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¡marchando una de...Arañas Al Ajillo!


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Matteo Gaffoglio
Comunicador y experto en gastronomía



En los años setenta en Camboya, durante el régimen despótico del cruel dictator Pol Pot, que intentaba a su manera instaurar el comunismo, hacía presos a todas esas personas extranjeras, o que no lo pensaban como él, enviándolas a la masacre en los campos de exterminio. Tratándose de personas cuya vida no iba a ser larga..., la alimentación era de las peores. Desde luego, no es una gran novedad, porque siempre ha sido cosa común en muchas cárceles del mundo y, sobre todo, con ciertos régimenes. Los presos, y también los que alcanzaban la libertad huyendo y refugiándose en la jungla (no porque hicieran ascos a otras cosas), en sus extremos tentativos de supervivencia se sustentaban como podían comiendo de todo, es decir, todo lo que podían encontrar por el suelo: hormigas, gusanos, grillos, avispas, escarabajos gigantes acuáticos, etc. Entre esta extraña variedad de animales, cuya importancia se debía a sus proteínas (indispensables para vivir), había también la ?a-ping?, que en camboyano es la araña de Skuon.

De color negro, peludas, colmillos venenosos, bien gorditas, más gruesas que la palma de la mano, en la a-ping cabían las suficientes proteínas para una ración cotidiana por cabeza, y comiéndola cruda resultaba mejor de sabor que los demás insectos.



Para bien de la humanidad, el terror de los Khmer comunistas se agotó, pero ese gusto de la a-ping quedó entre los camboyanos que sobrevivieron quienes, aunque ahora tenga abundantes y variados alimentos, siguen todavía comiéndola, siquiera de manera mejor. Estas arañas, ya agradables crudas, resultan estar todavía mejor consumidas cocidas y muy calientes. ¡Una verdadera exquisitez...! Afirman los indígenas que hay que prepararlas fritas con ajo, hasta que tomen un color marrón rojizo, por afuera deberán estar crujientes y por dentro muy...cremosas.

Hace sólo unas décadas estas arañas eran el sustento máximo para esos pobres presos, hoy en día son una glotonería, hasta convertirse un plato nacional camboyano, y aún más, ha salido de las fronteras y ya lo piden en Vietnam y en Tailandia. Y, por si no bastara, muchos camboyanos lo aprecian y lo consumen a menudo no sólo como alimento, sino como medicamento. Las arañas machacadas y maceradas en licor de arroz, parece que son un óptimo remedio para el dolor de espalda y el resfriado, tomado en la medida de una cucharadita para los niños y, para los adultos, unos buenos sorbos. Pero la ley del mercado es férrea, cuando sube la demanda, el precio sube, en Phnom-Penh la a-ping ya cuesta 10 céntimos de euro (para la tercera parte de la población, que gana diariamente un euro, resulta bastante cara), de pronto, o cuanto más antes, estas arañas acabarán, se precisará ponerlas entre las especies protegidas (como los pandas), y volver alimentarse con la comida de siempre.



Este argumento, por cierto, tratándose de alimentos raros (y asquerosos...) hará sobresaltar a más de un lector (es del todo comprensible para quienes no estén acostumbrados, o que nunca se han encontrado en situaciones similares a los sobredichos presos). Pero, ¿dónde quedan con respecto a los viscosos caracoles y las ranas, con carne-pescados-ostras-hígado-huevos comidos crudos (tipo carpaccio, sashimi y sushi), con el foie-gras (aunque sea una delicia es un hígado con steatósis), con esos hediondos quesos con gusanos, etc?

A propósito, un abuelo del País de Gales que abre una quesera que guardaba ese tipo de queso, imperturbable, ahonda la lama del cuchillo y saca un poco de queso, y untando una rebanada de pan, exclama: ?¡You bloody warms, you eat my cheese, I eat you!?, que en español suena así: ?¡Malditos gusanos!, ¿coméis mi queso?, ¡yo os como a vosotros!? (esto no es un chiste, fue testigo directo el que escribe estas notas).

Entonces, ¿os apetecería un plato de arañas al ajillo? Pues bien, esto podría ser una pregunta puesta en el Foro de A Fuego Lento, a ver qué opinan los lectores, y qué parecer (afirmativo o negativo) van a dar (¿alguien la va a lanzar?). A los que tendrán la oportunidad y el ?placer? de gustar una A-ping al ajillo no nos queda nada más que desearles ¡Buen provecho!



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