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Un Mito Que Refutar: el Alimento Biológico


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Matteo Gaffoglio
Comunicador y experto en gastronomía



"No hay prueba que nutra más y mejor de los alimentos de siempre", según un estudio que llegó de Inglaterra, que pone juntos los datos de 50 años y más de búsquedas, teniendo en cuenta todo cuanto ha sido escrito y publicado sobre el alimento biológico, han sido pasados por el escáner nada menos que 52.000 relaciones científicas acumuladas a partir desde el lejano 1958.

Gritos de incredulidad y de indignación ya se han levantado en toda Italia, donde 8 millones de personas comen de preferencia productos biológicos pensando en hacer bien a su salud; pero la noticia de Inglaterra es que el "organic food" no tiene ninguna calidad positiva que lo distinga del alimento ordinario, es decir, ese obtenido de los campos y de las cuadras donde se utilizan productos químicos: lo certifica la británica Food Standard Agency, sobre la base de un estudio científico plurianual que será publicado por la autorizada American Journal of Clinical Nutrition. Es la búsqueda más amplia y profundizada jamás cumplida en el mundo.

Pues bien, la síntesis del director científico del proyecto, el profesor Alan Dangour, es que "no emerge prueba de algún beneficio significativo para la salud derivada del nutrimento de alimentos, así dicho, biológicos. Trazas de minúsculas diferencias se pueden observar, pero es improbable que tengan relevancia para la salud pública".

Dangour admite "una mayor concentración de fósforo en los alimentos biológicos respeto a los convencionales"; y añade enseguida que "el fósforo está disponible en casi todos los alimentos. La diferencia de contenido de fósforo entre alimentos biológicos y convencionales no es estadísticamente significativa". Otra versión: los productos biológicos son de media más ácidos, y esto los hace más sabrosos. "Pero esta pequeña diferencia de acidez -dice Dangour- tiene algo que hacer con el gusto, no con la salud". La concesión al mayor sabor de los productos biológicos es importante porque los estudiosos de la Fsa no entienden en hacer los ideólogos pro o contra, no quieren decir que el coste superior de los alimentos biológicos corresponda a dinero echado. Y todavía Dangour: "Se puede preferir el alimento biológico, pagándolo más, porque se encuentra más sabroso, o porque se considera que haga menos daño al ambiente en cuanto a producido sin sustancias químicas. Pero no hay ninguna prueba que haga mejor a la salud del consumidor".



Y a propósito de sustancias químicas ¿es posible que el uso o no de fertilizantes y pesticidas, o sea, los anti-parasitarios, no haga ninguna diferencia en la calidad de los alimentos? Hasta aquí todos creíamos que fuera cosa acertada y que no se pudiese más meterla en discusión. Y todavía Dangour sigue con lo mismo: "El eventual sobrante de sustancias químicas cotejado en los alimentos convencionales regresa en las ordinarias variaciones estadísticas, y que no tiene impacto significativo sobre la salud".

Entonces, como parece, el mundo ?bio? es sólo un mito, una burbuja inconsistente desde el punto de vista nutricional, pero incisivo sobre el frente económico. Los ingleses advierten, es preciso cuidarse de quién trata de confundir las ideas, convenciendo para comprar a precio caro fruta, verdura, carne, bebidas, hasta cosméticos y productos de cada tipo porque "naturales", y por eso, increíblemente sanos, especialmente si confrontados con productos de mismo tipo, pero "normales". A vender ilusiones son los mercantes de aquellos alimentos cuya única finalidad es aumentar el coste de la compra diaria, una media del 26% más, todo a su provecho.

El alimento bio quisiera abolir los antiparasitarios, pero los preparados químicos deben estar considerados un instrumento indispensable para la producción agrícola segura y ecológicamente aceptable. Proyectar abandonar su uso es ante todo contradictorio si, al mismo tiempo, se mantiene la actual reluctancia en aceptar los productos genéticamente mejorados (Ogm); los solos que puedan dejar esperanza, si no de abandono, ciertamente la reducción del uso de antiparasitarios y fitofármacos. Pero es también suicida. En ausencia de defensa desde el externo, el vegetal se lo produce por sí mismo el propio antiparásito natural, y en cantidad que no tienen cierto en cuenta del hecho que los niños aquel vegetal deberán comérselo.

A sostener la tesis británica es la búsqueda, hecha hace tiempo en los Estados Unidos, sobre las patatas biológicas: secuestradas en el mercado porque resultaban tóxicas a los niños, a causa de exceso de solanina que las mismas producían; y más recientemente en Italia, los niños de un colegio se les sucedió de masticar con el arroz, también gusanillos, cuya presencia -así se defendió la empresa abastecedora- era debida al hecho que aquel arroz era, precisamente, biológico. La publicidad que hacen para los alimentos bio dice que la práctica biológica no utiliza productos químicos de síntesis. Pero no dicen que no hay ninguna diferencia entre un producto químico ?natural? o de síntesis. No dicen que la homeopatía no cura alguna enfermedad. Por lo tanto no curaría una eventual infección de una vaca, cuya leche viene etiquetado ?biológico? solo porque la práctica biológica prescribe el uso de la práctica homeopática. Más vale entonces no hacerse engañar: decir no a los alimentos biológicos, y pretender que las comidas escolásticas sean de calidad intrínseca a los alimentos dados a los niños, no aquellos de una etiqueta humosa.

El profesor Renzo Pellati de Turín, en representación de los expertos italianos y de la dirección de la Sociedad italiana de ciencia de la alimentación (autor del libro Tutti i cibi dall?A alla Z, Ed. Mondadori), sostiene que el ?hallazgo? de los británicos es una especie del secreto de Pulchinela en la comunidad de los científicos: "Las aserciones favorables a los productos biológicos están sin fundamentas y poco convincentes. En muchos años nunca he visto un solo estudio con todas las de la ley sobre una revista científica internacional, que documentase las presuntas ventajas del biológico". Es más, "sobre los productos biológicos los controles dejan mucho que desear, mientras no es lo mismo por los tradicionales". El responsable salud, Donato Rotundo, de la Confagricoltura, que es formada por más de medio millón de haciendas agrícolas, sin comprometiéndose más de la cuenta, dijo que "calidad y seguridad alimentaría pueden ser obtenidas de manera toda similar a las dos metodologías productiva. Las producciones biológicas pueden dar una ventaja al ambiente".

Son 49.859 las haciendas agrícolas que han pasados a los cultivos biológicos; y parecen estar en continuo creciendo, porque al fin y al cabo y con datos en la mano, estos cultivos dan una buena cosecha, tanto que resulta también que 1.645 haciendas venden directamente por su cuenta sus productos; 2 millardos de euros, es el giro de entrada anual en Italia, cuyo ?business? está en aumento, hasta parecer inmune a los vientos de crisis del momento: sólo el año pasado hubo un aumento vertiginoso de los consumos del 23%. Contribuyan a incrementar las ventas los almacenes y los súper mercados, que son más de un millar, se encuentran ya en ciudades grandes y pequeñas desde el norte hasta el sur. Con ellos han nacido también los agroturismo que actualmente son 1178 abiertos en las mismas bio haciendas, es decir, desde el alimento al turismo. Son metas preferidas por los veraneantes, a los cuales se añaden también los extranjeros que los aprecian muchísimo, por el buen comer y el buen vivir al aire abierto. Y para los que no quieren moverse, Internet llega en socorro con 110 sitios para el ?shopping on-line? de las especialidades bio.

¿Pero qué son estos alimentos biológicos? A esta pregunta responde el profesor Giorgio Calabrese, dietólogo de Turín: "Son productos que derivan de técnicas de cultivos y criaderos que respetan la naturaleza, donde está prohibido el uso de los aditivos químicos. Esto permite de obtener productos gustosos, seguros y sobretodo nutrientes, porque ricos de vitaminas, sales minerales y oligo-elementos. El profesor Dangour y sus colegas ingleses, sin embargo, niegan este aspecto, tal vez porque buscan el imposible de hallar, es decir, la presencia de más proteínas, lípidos y carbohidratos. En este caso tienen razón. No los encontrarán de sobra. Pero si buscaran los elementos antioxidantes, se darían cuenta que los encontrarían mucho más y sobre todo no descubrirían los productos químicos, los cuales aunque permitidos por la ley, por lo cierto no son naturales y salubres. Así que no se debe divinizar el alimento biológico, pero denigrarlo es errado y anticientífico".

Una caso emblemático que merece ser citado entre los tantos productos bios, es el largo viaje de un zumo bío. Un consumidor compró en un supermercado un zumo de naranja roja siciliano biológico, leyendo la etiqueta aprende que ese zumo había viajado por 1.800 Km hasta Francia para ser elaborado y confeccionado. Pues, por otros tantos Km, ha vuelto a Sicília para la venta. El número verde (teléfono gratuito) explicó que el zumo había viajado en cisterna ?sanitizzata?, es decir esterilizada. El consumidor consciente de haber bebido un producto libre de pesticidas pero, aunque esterilizado, la etiqueta bien explicaba que la vitamina C se había reducido, hasta a ser el 40% de menos que de los demás zumos normales, y considera que siendo una producción local, del territorio, que sean limitados los transportes y los relativos inquinamentos.

¿Y cómo podían faltar? También los alimentos biológicos tienen sus detractores según los cuales a falta de pesticidas estos productos están llenos de parásitos que dejan deyecciones naturales pero tóxicas, y también cancerígenas, tanto y más que los pesticidas. Sobre tales riesgos no existen confirmaciones ciertas, pero la prueba tajante es que los parásitos existan. Por supuesto la palabra definitiva sobre una cuestión tan compleja y debatida por decenios todavía no ha sido pronunciada. Mientras tanto, los que quieren o no ahorrar, sigan comiendo los buenos alimentos que, desde siempre, han nutrido la entera humanidad.



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