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El Asteroide Barbaresco



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Matteo Gaffoglio
Comunicador y experto en gastronomía

De izq. a dcha.: Matteo Gaffoglio y Ted Bowell

A unos pasos más allá de la Vía Láctea, que está hecha de estrellas, vamos a tener también, en cierto modo, la "Vía Enóica", es decir, hecha por asteroides que llevan el nombre de vinos importantes. De momento estos "afortunados" asteroides (¡y los vinos con sus pagos también!) son sólo tres, pero su descubridor (que es también gran conocedor y descubridor de buenos vinos...), el célebre astrónomo estadounidense Edward Bowell, que no cesa de descubrir planetas, desde la estación situada sobre el altiplano (2.100m) del Observatorio Astronómico Lowell de Flagstaff de Anderson Mesa en Arizona (el mismo donde en 1930 Clyde Tombaugh descubrió el planeta Plutón), desde el 1979 con su potente telescopio, cada noche escruta imperturbable el universo, ya cuenta en su admirable e importante tarea el descubrimiento de casi 4.000 planetas de pequeño tamaño; pero algunos, al chocar entre ellos, resulta que se han desintegrado, formando a su vez otros más pequeños.

En 1999 tuvismo el primer asteroide "bautizado" con el nombre de un vino, con el "Rey de los vinos y el Vino de los reyes" el primero en absoluto de los vinos italianos: el célebre Barolo de la Región Piamonte. Para el segundo asteroide, en 2000, el Prof. Bowell eligió a Roero, otra zona del Piamonte famosa por su preciado vino.

El 2003 ha sido un año importante para el vino Barbaresco y su territorio, por haber cosechado un producto de gran añada, y por haber sido recordado por tierra y por cielo. Por tierra porque le fue dedicado un libro monográfico de la casa editorial De Agostini, y para llevar a lo más alto la imagen de este vino, Bowell quiso dar a unos de sus asteroides, más exactamente el numero 11.473, el nombre de Barbaresco, otro gran vino de la Región Piamonte

El asteroide que hoy lleva el nombre de Barbaresco había sido descubierto por Ted Bowell ya en 1982, que en el momento del descubrimiento fue fotografiado y le fue asignado un código provisorio, el 1982 SC, que le permitía identificarlo en espera de mayores confirmaciones. Necesitaron muchos años más antes de que nuevas observaciones permitiesen acertar de manera definitiva su órbita constante entorno al Sol, e identificarlo con el número 11.473. En la primavera del 2003 el descubridor con dos de sus colegas, Alan W: Harris de la NASA y Vincenzo Zappalá del Observatorio de Turín, propusieron a la Unión Astronómica Internacional la asignación del nombre Barbaresco al objeto 11.473. En septiembre del mismo año la comisión aceptó la propuesta oficializando la dedicación preparada por los tres científicos, los cuales el 13 de noviembre se encontraron con el alcalde Giancarlo Montaldo, autoridades, prensa, huéspedes de honor, en el salón concejal del pequeño pueblo de Barbaresco, en la zona de Langhe en Piamonte, para festejar solemnemente el bautizo del asteroide con este vino, concretizando así un acontecimiento muy importante en el mundo del vino. El Prof. Bowell entregó al alcalde la placa conmemorativa con las coordinadas celestes del asteroides, es decir, fecha, lugar (posición en orbita) del descubrimiento y la paternidad, en fin, el carné de identidad.

El Barbaresco asteroide tiene un diámetro de casi 10 Km.(el del Barolo 19, y del Roero 14), es de forma irregular que gira entorno al Sol con trayectoria elíptica, y cuya distancia media del astro es aproximadamente de 390 millones de kilómetros. Sus dimensiones son casi iguales a las del territorio donde se produce este célebre vino tinto. En su movimiento en torno al Sol, el asteroide puede acercarse a la Tierra hasta a 148 millones de km (parecido a casi 400 veces la distancia de la Luna) y alejarse hasta a 637 millones de km. A causa de las dimensiones muy reducidas, y de su color, muy oscuro, Barbaresco brilla en el cielo de una luz muy débil, casi 2900 veces menor de aquella de la muy débil estrella visible a simple vista. Para poderlo ver se precisa utilizar un telescopio de media potencia.



El origen del Barbaresco se debe probablemente remontar a un impacto catastrófico sufrido por su antiguo progenitor por parte de un "hermano" más pequeño, pero capaz de causar la completa destrucción del objeto celeste. Parte de los fragmentos del evento catastrófico se habrían pues reagrupado en el actual asteroide, entonces puede ser considerado un conjunto de grandes bloques que se mantienen unidos debido a la fuerza de la gravedad. En otras palabras, Barbaresco tendría una estructura "en racimo" que, tanto para estar en tema, es parecida a la de la uva. Cómo decir que Bowell supo elegir bien entre todos los planetas descubiertos por él, ya que tiene dimensiones y forma iguales al territorio Barbaresco. Las órbitas de los tres planetas vínicos se encuentran en la zona del "cinturón principal" entre las órbitas de Marte y Júpiter. Están considerados entre los buenos, es decir, que no amenazan la Tierra, que son tranquilos, como son los que pertenecen a la familia NEA (Near Earth Asteroids - asteroides cercanos a la tierra).

Después del asteroide Barbaresco vamos a echar un vistazo al Barbaresco vino tinto. Este vino, cuyo territorio de colinas al sureste de Alba se asoma con su torre imponente abatiéndose sobre la ribera del río Tánaro, ya era bien conocido por los romanos, y da fe de ello la vía romana que comunicaba la costa lígure con Turín. Es un vino de gran aristocracia, que está a la par de grandes vinos como el Brunello di Montalcino, lAmarone, lAglianico, y su gran hermano el Barolo. A menudo se piensa que no tiene resistencia al envejecimiento, y esto no es verdad. En Nueva York, en la Wine Experience del 2003 el productor Angelo Gaja hizo servir a 1.600 apasionados y hombres de negocios un Barbaresco 1961 producido por su padre. Por cierto los wine trainers americanos han comprendido perfectamente la "buena madera" de la que está hecho el menor de los Nebbiolo. Merece subrayar como anécdota del general austriaco De Melas que, en 1799, habiendo derrotado a los franceses en batalla, quiso festejar dignamente la victoria con barriles de "Nebbiolo di Barbaresco". En efecto el vino es de uva Nebbiolo, como lo es su hermano (así dicho) mayor el Barolo. Aunque los dos compartan las colinas natales de la zona de Langhe, al Barbaresco, a menudo se le prefiere la gran notoriedad del hermano que, por disfrutar el título de rey de los vinos italianos, goza de más popularidad en todo el mundo.

Como todos los vinos, el Barbaresco hay que conocerlo y apreciarlo, no importa que tenga en familia un competidor abultado y de gran fama, porque es un vino de potencialidades extraordinarias, quizá un poco menos valorizadas. La perfecta alquimia de su terreno con sus pendientes más o menos empinadas y diversamente expuestas, los vientos, la humedad del río, las altitudes, inviernos fríos a veces pocos nevados, originan distintos microclimas, que garantizan veranos aireados y calimas otoñales, todo para ventaja de las uvas Nebbiolo que, madurando lentamente, desarrollan aromas frutados capaces de equilibrar la naturaleza ácida y tánica propia de la cepa. Todo nace por simbiosis mágica e imprevisible entre los substratos arcillosocalcáreos de las colinas, los mismos que maduran secretamente la preciosa trufa blanca de Alba. Es un vino para la buena mesa y acompaña a muchos manjares. Exalta la cocina tradicional piamontesa, rica y variada en sus preparaciones, pero también cualquier otra tradición gastronómica de gustos llenos y refinados. Es 100% de uva Nebbiolo, obtuvo la Doc en 1966 y la Docg en 1982. Su producción máxima por hectárea es de 5.200 litros (6.933 botellas), graduación mínima 12,50 % Vol., acidez total mínima 5 por mil, envejecimiento obligatorio 2 años, de los cuales, por lo menos 1 en barril de roble o castaño; mientras para la reserva, el vino debe transcurrir por lo menos 4 años en la hacienda.

Antes de que nadie piense o sueñe, es mejor aclarar que las nominaciones de los planetas no es de lo más fácil y al alcance de todos. Sólo el descubridor del asteroide puede dar el nombre, presentándolo antes a una comisión especial de la International Astronomical Union con sede en Cambridge en los EEUU, la cual evalúa y decide. Ningún hombre político podrá jamás vanagloriarse de ver su nombre cedido a un objeto celeste, como tampoco no hay dinero que valga. Está totalmente prohibida cualquier forma de publicidad comercial, o de otro tipo. Lo que Bowell ha hecho por los tres asteroides vínicos ha sido nada más que por complacencia suya.

La entrevista hecha por el que escribe esta notas terminó con estas preguntas: ¿Prof. Bowell, con qué nombres van a salir los próximos asteroides?; R: "Es posible con palabras de anagramas..."; ¿Y nombres de vinos españoles?; R: "It could be" (podría ser). ¿Ya sabe cuáles?; R: "Sí, conozco algunos pero todavía no puedo decirlo..." Una respuesta prudente que nos deja en la espera para complacencia del ilustre astrónomo.



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