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Aún Estamos a Tiempo de Cambiar las Cosas


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Agustí Solà
Cocinero autodidacta



Hoy, aunque parezca increíble, no voy a hablaros de comida, ni de mercados, ni de nada relacionado con la gastronomía, hoy me gustaría hablar de sentimientos, de sensaciones, de lo poco que pensamos en lo que tenemos y lo poco, que en muchos casos valoramos, y cuando os lo explique me entenderéis.

No hace mucho, un vecino tuvo un pequeño accidente en el portal, una persona que pasaba por la calle lo vio, llamó a una ambulancia, no se hizo mucho daño, unos golpes, unas rozaduras, básicamente fue el susto, pero al ser una persona mayor, los enfermeros prefirieron llevarle al hospital para hacerle alguna radiografía y curarle los golpes.

Como no encontramos en aquel momento a ningún familiar, y el pobre estaba asustado y un poco desorientado, pregunté al médico si podía ir con él en la ambulancia, más que nada para que no fuese solo y se sintiese acompañado. No podía dejarlo ir así solo, supongo que en ese momento cualquiera hubiese hecho lo mismo.

La verdadera historia empieza ahora, cuando llegamos al ambulatorio, que se encuentra muy cerca de las Ramblas, tocando a la estatua de Colón, si habéis estado alguna vez en Barcelona, seguramente habréis pasado por delante, es un lugar muy frecuentado por los turistas y la gente de la ciudad, un punto emblemático.

Mientras me esperaba a que le hiciesen las pruebas y llegasen sus familiares, salí un momento a la calle, a una pequeña plaza que hay delante, allí había un pequeño grupo de personas, que estaban esperando delante de una puerta, al pasar por su lado me preguntaron la hora, por lo visto aún faltaba un rato para que abriesen, fuese donde fuese que iban.

Los hospitales, ni me gustan ni me disgustan, pero esperar es aburrido y salí otra vez a la calle, donde me volvieron a preguntar la hora y también si tenía a alguien ingresado en urgencias. Les comenté que un vecino se había caído y que lo estaba acompañando, así fue como empezamos a hablar ellos y yo, no hacía falta ser muy espabilado para ver que eran en parte indigentes y todos ellos con problemas de adicción. Estaban esperando que el centro donde les dan comida de vez en cuando y la medicación abriese.

Uno de ellos sacó un cartón de vino, que fue pasando entre todos, me dijo que si quería un trago, le dije que muchas gracias pero que la verdad en ese momento no me apetecía mucho, otro que estaba comiéndose un bocadillo, me lo alargó y preguntó si tenía hambre, en ese momento os prometo que no supe qué contestarle, si le decía que sí y lo mordía, me comía parte de lo poco que tenía, si decía que no, seguramente le ofendería, un dilema la verdad.

Al ver que dudaba, me dijo que estuviese tranquilo, que no tenia ninguna enfermedad, que ahora ya hacía tiempo que no se ?metía? nada y que en el centro le hacían revisiones y análisis periódicamente. Le dije que no era por eso, que me sabía mal comerme parte de su comida, que yo cuando llegase a casa ya cenaría. Entonces sin decir nada, rebuscó entre sus cosas y sacó una manzana y me la ofreció, y me dijo lo siguiente: ?muchos vivimos en la calle, otros en centros de acogida, etc. pero nos ayudamos y compartimos lo que tenemos? y era verdad, cada uno que iba llegando si tenía algo lo compartía con los que no tenían nada, entonces ya no lo pensé dos veces, cogí la manzana y me senté con ellos a comerla.

Esto me hizo pensar en que probablemente no está todo perdido, que aún hay esperanza para la humanidad. También me hizo pensar que casi siempre no queremos ver que alrededor nuestro hay gente que lo pasa mal, que no tiene donde vivir, familia o lo que es lo más triste, nada para comer, que paseamos por la ciudad sin ver que ocurre esto o lo que es peor no queriéndolo ver. Es más fácil verlo por la tele, pensar que esto ocurre solamente lejos de nuestras ciudades.

No valoramos lo que tenemos, estamos tan acostumbrados a ir a la nevera cada vez que tenemos hambre, que no pensamos que hay gente que no puede hacerlo.

Quizás ya va siendo hora de que exijamos a los que verdaderamente tienen el poder y la posibilidad de cambiar las cosas, que lo hagan de una vez o lo haremos nosotros, pero me temo amigos que esto es otra historia.

solagdc@wanadoo.es



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