canarias gracias a los terrenos donados por el adelantado Fernández de Lugo.

 

Las cepas en Lanzarote adquieren un relieve de extraordinaria singularidad, debido a la dificultad y particularidades de su entorno geo-climático. Dentro del mayestático paisaje que presenta la isla, es su insólita viticultura una de las alegorías que más hechizo y encanto atesora.

 

Observar la silueta curvada de las piedras volcánicas que protegen la planta frente al ímpetu del viento traslada la mente y el espíritu a otro planeta. Sólo la geometría y la equidistancia marcada por el hombre, entre hoyos de vides y paredes protectoras, nos retorna a la tierra.

 

Parte de esta misteriosa y bella semblanza, parece adyacente a la luna que hemos soñado siempre. Es sin duda este viñedo una de las joyas que han elevado de categoría el patrimonio de la viticultura universal y del agro en sí. Es una especie de desafío del hombre a la naturaleza feroz y devoradora; es la imagen de la supervivencia en un desierto de cenizas, ayer fuego y lava incandescente. Este paisaje se dibuja aunando elementos incluso cromáticamente yuxtapuestos: piedras teñidas de oscuro por las llamas del volcán frente al verde de las vides que peinadas y acunadas por los vientos, interpretan sin querer el enfrentamiento entre la vida y la muerte.

 

Otra estampa volcánica y desoladora es la que ofrecen ciertos parajes, donde el ojo no divisa el infinito, y sin embargo, son también de una rara belleza. En esta naturaleza muerta, oscura y callada, a veces, el silencio se rompe por el ruido furioso del rechazo que se provoca cuando alguien arroja agua a las entrañas de algún volcán, aún vivo, ante el asombro de los visitantes.

 

Es a raíz del desastre producido por las erupciones de 1730 a 1736, que acabaron sepultando primorosos terrenos de cereales, cuando la viña toma, junto a algunos árboles frutales, parte del protagonismo. Es en el centro de la isla donde más extensión se dedica al cultivo de la vid. Encontramos en el norte, en Haría, plantaciones que suponen un 10% del resto. 

 

Clima benigno y suelos pobres

El clima es subtropical y se encuentra caracterizado por: precipitaciones escasas irregularmente distribuidas, temperaturas medias entre 16 y 25°C, ausencia de heladas, así como una muy casual aparición de granizo, y una luminosidad en las vegas de 2.710 horas de sol despejadas al año que en la zona del aeropuerto alcanzan las 3.084. 

 

El suelo de origen volcánico está asentado sobre una roca basáltica proveniente de erupciones muy antiguas; sobre la superficie hay una capa, en algunos casos de 1/2 m. en otros de 2 m., de las arenas volcánicas denominadas “lapilli”, de aspecto negro, correspondientes a la erupción de 1730. Son precisamente estas arenas o cenizas las que poseen la propiedad de retener la escasa humedad y que resulta tan beneficiosa para la planta. Por otra parte son muy permeables facilitando así la llegada paulatina del agua hacia el suelo. La propiedad higroscópica de las cenizas capta la humedad medio-ambiental, debido a la proximidad del mar. Esta capa de arena es más escasa donde se encuentra ubicada la cepa y en algunas zonas aparecen vetas de lava solidificada en lugar de cenizas. El conjunto del suelo presenta una textura franco-limo-arcillosa, más bien pobre en materia orgánica siendo rico en potasa y con un pH idóneo para la propagación de la vid. La altitud en la que se encuentra el viñedo va desde los 150 a los 300 m. de altura. El cultivo se realiza en hoyos y en zanjas según la zona observando tres perfiles de cultivo. 

 

 Zonas de cultivo

En los viñedos de la Geria (centro-sur), cubiertos por una espesa capa de cenizas de 2 m., se planta en unos hoyos con forma de tronco invertido. Por esta circunstancia se aprecia una gran separación entre los hoyos lo que provoca densidades de plantación muy bajas, entre 100 y 150 cepas por Ha, en estos casos, al ser los hoyos de considerable profundidad, no se suelen utilizar abrigos de piedra o en todo caso son de poca altura. 

 

En la zona centro, el espesor de la capa es menor, entre 50 y 80 cm., lo que propicia hoyos de menor tamaño que incluso en algunos casos no existen, siendo postergados por unos pequeños rebajes en la superficie de la arena. Las cepas por esta causa, están menos protegidas de los vientos y necesitan los muretes de piedra volcánica que alcanzan hasta 60 cm. de altura que los preserven del aire. En esta zona la densidad de plantación es mayor, de 400 a 600 cepas/Ha Existen parcelas en cuyo centro de cultivan hortaliza y en los extremos vides; en esta situación se cierra el perímetro de ambos cultivos con paredes de medio metro aproximadamente en lo que se denomina cultivo en zanjas.

 

Hacia al norte,  en Haría, el viñedo es de bajo rendimiento por Ha, siendo probablemente  la zona de producción más escasa de toda España.

La superficie dedicada al cultivo de la vid es de 2.300 Ha aproximadamente.

 

Variedades y vinos

La Malvasía es la variedad más localizada en Lanzarote con un 75% del total. Otras uvas blancas son: diego, moscatel, pedro ximénez, burra blanca, breval, y listán blanco. En tintas las más importantes son la listán negro y la negramoll o mulata, como se la conoce localmente.

 

En cuanto a los vinos, recordamos con añoranza las épocas más emergentes de esas malvasías tan elogiadas antaño por consumidores de élite y por otros más célebres, capitaneados por William Shakespeare, que en algunas de sus obras las citaba placenteramente. En el siglo XVII el viñedo canario asiste a su proliferación terminando prácticamente en monocultivo, y se acrecienta el prestigio universal de los vinos isleños. Fue Francisco Caravantes, quién llevó las plantas desde el archipiélago a Perú y posiblemente desde ahí se propagasen primero a Chile y después a Argentina. A finales del mismo siglo convergen una serie de circunstancias, encabezadas por el casamiento de Carlos II con Catalina de Braganza, que hacen ganar una trascendente partida impulsada por Portugal, a sus vinos más insignes: el oporto y el madeira. Esto acarrea el desplazamiento de las malvasías a un segundo plano. Los vinos se relegan al ámbito rural, entre productores y familiares, y esta afamada uva comienza a perder supremacía. Se simplifican las plantaciones a cepas más rentables pero de inferior calidad hasta que la vid llega a convertirse en cultivo testimonial de escasa importancia. 

 

Años 70            

Acercándonos a nuestra época, a finales de los 60 y comienzos de los 70, el incremento del turismo en Lanzarote provocó la escasez de mano de obra rural, por el traslado de ésta hacia los focos más visitados. Esta circunstancia se notó sobre todo en los viñedos de más extensión. Ante la escasez de vino, el comercio asistió al deterioro del mercado, originado por las mezclas de los graneles peninsulares con los de la isla. La situación fue de angustia para campesinos y elaboradores por la dificultad que encontraban éstos para comercializar sus producciones. El precio de mercado llegó a imponerlo el vino importado, lo que supuso el cierre de bodegas y el abandono de muchos viñedos. A esta circunstancia se añadía el vetusto y deficiente equipamiento de la industria bodeguera con envases en pésimo estado por mil usos de los mismos. Los vinos eran el resultado no sólo de su mediocre elaboración sino de su indiscriminada mezcla de variedades blancas y tintas, presentando aspectos manchados, colores subidos y muchas veces  ausencia de brillo. No sólo era necesaria una correcta elaboración, sino que también se echaba en falta una adecuada conservación. En honor a la verdad había alguna firma con producciones de calidad, que destacaba del resto. En esas décadas existían pocos embotellados, apenas tres marcas. Sin duda este panorama pedía a gritos una transformación si lo que se quería eran buenos embotellados. Parte de este empeño provenía de casas como Mozaga, en primer término, y de El Grifo a continuación. Se inició por primar mejor al campesino, columna vertebral de la vinicultura, para que una vez incentivado no abandonase el campo. Mozaga y El Grifo apostaron fuerte, siendo éstos uno de los motores de arranque más importante del panorama vitivinícola. Es por todos reconocida la labor iniciada en 1976 por el técnico de raíces manchegas, aunque canario de corazón, Felipe Blanco, en favor de vinos y viñedos  no sólo de esta isla sino de las contiguas. Felipe perfiló marcas que comenzaron a  despuntar; ese reconocimiento se reflejó en los múltiples galardones conseguidos por las firmas donde éste ofició, Mozaga y El Grifo.

El Consejo Regulador

En 1993 la creación del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Lanzarote supuso un espaldarazo importante para potenciar y controlar la calidad, la comercialización y la imagen de sus vinos. Desde entonces se aprecian sensiblemente mejores condiciones en el cultivo y en sus sistemas, se ensaya también la posibilidad de hacer irrigaciones subterráneas, se renuevan cepas muy viejas y se cambian por otras de nueva savia para tener una mejor resistencia  por su vigor frente al calor. Se van modificando podas y adaptando las fechas de vendimias a los momentos más óptimos de maduración. 

 La actualidad

En enología, al margen de la entrada en bodega de tecnología punta, se ensayan nuevas elaboraciones como la maceración carbónica, y las fermentaciones de blancos en barrica. Viticultores y bodegueros se van concienciando que la calidad es la única vía hacia una mayor rentabilidad.

 

Actualmente, aún faltando aspectos por renovar y adecuar a las exigencias del mercado, el vino de Lanzarote ha iniciado el despegue hacia un mejor futuro, un trayecto que se vislumbra imparable para recuperar, en parte, el prestigio y la celebridad de otras épocas. Hoy, los blancos jóvenes de malvasía secos, semisecos o semidulces, presentan una nariz fragante de intensidad media, con perfiles elegantes, de medio cuerpo, ligeros y bien conjuntados en la boca, muy minerales en muchos casos. Los semisecos y semidulces no suelen resultar empalagosos en el paladar. Gracias a las maceraciones en frío de las pieles de la uva, algunos blancos van adquiriendo más volumen. Hay también elaborados con la variedad diego, de impecable factura, como el de Mozaga como ejemplo. Es el momento más “dulce”, nunca mejor dicho, para los vinos licorosos y generosos. Estos hoy, tras un largo ocaso que les llevó al borde del olvido, renacen de la mano de algunos bodegueros empeñados en erigir una de las grandes señas del vino español. Junto a los blancos citados, existe una porción minoritaria de tintos de listán y negramoll que no son muy intensos en sus coloraciones, se muestran en boca algo cálidos y, más bien, no poseen mucho cuerpo, que es lo que se   lleva ahora. Sin duda el gusto del consumidor es ciclotímico.

 

Hay experiencias, más que satisfactorias, de algunos con paso discreto por roble, ya que por su constitución no es deseable una estancia en madera muy prolongada. En estas variedades tintas la presencia de fruta es más agradable que la preponderancia de la barrica.

 

En aspectos no técnicos, hay que resaltar las promociones y acciones puntuales que desde el Consejo Regulador y el Cabildo se  desarrollallaron, en su momento, en la  campaña “Lanzarote Vino Vivo”, así como el concurso “jameos” que se llevó a cabo, hace años,  para premiar la calidad de los vinos de esta denominación de origen. Mostraron, entonces,   el interés por parte de la administración local y del propio Consejo por sus vinos.

 

El conjunto de bodegas amparadas por la Denominación de Origen se esfuerzan, cada vez más, por presentar mejores productos, y este afán se percibe sensiblemente en los últimos años.

 Hay  bodegas últimamente, como Vulcano, el Grifo  y  Guiguan, entre otras muchas, que  merecen la pena seguir de cerca. El Consejo Regulador de la Denominación de Origen  Protegida Lanzarote  acoge a 19 de bodegas. 

 

Este viajero ha catado ensayos donde la enología más cartesiana ha dado paso a unos métodos más acordes con la personalidad derivada del ecosistema de los diferentes varietales siendo los resultados muy alagadores. Cada vez se  persigue más  la esencia del “terroir conejero”.

 Lanzarote y sus vinos gozan de muy buena posición en el panorama vitivinícola mundial y aún falta mucho camino por transitar, simplemente observar  el paisaje que configura su viñedo “lunar”, ya supone  una estampa inigualable



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