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Roma, Deliciosa Ruta Gastro entre 26 Millones de ánforas



ENIT Agenzia Nazionale del Turismo
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Sal de Viajes

La capital del Lacio es una de las ciudades del mundo que siempre tiene una excusa apetecible para volver.

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El Coliseo de Roma ENIT Turismo Italiano Afuegolento

el coliseo (enit - agenzia nazionale del turismo)

 

Amantes de la historia y del arte, de los paseos monumentales custodiados por buganvillas frondosas entre el rumor de las fuentes, de joyas irrepetibles como el Coliseo o el Panteón de Agripa, o de los miradores salpicados por la ciudad que, con atardeceres rosados y azulones difíciles de olvidar, regalan un patrimonio magnífico a sus pies… ¡Todos tienen una Roma a su medida!

 

Entrada Mercado Testaccio Lali Ortega Cerón Afuegolento

entrada al mercado testaccio (lali ortega cerón)

 

También hay un lugar (o más bien cientos) para aquellos que saben apreciar la buena gastronomía, la que se elabora con mimo, con calma e ingredientes que huelen, saben y nos enraízan con la tierra y el mar. Algunos los hemos descubierto entre los restos arqueológicos de cerca de 26 millones de ánforas. Allí, en el Mercado Testaccio (también llamado Monte dei Cocci), una de las rutas más foodie de la ciudad, se puede saborear una de las pizzas al trancio más deliciosas de la capital, concretamente en CasaManco.

 

CasaManco en Mercado Testaccio Lali Ortega Cerón Afuegolento

pizza casamanco en el mercado testaccio (lali ortega cerón)

 

Un poco más lejos, entre la Piazza del Popolo y Piazza di Spagna, y cerca de la Fontana di Trevi, se esconde un lujoso jardín privado, una "obra de arte, bien cultural, recurso arquitectónico y ambiental" según la Carta de Jardines Históricos de 1981. Se trata del vergel del Hotel de Russie, donde gracias a Fulvio Pierangelini (2 estrellas Michelin) y el chef Nazzareno Menghini, se cuida hasta el más mínimo detalle de una pasta simple y sabrosa: los espagueti pomodoro. Dos ejemplos con mucho arte que nos recuerdan ¡cuánta emoción puede sentir nuestro paladar sin complicarnos la vida! Compartimos su receta.

 

La Fontana di Trevi ENIT Turismo Italiano Afuegolento

la fontana di trevi (enit - agenzia nazionale del turismo)

 

Ánforas de aceite que viajaban por mar, clavadas en la arena

Entre el cementerio protestante de Roma (donde descansa el poeta Shelley) y la Pirámide Cestia, el monumento funerario más antiguo de la capital con más de 2000 años de antigüedad (se construyó entre el 18 y el 12 a.C. como sepulcro para Cayo Cestio), se ubica un lugar único y desconocido para muchos viajeros. Un enclave francamente curioso que, sin embargo, los auténticos romanos han incluido hace mucho tiempo dentro de su ruta Gastro, y nocturna, debido a sus posibilidades culinarias y su carácter popular. Para aquellos descubridores de lugares poco comunes y nuevas tendencias, la Ciudad Eterna puede presumir de un promontorio atípico: el Monte Testaccio. Testigo del esplendor de la Roma Antigua da cobijo, desde 1888, al primer barrio obrero de la capital. Y, paradojas de la vida, esta zona industrial relativamente nueva, y muy auténtica, se levanta sobre los restos de, aproximadamente, 26 millones de ánforas.

 

La Plaza del Monte Testaccio Lali Ortega Ceron Afuegolento

plaza del monte testaccio (lali ortega cerón)

 

No es la octava colina de Roma, pero no le faltan atributos para ser un altozano digno de visitar si tenemos en cuenta la historia que relata y los restos arqueológicos sobresalientes que hablan, y mucho, del viaje en ánfora de los productos más codiciados de la época. Procedentes de la Bética, la Tripolitania, la Galia y de otras regiones de la península itálica, desembarcaban en el Emporium, el puerto fluvial de Roma, y se trasladaban enteras, en grupos de cuatro, gracias a diversos animales de carga. Aceitunas, cereales, frutas, miel, salazones y vino eran algunos de los productos transportados en los cuerpos redondeados de las ánforas. Formas que los romanos evolucionaron estéticamente, ya que diferenciaban claramente el cuello, y la boca del recipiente, del resto del cuerpo.

 

Pero si hubo un alimento que no faltó en su vientre redondeado fue el aceite que, según estiman algunos arqueólogos, permitió abastecer la mitad de la dieta anual del “oro líquido” de, nada más y nada menos, un millón de personas durante un cuarto de siglo. De aquellas ánforas que viajaban hincadas en la arena de las bodegas de los barcos (solución de la época para fijarlas, evitar que se movieran y que pudieran quebrarse con el oleaje del mar, que entonces era la mejor vía de transporte) conocemos muchos datos. Los sellos o marcas que se imprimían en las asas o en las panzas de las ánforas antes de su cocción, nos desvelan informaciones como el nombre del alfarero, el taller de fabricación, el peso neto del ánfora o el contenido.

 

Una vez se vaciaban, las vasijas se rompían en pedazos y se acumulaban en el monte Testaccio. Tras depositarlas de manera ordenada y metódica, se vertía cal para evitar los malos olores. Puede parecer una solución muy salomónica, pero los romanos preferían esta medida, ya que resultaba mucho más rentable que lavarlas antes de que emprendieran su regreso a la Bética y a otras regiones del Imperio. Gracias a las excavaciones del arqueólogo alemán Heinrich Dressel (quien por cierto fue el primero en elaborar la clasificación de los distintos tipos de ánforas) conocemos este singular cementerio del Monte Testaccio de Roma, que llegó a superar los 50 metros de altura.

 

Pizza al trancio, con productos de temporada, un capricho a 3 euros

Este escenario histórico, que encierra millones de viajes con mucho sabor, alberga una recorrido gastro indispensable en Roma. Es sabido que los italianos aprecian la buena gastronomía, también en los platos más sencillos. Por ello no es de extrañar que el Monte Testaccio, y concretamente el mercado que recibe el mismo nombre, sea un lugar de referencia cuando hablamos de bocados apetitosos (y no solo los que se pueden degustar in situ). Allí, por ejemplo, diversos puestos venden pasta fresca. No olvidemos que las buenas costumbres romanas pasan por almorzar el fin de semana en familia (las cenas se dejan para gli amici), y en esos encuentros no puede faltar un buen plato de pasta.

 

Pizza CasaManco Lali Ortega Cerón Afuegolento

pizza casamanco en el mercado testaccio (lali ortega cerón)

 

Entre los más de 100 puestos del Mercado Testaccio, y sus respectivas tentaciones gourmet, se encuentra CasaManco, un pequeño puesto familiar (que también cuenta con su lugar de culto en el Trastévere), famoso por su particular manera de entender la pizza: para cada estación, ingredientes de temporada. Entre un sinfín de referencias (deliciosas y crujientes) las hay sencillas y audaces. Entre ellas la Pizza Casamanco, un clásico de mozzarella, tomates cherry asados, pecorino romano fresco, aceite EVO); la Pizza Crema de Zanahoria, una osada combinación de crema de zanahoria, jengibre y pimentón, manzana verde, queso feta y cebolla agridulce. Y, para los golosos, la Pizza PB&J, con mantequilla de cacahuete y mermelada. Un lugar obligado por su calidad, su textura y la amabilidad del personal.

 

Jardín Hotel de Russie Rocco Hotels Afuegolento

un rincón del jardín del hotel de russie (rocco hotels)

 

Unos espagueti pomodoro en uno de los jardines más bellos de Roma

Magnolios, cipreses, camelias, cítricos, jacarandas, ficus, rosas y cientos de variedades botánicas conforman el sugerente cóctel que hacen del jardín privado del Hotel de Russie, uno de los alojamientos más exclusivos de la ciudad, un escenario natural espectacular. Diseñado por el arquitecto Giuseppe Valadier, entre el vergel no faltan elementos de la arquitectura neoclásica como terrazas, balaustradas, cuevas, fuentes de rocallas y estatuas. Además de la aristocracia europea, entre los personajes que han escrito su historia se encuentra Picasso, que permaneció en sus aposentos entre febrero y abril de 1917, tras llegar a Italia junto con Jean Cocteau para trabajar en la primera danza clásica cubista de la historia, Parade, organizado por la compañía de los Ballets Rusos de Sergeij Djaghilev.

 

Jardín Hotel de Russie Rocco Hotels Afuegolento 2

un rincón del jardín del hotel de russie (rocco hotels)

 

Para los apasionados de la buena calidad y los contrastes (pongamos un entorno sofisticado, con el rumor del agua de fondo y, sobre la mesa, un delicado emplatado de spaghetti pomodoro), entre la carta gastronómica de “Le Jardin de Russie” se encuentra este principal sencillo, delicioso y muy arraigado en la cultura culinaria italiana. Como bien saben muchos romanos, no hace falta estar alojando en el hotel para disfrutarlos. Gracias al Director Creativo de Gastronomía y Consultor Culinario de la Cadena Rocco Forte Hotels, Fulvio Pierangelini, y el chef ejecutivo Nazzareno Menghini, este plato resume una historia de amor duradera entre la pasta, el pomodoro, el ajo, el tomillo, la albahaca, el aceite, la sal, el azúcar… ¡y el parmesano!

 

Jardín Hotel de Russie Rocco Hotels Afuegolento 3

un rincón del jardín del hotel de russie (rocco hotels)

 

El romano Fulvio Pierangelini (dos estrellas Michelin), tiene la capacidad de transformar los ingredientes más básicos en un manjar. Junto al chef Menghini, ambos demuestran que se puede hacer vibrar a los comensales con recetas sencillas y sin perder de vista valores como la creatividad, el respeto por la materia prima y la sostenibilidad. Si, al igual que nosotros, creéis que unos sencillos espagueti pomodoro pueden ser inolvidables, esta es vuestra receta. Y si en lugar de cocinar en casa preferís viajar a descubrir los encantos de Roma, y almorzar en este vergel, lo entenderemos perfectamente. Más información práctica sobre la ciudad en la Agenzia Nazionale Turismo Italia

 

Receta Spaguetti al Pomodoro Rocco Hotels Afuegolento

receta spaghetti al pomodoro (rocco hotels)

 

Receta de los Espagueti Pomodoro en el Hotel de Russie y la Cadena Rocco Forte

Ingredientes

350 gramos de espagueti

600 gramos de tomates maduros

2 dientes de ajo

20 hojas de albahaca

1 ramita de tomillo

5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

1 cucharada de queso parmesano rallado

Sal al gusto

Azúcar al gusto

 

Elaboración

Escaldar los tomates unos segundos en agua hirviendo, luego pelarlos, quitarles el tallo, cortarlos por la mitad, quitarles todas las semillas y partirlos con las manos en trozos pequeños de tamaño uniforme.

 

Machacar ligeramente los dos dientes de ajo con la palma de la mano y ponerlos en una sartén junto con los tomates picados, una ramita de tomillo, 10 hojas de albahaca, aceite de oliva, sal y una pizca de azúcar.

 

Cocinar a fuego medio durante unos 10 minutos. Cuando esté casi listo, retirar el ajo y las hierbas de la salsa. Mientras tanto, cocinar los espaguetis en agua hirviendo con sal hasta que estén al dente (firmes para morder). Cuando la pasta esté cocida, escurrirla y trasvasarla a la olla que contiene la salsa de tomate. Mezclar todo junto.

 

Retirar la sartén del fuego y agregar las 10 hojas de albahaca restantes, finamente picadas, para darle un toque extra de sabor.

 

Servir caliente y decorar con una cucharada de queso parmesano rallado espolvoreado por encima y una cucharada de aceite de oliva.

 


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Bernd Horst Knöller

él personalmente todos los días a hacer la compra para el restaurante y a la subasta de la Lonja de pescadores para encontrar los mejores ejemplares.

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