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Una Bebida Llamada Gintonic


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El combinado más de moda en los últimos tiempos tiene sus orígenes en los jarabes y remedios de épocas antiguas. Conozcamos su historia

Eva Martín Escobar

El auge del gintonic durante estos últimos años podría hacer pensar a muchos que se trata de un cocktail moderno, inventado quizás por algún famoso barman de nuestra época. Nada más lejos de la realidad: este combinado carga una historia a sus espaldas que, curiosamente, está muy unida a la historia de la medicina.
 
Los orígenes del gintonic se encuentran en los árboles del enebro y de la quina. El primero, da origen a la ginebra, imprimiendo su carácter personalizado gracias a las nedrinas incorporadas a un destilado de cereales; el segundo, aporta a la tónica ese amargor característico que tantos adeptos despierta.
 
Los comienzos de la ginebra se remontan al siglo XII, cuando unos monjes italianos crearon la bebida por sus propiedades medicinales como remedio a la peste bubónica que asolaba el continente. Más tarde, en siglo XVII, nacería la ginebra tal y como la conocemos hoy de la mano del profesor de medicina holandés Sylvius de la Boe, que maceró las bayas del enebro en busca de un preparado con propiedades estomacales. No imaginaba que su preparado medicinal pasaría rápidamente de las boticas a las tabernas.
 
El primero en embotellar este destilado como bebida espirituosa fue el también holandés Ervin Lucas Bols, creando la famosa marca Aqua Juniperi, que se sigue vendiendo en la actualidad. Sin embargo, aunque su origen se encuentre en Holanda, fue Inglaterra la encargada de popularizarla. 
 
Los ingleses conocieron la ginebra durante la Guerra de los Treinta años, cuando se dieron cuenta de que los holandeses saltaban al campo de batalla con un coraje exagerado, fruto del consumo de esta bebida antes de la batalla. Por ello, la bautizaron como "coraje holandés", y la tomaron como bebida propia, popularizando en su país tanto el consumo como su destilación ilegal. Esta nueva bebida llegó a causar furor entre la población, dando lugar a revueltas y borracheras generalizadas, hasta que la subida de su impuesto impulsó la creación, en Londres, de un estilo más seco y de mayor calidad: el London Dry Gin. Su creador fue, cómo no, otro hombre de medicina: el farmacéutico James Burrough, padre en 1895 de la bebida nacional, el Beefeater.
 
En paralelo a esta historia, cuando el Beefeater no contaba aún ni con una década de vida, Johan Jacob Schweppe incorporó en 1870 un ingrediente muy especial a su popular agua carbonatada: la quinina.
 
Este señor, joyero y originario de Ginebra, había descubierto en el año 1783 un sistema eficaz de introducir burbujas de gas carbónico en el agua envasada de la botella, dando lugar a las primeras bebidas carbonatadas. Su compañía de bebidas se trasladó a Londres, donde sus bebidas de frutas y agua carbonatadas hicieron furor. Y fue precisamente debido a este éxito que la quinina acabaría uniéndose a sus afamadas bebidas. 
 
Resultó que, cuando sus bebidas estaban ya consolidadas como un gran éxito popular, Inglaterra se vio inmersa en el proceso de las colonizaciones europeas, y envió gran cantidad de tropas a la India. Junto con ellas, enviaba también cargamentos regulares de quinina, que en aquel momento era conocida y utilizada para paliar una enfermedad que arrasaba con la población en la India: la malaria. Los soldados británicos debían tomar su dosis diaria de quinina contra la malaria, pero al parecer ésta era tan amarga que el momento de ingerirla se convertía en una tortura diaria para las tropas.
 
Por esta razón, los soldados empezaron  a buscar rápidamente formas de hacer pasar mejor el mal trago y, casualidades de la vida, a alguien se le ocurrió mezclarla con agua carbonatada, limón y azúcar, naciendo así la tónica primitiva. Llegada la noticia de la popularidad de la nueva mezcla medicinal contra la malaria, Schweppe, que ya había demostrado sobradamente su buen ojo para los negocios, decidió añadir estos ingredientes a su producto ya desde la fábrica, creando así la primera agua tónica del mercado de la historia.
 
Curiosamente, la idea de mezclar ambos, ginebra y tónica, volvió a surgir entre aquellas tropas inglesas que habían ido a invadir las tierras hindúes. No está muy claro si fue para celebrar las continuas victorias de su ejército, o si fue simplemente para pasar mejor el remedio contra la malaria, pero en algún momento a alguno de aquellos soldados se le ocurrió contrarrestar el amargor de la quinina en la tónica con el dulzor de la ginebra. Había nacido el primer gintonic de la historia. 
 
La combinación tuvo tanto éxito en el lugar que cuando las tropas volvieron a casa llevaron consigo la receta del nuevo combinado, y llegaron a convertirla en lo que es a día de hoy su bebida nacional.

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Koldo Royo Coloma

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