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Elogio de Euskadi



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Luis Hens

Cuando cayó en mis manos el programa de las fiestas de Bilbao, sin duda atrajeron mi atención los concursos gastronómicos que se celebraban en el Arenal: tortilla de patatas, txipirones, bacalao al pil-pil, bacalao a la vizcaína, marmitako y guisado de rabo. Me parece increíble y certera esta forma de hacer cultura, de promocionar y revivir nuestras tradiciones. Grupos familiares, de amigos que se juntan en las fiestas de su ciudad para cocinar los platos más señeros y competir por un premio al que se llega sólo con un alto nivel de destreza culinaria. No es fácil hacer un buen pil-pil. Yo creía que sabía hacerlo, hasta que me paseé el día del concurso por entre los grupos de cocineros aficionados y me sorprendía con su maestría, los trucos y habilidades que mostraban para conseguir esa maravillosa emulsión de aceite y gelatina del bacalao. Pero lo que más me sorprendió fue el concurso paralelo de niños y jóvenes elaborando ya su propio pil-pil con kokotxas. Esto es cultura, me dije. Esto es cultura. Venimos de un tiempo en donde hemos confundido la cultura con el espectáculo de relumbrón y temporada. Se han derrochado millones en pomposos eventos culturales que no necesitábamos ni han servido para acrecentar el nivel cultural de la ciudadanía. Ahora nos falta presupuesto para lo esencial, pero, allí en Bilbao veía qué barato sale promocionar la cultura más auténtica. No me siento muy agradecido cuando un año más asisto al derroche de dinero público en mi ciudad (como en casi cualquier ciudad) para promocionar diversión asociada a alcohol barato/juventud, grupos musicales de solo un éxito televisivo y expertos en play-back; diversión asociada al ruido inhumano, basura por doquier o tortura de animales. No pienso que eso sea modelo de fiestas populares, y no me agrada que salga del dinero de mis impuestos.

 

Por eso disfruté en el Arenal de en estas fiestas bilbaínas de esos concursos gastronómicos. Eso sí era una buena muestra de fiesta popular. Allí sí lo pasaban bien los grupos de amigos, de txokos, de sociedades gastronómicas, de familiares o simplemente colegas. Había siempre un txikito de vino para animar el sofrito y la conversación, y había muchas risas y camaradería..., eso es cultura. Grupos de amigos que salen en sus fiestas a celebrar cocinando y mostrando los platos más representativos de su tierra; eso es cultura. Niños y jóvenes que ya se ilusionan con el delantal y los golpes y meneos del pil-pil... eso también es cultura. Así sí me gustó comprobar cómo se invierte el dinero público... y también me llevé más de un truco para practicarlo en mi cocina.



  1 COMENTARIO




15/03/2016  |  15:20
Me alegro de tu estancia en Euskal Herria fuese un conocimiento de cultura, eso hace que nuestro pueblo sea diferente,efectivamente la gastronomia es parte de la cultura de un pueblo que a la vez la hace mas participativa y colaboradora entre los ciudadanos,te escribo desde Donosti que no nos quedamos atras en el arte culinario,Hsata otra ocasion. Un saludo.
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