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La Revolución China



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Pablote



Situemos Madrid durante la década de los 60 y principios de los 70. Por aquel entonces desembarcaban en la capital los primeros restaurantes chinos con sus dragones, sus farolillos y sus estatuillas de un Buda que, a juzgar por su barrigón y su sonrisa, parecía satisfecho del festín recién servido. He leído que estos primeros restaurantes chinos se agolpaban en Villaverde y la calle Leganitos y que poco a poco fueron abriendo nuevos establecimientos en diversas zonas de Madrid. Fue una auténtica revolución para la gente joven de la ciudad, muchos de ellos procedentes de entornos rurales donde el menú era sota, caballo y rey. Para los propios madrileños la aparición de platos como el cerdo agridulce y su salsa naranja fosforito, la ternera en salsa de ostras, que ni ostras ni casi ternera o el arroz tres delicias fue un verdadero descubrimiento. Todos estos platos envueltos en el misterioso y hortera ambiente cultural chino resultaron muy atractivos para mucha gente, que años después nos describen aún maravillados lo que supuso esa primera toma de contacto.

El tirón de aquellos restaurantes fue la novedad ya que muy pronto la clientela comenzó a darse cuenta de que la calidad y el decorado no eran gran cosa. Muchos de ellos sobreviven hasta hoy aunque la mayoría son locales pequeños de barrio que viven más del servicio a domicilio que del servicio de comidas. Muchos han desaparecido una vez pasado el ?boom?, otros se consagran como auténticos chinos-para-chinos y algunos de ellos, en los que pretendo interesarme con este artículo, aprovechan el tirón asiático de esta temporada para hacer un lavado de cara, ampliar sus cartas y reinvertir los beneficios de tiempos pasados con miras al futuro.

Restaurante asiático Kintaro, un buen ejemplo de chino metamorfoseado

La estrategia que los empresarios chinos con visión de futuro han llevado a cabo de forma mayoritaria ha sido la de mejorar sus locales con reformas integrales, deshaciéndose de la parafernalia rancia del pasado y occidentalizado sus comedores. Por otro lado se han saltado las fronteras de su enorme país para incluir platos procedentes de Tailandia o Vietnam y darle así un toque extra a la carta (y a la factura). Éste último punto es fundamental a la hora de evaluar la nueva andadura del restaurante porque en algunos casos se llega a una fusión e integración de platos muy interesante y en otros más bien a un zafarrancho en el que nadie sabe ni lo que come ni de dónde viene. Por último indicar que la combinación de la cocina japonesa y la china es la más habitual y que si se sabe hacer con maestría y equilibrio, el resultado puede ser espléndido.

Otro punto curioso en el que los restaurantes van cambiando es en los nombres. Uno de los recientemente visitados y expuestos en mi blog, el Kintaro, se llamaba hasta hace bien poco La Fuente China. Otros imaginativos nombres como La Perla Oriental o El Buda de Oro también van extinguiéndose y preveo que durante 2009 irán desapareciendo a medida que otros renovados y renombrados procurarán sorprendernos. Será éste un año para los empresarios chinos de la restauración en el que tendrán que escoger entre renovarse o morir ya que pocos son los restaurantes típica y exclusivamente chinos que pueden permitirse el lujo de seguir fieles a esos primeros años en los que llegaban a Madrid. A nosotros, madrileños y madrileñas, nos queda la mejor parte: disfrutar, descubrir y degustar esta revolución china.

Pablote
www.dgusto.es



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