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Inmortales No, Centenarios Sí



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Matteo Gaffoglio
Comunicador y experto en gastronomía

 

Por cierto pretender que el ser humano sea inmortal es impensable e imposible, más bien esperar vivir sanos para llegar y quizás superar los 100 años de vida, eso sí que sí. Desde luego, en muchos países del mundo están brotando los que ya han llegado y superado, tal vez por pocos años, el ambicionado siglo de vida, y que ya son muchos miles de ellos. No existe ningún límite fijado por la naturaleza para la expectativa de vida de los seres humanos, como tampoco ningún ser humano ha sido capaz de poner o definir un límite a la existencia de los propios similares. Con este propósito se celebra la intervención de la ciencia que, desde unas pocas décadas, empezó a tener gran interés en la prolongación de la vida.

 

Yo seré centenarioHubo una época en la cual las búsquedas sobre la juventud eterna eran consideradas nada más que camelos. No de menos por el tan deseado y esperado elixir de larga vida; pero que siempre era nada más que una fantástica quimera, aunque tuviese una barbaridad de seguidores, soñadores e ilusos. Ahora más que nunca todos los científicos de los varios laboratorios de las más importantes universidades del mundo están concentrados en infinitas búsquedas. Y, cosa importante e imprescindible, la ciencia que echa una mano a la tecnología, cuya corriente es parte integrante de la ciencia oficial. No obstante que todavía nada ha sido inventado o descubierto como hacer para vivir más a los seres humanos.

 

Los mismos centenarios ni siquiera saben el porqué han alcanzado el siglo de vida; se dice que cada uno tenga su propio secreto, pero al preguntárselo responden que su vida, para muchos, ha sido de haber trabajado siempre por extrema necesidad, alimentándose sin excesos porque las condiciones económicas no les permitían más comida..., en fin una vida pasando estrecheces económicas y privaciones. Por otra parte otros que han gozado de la vida, dejando las preocupaciones a los demás, pero siempre estando en buena salud, sin fumar, sin abandonar la alegría y con un humor por las estrellas, por no decir cachondo.

 

Merece ser citado un caso entre varios. Es el de Emma Morano, de 111 años cumplidos en noviembre 2010 de Verbania, una linda ciudad en el espléndido lago Maggiore que una parte confina en Suiza. A esta mujer todos los ciudadanos le rindieron una enorme fiesta, la prensa dio noticia al mundo entero; ella se divirtió riendo muchísimo, cantando, y bailando con el alcalde. Su nieta Mariella contaba: “Hasta los 55 años ha trabajado en una fábrica de yute, pues, hasta los 75 en la cocina del Collegio dei Marianisti. Ella misma se prepara la comida, vive sola y tiene una memoria formidable”. Y si alguien pregunta su secreto, Mariella responde “¿Y quién lo sabe? Por cierto no es la restricción acalórica: come tres huevos al día, uno por la mañana con el desayuno, uno al almuerzo con carne picada y guarniciones, y otro a la cena con sopa y algo más. No desdeña los gianduiotti que los come a voluntad” (típicos chocolatitos deliciosos de Turín).

 

Los nuevos resultados de los descubrimientos se están multiplicando especialmente en el campo de la alimentación y del bienestar. Es verdad que en los tiempos muy lejanos los humanos vivían hasta alrededor de los 30 - 40 años, pues subieron a los 50 y 60, y ya la edad crece velozmente a los 80 y más. Como decir que la persona que llega a este nivel del umbral, puede esperarse de vivir muchos otros años más.

 

El período parece más que nunca propicio para dejarse ir con la fantasía. Los expertos se lanzan en previsiones que solo hace hasta pocos años hubieran sido juzgadas azarosas. Como entre todas, aquella que no haya un límite fijado hasta cuanto un ser humano pueda campar. “Ningún estudio dice cuál es el límite biológico y nadie nunca ha probado que lo haya. Puede ser que el umbral continúe a deslizar en adelante”, resume Graziella Caselli, demógrafa de la Universitá de Roma. Una afirmación que antes ningún científico serio hubiera dicho.

 

Y también como reporta la autorizada revista Panorama: “Sobre la esperanza de vida, cuya curva se va empinando después de haber sido plana desde la antigüedad hasta los años 50. En dos siglos es más que duplicada para los hombres, en media de 25 a 65 años, y casi triplicada para las mujeres, de 25 a 70 años. En los últimos 170 años la esperanza de vida aumenta dos años y medio por decenio: cada día el occidental medio gana seis horas de vida“.

 

Un hecho imprevisto. Hacia el 1920 uno de los mejores estadistas de la época, Louis Dublin, estimaba que la esperanza de vida para los americanos no habría jamás superado los 64 años. Este límite ha sido abatido desde mucho tiempo, y lo demuestra ya el numeroso crecimiento de centenarios.

 

Es impresionante también el ritmo con el cual crecen los centenarios. En Italia se duplican cada cinco o seis años. Al Istat cuentan que ya eran 14 mil el 1º de enero 2010, devendrán 16 mil en el 2015, 32 mil en el 2020, y así andando. “Tenemos siempre más personas que llegan a las edades extremas, y entre ellas es fácil y frecuente que emergen los supercentenarios”, afirma Caselli. A esta altura es fácil prever llegar a los 120 años. Con alegría se puede constatar que crece velozmente la edad esperada para los que han alcanzado los 80 años. Un año y medio más respecto a un decenio es muchísimo para la demografía del envejecimiento. El noto demógrafo James Vaupel del Science, hace notar que “En los países con las más grandes esperanzas de vida, la mayor parte de los niños nacidos en el 2000 festejarán el centésimo cumpleaños. En la foto, el dichoso niñito piamontés, Edoardo, ha celebrado en enero su segundo año: ¡y ya se ha apuntado para los 100!

 

Lo que hoy es la excepción mañana será la regla. Y los centenarios serán una parte importante de la población. Sobre ellos se concentran las atenciones de los científicos. Los gerontólogos buscan desde hace tiempo trazar un perfil, descubrir qué puede ser el secreto de su durar, pero no es fácil.

 

Daniela Mari, docente de la Universitá de Milán y directora del reparto de Geriatría del Hospital Maggiore Policlínico, ha referido que: “Los centenarios son personas con una alimentación moderada, no demasiada magra y tampoco grasa, no fuman. Tienen una red de personas alrededor a ellos que les estimulan y les ayudan con actitud positiva hacia la vida“. Ella sigue los hiperlongevos reclutados en la capital lombarda para el Proyecto centenarios, indagación al descubrimiento de su secreto conducida en cinco universidades italianas.

 

Según los datos emergidos hasta hoy en día, una función importante parece que la tenga una molécula: IgF-1, que es un factor del crecimiento. Y Mari observa: “Se piensa que sea un factor protectivo con respecto al cáncer. Otro elemento sobre el cual se ha atraído la atención es la Epigenética, que a través un proceso bioquímico llamado Metilación del Dna, permite al organismo adaptarse a los cambios activando o desactivando genes. Así que al contrario de lo que se pensaba hasta hace pocos años, los factores genéticos parecen incidir sólo por el 30%, no más. Lo muestra también una búsqueda sueca recién publicada que subraya que, a contar más es el estilo de vida”. Y con el estilo de vida, se debería tener siempre en cuenta una buena, sana, moderada alimentación equilibrada conforme a la propia actividad, que debe estar por encima de todo, y por supuesto, vivir siempre con alegría y evitar lo más posible la tristeza y el estrés desmesurado, en otras palabras, como se acostumbra decir en España, el célebre dicho andaluz: A vivir que son dos días


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