Fáciles, amistosas, riquísimas, muy coloridas y resultonas
Me encantan las galletas de cualquier clase: ¡las encuentro tan amistosas! y además las galletas son para mí, un pequeño amuleto contra el caos: con la galletera llena, ni tormentas ni guerras parecen tan terribles. Desde ese refugio dulce y reconfortante, os propongo compartir mis galletas y pastas que no solo alegran el ánimo, sino que actúan como un gesto casi mágico para espantar, aunque sea por un rato, los peligros de este mundo amenazante. Así que he decidido ofreceros este año unas cuantas galletas o pastas que os animen la vida, y sean fáciles de hacer y deliciosas y de alguna manera alejen este peligro que nos acecha.
Las galletas que hoy os presento se conocen en el Reino Unido como thumbprint biscuits, y deben su nombre a un gesto tan simple como encantador: marcar la masa con el dedo pulgar para crear un pequeño hueco que luego se rellena de mermelada. Son fáciles y rápidas de hacer, nacen de una clásica y deliciosa masa de mantequilla tipo shortbread, crujiente y reconfortante. La huella central se llena tradicionalmente de frambuesa, aunque la fresa, albaricoque, limón, caramelo o chocolate también me encantan. El resultado es una galleta sencilla pero estéticamente muy “kitsch” o como dirían en Andalucía muy “collejas”, donde el color intenso del relleno juega y contrasta con el tono suave de la masa, y en especial cuando se combinan distintas mermeladas para alegrar aún más la vista… y el ánimo.
Durante años consideré estas galletas como emblemáticas de la cultura típicamente british pero quia, en realidad se originan en Suecia, en donde se denominan hallongrotta (que en sueco significa "cueva de la frambuesa”), aunque actualmente, con el tradicional vampirismo anglosajón, ya pertenecen al acervo cultural británico.
Los thumbprint biscuits son ideales para tomar el té de las 5, un magnífico tentempié dulce que tiene muchísimos adeptos, entre los cuales me encuentro yo misma, y es una de esas delicias caseras, que hace muchos años aprendí a preparar y no he dejado de elaborar desde entonces. Tengo que confesar que me encanta hacerlas por su bonito colorido y estupendo sabor. Sin embargo, hay que subrayar que, aunque están hechas con ingredientes muy simples, deben ser de alta calidad (yo siempre las hago con mis mermeladas caseras, pero hoy en día hay estupendas mermeladas industriales). Finalmente, necesitaréis algunos consejillos para su elaboración, un par de trucos que os descubriré para que os salgan crujientes y enteras y no se os desmoronen en el horno y para que la mermelada no se desparrame, para lo cual es imprescindible enfriar la masa en la nevera dos veces, una vez elaborada la masa y de nuevo después de darles forma, y eso evita también que se aplanen.
Tal vez queráis saber de dónde saqué esta receta. Yo siempre suelo decir que la vida es una suerte de casualidades, y la procedencia de estas galletas no está lejos de lo fortuito. (Y me reafirman en mi convicción de que todo lo bueno procede de un acto emotivo). Están vinculadas a un hecho de mi vida, mi estancia en Inglaterra, un periodo muy interesante e instructivo para mí, donde aprendí un montón de cosas que me eran totalmente desconocidas hasta entonces, y que claramente ampliaron mi horizonte vital.
Llevaba ya algún mes trabajando como lectora de español en una grammar school (Instituto de Segunda enseñanza) en Londres cuando un colega me invitó a ver una aclamada obra de teatro en el West End, lo que iba a ser un acontecimiento extraordinario en mi vida: la primera vez que recibía una invitación, la primera vez que iba a presenciar una representación teatral y la primera vez que lo iba a hacer en uno de los teatros londinenses más antiguos, the Drury Lane Theatre. ¡Y por supuesto, Yo estaba que no cabía de gozo y emoción!
Aquella obra era una comedia irónica y mordaz, sobre el convencionalismo y la hipocresía de la sociedad británica, con un incesante juego de palabras que trastocaban, en ocasiones, mi comprensión (muy pronto me di cuenta de la importancia que tiene el conocimiento cultural para entender una lengua extranjera); y en uno de aquellos lapsus desvié mi atención hacia la escenografía, que era casi como una declaración de principios de lo que conlleva the britishness (la “britanidad), con un diseño semejante a una cortina de fondo en donde se incrustaban, a modo de recortables, una serie de iconos de la pura idiosincrasia británica (los autobuses londinenses, la Torre de Londres, el té de las cinco, las cabinas telefónicas rojas, y otras representaciones arquetípicas del pueblo británico), y entre estos emblemas se encontraban aquellas galletas, con su típica oquedad, en donde se visibilizaba la mermelada de frambuesa.
Al llegar a casa conté, emocionada, mi experiencia a Mrs Shersby, mi patrona (en inglés “landlady”, otra institución inglesa por antonomasia), y reconoció de inmediato aquellas galletas como thumbprint biscuits, despachándolas con su flema británica: deliciosas, mantecosas y facilísimas. Aquella mujer inglesa hasta la médula —hoy, sin duda, sería una brexiana convencida—.
Ocurrió por entonces que la Asociación Conservadora londinense —tiempo después descubrí que mi patrona era la madre de Michael Shersby, ministro conservador de Margaret Thacher—le pidió participar en uno de esos “bazares de caridad ingleses”, con una aportación importante de tarros de mermelada de limón (lemon curd), sin duda una receta suya extraordinaria, y hoy en día también una de mis mejores recetas. Sin embargo, una vez que aceptó gustosamente, empezó a preocuparse, pues se consideraba demasiado mayor para tal encargo.
Yo, tímidamente, me brindé a ayudarla y nos pusimos manos a la obra. Por mi parte, enseguida le cogí el truco y, por cada tarro que ella empaquetaba, yo hacía tres. Su sorpresa iba en aumento y creo que empezó a considerarme menos una “bloody extranjera” y a valorarme con más respeto, porque a pesar de que no podía olvidar mi condición de extranjera, lo arreglaba siempre con la siguiente coletilla; but she is an awfully nice young girl (“una muchacha encantadora”).
A raíz del éxito del bazar —incluso ganamos el primer premio—, cambió la visión que tenía de mí, y pronto sus tardes grises se llenaron de expectación, aguardando mis historias y aventuras cotidianas, como quien espera un pequeño acontecimiento.
Al poco tiempo me enseñó a hacer estas galletas y la verdad es que aquellas bonitas y coloridas galletas, rellenas de mermelada, eran facilísimas y se convirtieron para mí en una receta entrañable, que más tarde entusiasmaba a mi familia (cosa bastante inaudita tratándose de algo inglés), por su bonita presentación, delicioso sabor y textura crujiente, que se deshacía en la boca; y, además, cuando las compartía con amigos, también quedaban encantados por su suavidad, mantecosidad y sabor afrutado. ¡Con estas gallegas, como diría Oscar Wilde, ¡no hay que resistirse a la tentación, más bien hay que caer en ella! Además, no necesitáis más que un puñado de ingredientes básicos que todos tenemos en nuestra cocina (mantequilla, harina, azúcar y vainilla, y mermelada de frambuesa, o cualquier otra).
He hablado en otras recetas del concepto de “la serendipia en la cocina”, como el efecto positivo que ejerce el azar y, en este caso, como una representación teatral me llevó al conocimiento de estas exquisitas galletas. Algo así como lo que ocurrió con la “tarta Tatin” de manzana, en donde sus creadoras, las famosas hermanas Tatin, se olvidaron de poner la masa (el hojaldre) en la parte inferior del molde, y al final para no tirar la tarta lo pusieron encima de la manzana y resultó una tarta mucho más original e incluso más sabrosa, que se ha venido en llamar “la tarta invertida”.
Y colorín... colorao... mi debut en el teatro londinense del West End fue muy afortunado... con consecuencias muy positivas para mi colección de galletas, que todavía sigo recopilando, y para mi embriónico conocimiento del teatro inglés.
N.B. Quiero como, en otras ocasiones, advertir al lector que la receta completa de estas galletas está detalladamente explicada e ilustrada (+1.000 fotos) en mi libro electrónico MERIENDAS (Amazon Publ.) con más de 500 págs., y al precio módico de 9,90EU. Reitero que las fotografías de las recetas que acompañan los pasos de su elaboración, os ayudarán de manera definitiva no sólo a su comprensión sino a conseguir una fiabilidad asegurada, con además un buen iconográfico.
175 g. harina de repostería
60 g. azúcar
125 g. mantequilla
1 yema de huevo
un pellizco de sal
mermelada espesa (a ser posible de dos clases, una de ellas de bayas, y no muy líquida y al menos otra de albaricoque o ciruela)
Elaboración de Galletas “thumbprint” (“la Huella Del Dedo Gordo de la Mano”)1. Sacáis la mantequilla de la nevera y la tenéis a temperatura ambiente para que se ablande y se aglutine con los demás ingredientes. Para batir esta masa lo mejor es hacerlas en batidora.
2. En el mismo bol de la batidora eléctrica echáis el azúcar y la mantequilla y lo batís lo justo para que se ligue bien.
3. A continuación, ya podéis agregar los demás ingredientes, empezando por la yema del huevo, que mezcláis con lo anterior y, a continuación, la harina y la sal. No tenéis que batir mucho sino lo justo para que se forme una masa lisa y consistente que se desprenda del bol.
4. La colocáis en un plato cubierta de papel transparente y a la nevera, una hora o más, hasta que se endurezca y se pueda trabajar bien.
5. Pasado ese tiempo, hacéis unas bolitas con un espacio entre ellas y luego las aplanáis un poco, y con el dedo pulgar horadáis el hueco que no debe tocar el fondo, pero debe ser la más profundo que podáis (yo suelo añudarme con un punzón).
6. Precalentado el horno a 170o o 180o (dependiendo de la intensidad de vuestro horno), las metéis unos 14 o 15 minutos. ¡Y aquí las tenéis ya horneadas! La polémica de estas galletas es si la mermelada se debe poner antes de que vayan al horno o una vez horneadas. No lo dudéis, si las metéis antes, la mermelada se puede secar o embarrar la masa con lo que la estética se ve afectada; si la ponéis una vez hechas las galletas, las rellenaréis sin necesitar de ninguna manga, solo con una cucharita, y quedarán más perfectas y profesionales:
7. Et voilá! las encantadoras, coloridas y entrañables thumprint biscuits, que os comeréis antes de que se pongan duras, o pierdan sabor, y que serán admiradas por propios y extraños. (Esta masa tradicional de mantequilla, además de fácil, es sensacional, y la podéis utilizar para todo tipo de pastas e incluso tartas de fruta o crostattas). A mí me gustan hacerlas al menos de dos colores, pero si tenéis tres todavía quedarán más atractivas:
8. Y estas son las galletas de frambuesa preparadas con mi mermelada casera, que tienen un aspecto fantástico, y tendréis muchas ganas de pegarles un bocado inmediatamente. Y son lo tal para un té de las 5, que servidas en mi juego de té (Royal Albert), que compré muy rebajado en uno de los jubileos de la Reina Isabel II, tienen una estética verdaderamente british!

| | Pedro Manuel Collado CruzLa cocina para mi es producto bien tratado sin enmascarar sus sabores, cocina de verdad de antaño con un toque diferente 1 receta publicada |
La cocina para mi es producto bien tratado sin enmascarar sus sabores, cocina de verdad de antaño con un toque diferente
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