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Philadelphia, tu Rincón Manchego


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Disfrutar de una comida exiquisita y elaborada a mano se aúnan en este bar del centro de la provincia de Albacete: un lugar tranquilo para degustar de los platos típicos de este lugar de la Mancha.

Cuando pisas el umbral de Philadelphia sientes dos cosas: por un lado, el efluvio a comida recién hecha te retrotrae a aquellos platos suculentos de las abuelas, de aquellos que describieron grandes novelistas y esos que porfías en recordar; por otro, su atento personal invita a dilatar la comida, postergar aquella otra cita y, en cierta ocasión, a volver una vez más. Por eso, el bar Philadelphia, aparentemente acogedor y tranquilo, lejos de aquellos restaurantes recargados y excesivamente modernos, encierra un alma afanosa y porfiadora de aquello que une a la región manchega: sus platos más típicos.

Unos platos que huelen a recién cocinado y horneado, elaborados a mano y con especial cariño y primor, y, sobre todo, con el sabor característico de esta comarca.
Mientras el ajo de matadero rememora a las matanzas del interior de la Península, el ajo aceite mantiene su tradicional espesor que aúna el sabor de la patata con un fondo del ajo machacado. Igualmente el denominado atascaburras, perfecto para estas fechas y de aspecto semejante al anterior, combina el ingrediente del bacalao y la patata, suavizado con el aceite, así como unas nueces salteadas que confieren cuerpo y textura a esta acostumbrada comida en días de frío gélido. Sin embargo, su plato exclusivo son las migas ruleras, con esas pequeñas bolitas de pan que, junto a sus pimientos, sus uvas o tajadas de panceta, ─según se prefiera─, esponjan la boca mientras se degusta, sin llegar a ser nunca empalagosas.

No sólo de cuchara e invernales, también se hallan diversos platos para picar en su terraza, hallada a lo largo de la entrada adyacente al local. Son famosos el crujiente rabo de cerdo, e igualmente la sepia a la plancha y el queso frito son inigualables. Sin embargo, el ejemplo por el que es conocido este bar de Albacete, son las patatas bravas. No así las comunes patatas fritas con un sabor excesivamente picante, sino que, preparadas a la plancha y meticulosamente cortadas, se acompañan de tomate o de keptchu, según los gustos: ya más conservador, ya más pueril. Por su parte, una mezcla sibarita elaborada a base de gulas, champiñones laminados, cebolla sofrita y jamón serrano resulta indescriptible e inefable, así como un aporte de modernidad en medio de este enclave de tradición.

Para los más golosos, un melifluo tiramisú, cremoso y delicado, de esos que se desmenuzan al probar bocado, con la tríada del queso mascarpone, el chocolate espolvoreado y los bizcochos hundidos en el café.

Lugar idóneo para la festividad presente y, así mismo, para cualquier evento o celebración, porque, recientemente reformado, se extiende en una gran amplitud, con aforo de más de 40 personas. Cercano al recinto de La Feria, ─celebrada entre el 7 y el 17 de cada septiembre─, permite conocer y visitar toda la ciudad de Albacete, y tan sólo por un módico precio alrededor de los 10 euros, se prueban los platos más típicos de la comunidad manchega, además de que <>.

 

 

 

 

 


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