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El Cacao Y los Aztecas (3ª Parte)



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José Luis Arpide
Profesor de Antropología Cultural en la Universidad de León (España)

Imagen del Dios Quetzalcoatl

Quetzalcoatl representa una divinidad cuando menos peculiar, reconocido como divinidad por mayas y aztecas, Dios del aire, de la sabiduría, de la noche, de la felicidad... No aceptaba sacrificios humanos; enseñó los principios de medicina, agronomía, etc. Se encarnó en el vientre de una virgen para hacerse hombre. Según la leyenda, al principio era el guardián de los Hijos del Sol y robó un haba de cacao para ofrecérsela a los hombres como consolación por verse obligados a vivir en la Tierra. En su versión humana llegó a ser rey de Tula, donde creó un paraíso terrenal para los nahuatles; allí construyó casas de conchas de nácar, plumas de quetzal, plata y oro. Como nos refiere Bernardino de Sahagún (libro 3º, cap. III):
"tenía el dicho Quetzalcoatl todas las riquezas del mundo, de oro y plata y piedras verdes que se llaman chalchihuites, y otras cosas preciosas y mucha abundancia de árboles de cacao de diversos colores, que se llaman xochicacáhuatl (cacao florido). De él derivaría la leyenda del alimento de los dioses, el cacao entregado a los hombres para su cultivo y consumo por medio de un dios, que en realidad sólo era semidiós, ya que su madre fue humana."

Una de las leyendas que se le asocian igualmente tiene que ver bien con una princesa, bien con su mujer (según las variantes), que sería torturada y asesinada por los enemigos de Quetzalcoatl, al no querer descubrir los tesoros de la ciudad. Con su sangre derramada y la intercesión del Dios, nacerá el árbol del cacao, cuyo fruto será amargo como el sufrimiento que la protagonista padeció, fuerte como la virtud que demostró en su adversidad y ligeramente rojo como la sangre que derramó. Nuevamente observamos la correlación entre sangre y cacao presente en muchos rituales.

Sin embargo, esta apacible vida se verá totalmente transformada cuando Huitzilopochtli, Titlacahuan y Tlacahuepan, tres nigrománticos con engaños y embustes, consiguieron que Quetzalcoatl abandonase su ciudad y sus posesiones como B. de Sahagún (Libro 3º, cap.XII) nos indica: "y acordando irse de Tulla a Tlapalla, hizo quemar todas las casas que tenía hechas de plata y de conchas y a enterrar otras cosas preciosas dentro de las sierras o barrancos de los ríos, y convirtió los árboles de cacao en otros árboles que se llaman mízquitl (mezquite). La desaparición de este semidiós y su promesa de regreso, alimentarán la esperanza de un nuevo mito encarnado circunstancialmente en Hernán Cortés quién aparecerá en México en 1519, el año pronosticado por los astrólogos en que surgiría un rey de tez blanca para liberar a su pueblo".

Con todos estos indicios el emperador Moctezuma, con grandes dosis de temor, prudencia y diplomacia invitará a Hernán Cortés y su séquito a conocer su capital. Allí Bernal Díaz, uno de sus soldados acompañando a su capitán en la plaza de Tlatelolco, vieron con gran asombro y curiosidad la multitud de gente y variadas mercaderías que allí se exponían para su venta, así lo relata B. Díaz (Hª verdadera de la conquista de la Nueva España, cap. XCII): "(...) y cacaguateros que vendían cacao; y desta manera estaban cuantos géneros de mercaderías hay en toda la Nueva España. En este paseo observan que los artículos más importantes para las transacciones tanto para vender como para comprar eran: las mantas, los xiquipiles de cacao y los esclavos además del oro". Así B.Díaz en su citada obra (cap. XCII) nos cuenta: "(...) qué tantas mantas o qué jiquipiles de cacao valía, o qué esclavos, o otra cualquiera cosa a que lo trocaban". Recordemos que un xiquipilli en la unidad de medida azteca, correspondía a 8.000 unidades de un producto, en este caso almendras de cacao.



Tiempo después, en 1520, el propio H. Cortés en una de sus cartas de relación que envía a su majestad Carlos V dando cuenta de los hechos, actividades y conquistas realizadas bajo su mando relata en una, fechada a treinta de octubre, entre otras cosas la importancia del cacao cuando dice: "y puso en ello tanta diligencia (se refiere a Moctezuma) que donde en dos meses que yo se lo dije estaban sembradas setenta hanegas de maíz y diez de frijoles, y dos mil pies de cacao, que es una fruta como almendras, que ellos venden molida, y tiénenla en tanto, que se trata por moneda en toda la tierra, y con ella se compran todas las cosas necesarias en los mercados y otras partes. De esta forma Hernán Cortés consigue que la plantación de Manialtepec, que es a la que se refiere en este texto, pase a su propiedad y se convierta en una especie de banca de la que poder sacar dinero, en todo momento, con las habas o almendras que producía y así también poder fijar el cambio para su trueque por oro.

Para la siembra y la recolección se efectuaban una serie de ceremonias religiosas que propiciasen una buena cosecha. Así guerreros desnudos y emplumados danzaban para celebrar la maduración de las mazorcas de cacao, por su parte los sacerdotes oficiaban delante de las efigies de Tonacatecutli, diosa del alimento y de Chalchiuhtlucue, diosa del agua, para propiciar su ayuda, era costumbre que los sacerdotes bebiesen tchocolatl.

En 1524, iniciada la colonia, llega a México Fray Toribio de Benavente (Benavente-Zamora, 1482-1569), fraile franciscano, quien en su labor de misionero recorrería la Nueva España, aprendería sus lenguas e intentaría conocer a sus gentes, como hiciera el mencionado Bernardino de Sahagún. En los cuarenta y cinco años que vive en estas tierras recoge información valiosa sobre sus tierras, gentes, costumbres y creencias, que reúne en un importante trabajo titulado Historia de los indios de la Nueva España, en el tratado tercero, de la citada obra, capítulo VIII, apartado 352, nos hace una descripción del árbol, transporte y consumo del cacao, veamos: "el cacao es una fruta de un árbol mediano, el cual luego como le plantan de su fruto (que son unas almendras casi como las de Castilla), sino que [lo] bien granado es más grueso, en sembrándolo ponen par de él otro árbol que crece en alto, y le va haciendo sombra, y es como madre del cacao; da la fruta en unas mazorcas, con unas tajadas señaladas en ella como melones pequeños; tiene cada mazorca de éstas comúnmente treinta granos o almendras de cacao, poco más o menos; cómese verde, desque se comienzan a cuajar las almendras, y es sabroso, y también lo comen seco, y esto, pocos granos y pocas veces; más lo que más generalmente de él se usa es para moneda y corre por toda la tierra; una carga tiene tres números, vale y suma este número ocho mil, que los indios llaman xicpile, una carga son veinte y cuatro mil almendros o cacaos; a donde se recoge vale la carga cinco o seis pesos de oro, llevándolo la tierra adentro va creciendo el precio, y también sube y baja conforme a el año, porque en buen año multiplica mucho; grandes fríos es causa de haber poco, que es muy delicado. Es este cacao una bebida muy general, que molido y mezclado con maíz y otras semillas también molidas se bebe en toda la tierra y en esto se gasta; en algunas partes lo hacen bien hecho, es bueno, es bueno [sic] y tiénese por muy sustancial bebida."

En esta prolija descripción de Fray Toribio de Benavente observamos cómo nos describe el árbol y su protección del sol con otros árboles mayores, práctica habitual en los cacaotales. Si que llama la atención, la indicación que da, de su forma de consumo en verde al igual que su consumo en seco, aspectos que difieren de la información que proporcionan otros autores e incluso de la transformación del haba, pues su consumo en verde o seco, por su sabor extremadamente amargo y ácido, lo hace muy poco apetecible, salvo en circunstancias extremas de supervivencia. En el párrafo final nos relata la forma habitual de preparación del cacao y su calificación óptima.

También menciona su valor económico y sus fluctuaciones según las cosechas y las zonas adonde llega, en una referencia a lo que podríamos llamar incipiente economía de mercado.

A partir de la nueva situación colonial, el cacao, su elaboración y consumo irán pasando bajo el control de los españoles, quiénes con la adicción de miel y azúcar van a preparar esta bebida para dar el salto a Europa.

Mientras en Chiapas, las damas habían adquirido la costumbre de consumirlo incluso dentro de las iglesias.

Nota: Como información complementaria a los tres artículos ?El cacao y los Aztecas? (siendo ésta la tercera y última parte publicados en Afuegolento.com en las ediciones 112 ( abril del 2006) y 113 (mayo de 2006) se pueden consultar:
- DIAZ DEL CASTILLO, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.
- BENAVENTE, Fray Toribio de. Historia de los indios de la Nueva España.
- SAHAGUN, Bernardino de. Historia general de las cosas de Nueva España.



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