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La Oficialización Del Sofisma Macrobiótico



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Miguel Ángel Almodóvar
Investigador y divulgador en ciencia nutricional y gastronomía

El Consejo de Ministros del pasado viernes, tras analizar concienzudamente los informes desarrollados por la Red Española de Agencias de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud,

certificó, de manera oficial y ante la evidencia científica, que la dieta macrobiótica carece de la más mínima utilidad terapéutica. Se concluye con ello un proceso iniciado en noviembre de 2018 por el ministro de ciencia Pedro Duque y la entonces ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social María Luisa Carcedo sustentado en el Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias.  Así pues, la macrobiótica pasa a ser, oficial y científicamente, un sofisma, una falacia, una engañifa.

Para empezar, está “dieta milagro” que está rodeada de una aureola de sabiduría oriental milenaria no tiene más de setenta años, ya que fue pergeñada por el “filósofo” japonés George Ohsawa tras haber sido curado, al menos en teoría, de un proceso tuberculoso por el doctor Sagen Ishizuka, quien sostenía que cualquier enfermedad o dolencia humana podía tratarse equilibrando el sodio y el potasio que aportan los alimentos, a lo que se añade  la tradición oriental del yin y el yang.

Con ese soporte de base y tras haber profundizado el método de su mentor, Ohsawa se traslada a Francia y en 1956 conoce a un estudiante universitario, René Levy, que además de convertirse en su más señalado discípulo le abrirá las puertas a un concepto práctico de aplicación gastronómica que culminará con la invención de la cocina macrobiótica y la fundación en 1979, trece años después de la muerte del maestro, de la firma Cuisine et Santé que durante tres décadas ha constituido un feraz semillero de vocaciones culinarias en torno a esta pseudociencia.

Básicamente, la dieta y cocina macrobiótica se caracteriza por un singularísimo protagonismo en el plato de los granos integrales, a los que siguen a cierta distancia las hortalizas, entre un 5% y un 10% de sopas y el mismo gradiente de porcentajes para legumbres y algas, siendo éstas un importante elemento de riesgo para personas con problemas de tiroides por el elevado contenido en yodo, a lo que se añade un considerable aporte de arsénico de algunas especies comestibles. Además, distintas revisiones científicas apuntan a riesgos potenciales de deshidratación y déficits proteínicos, de vitamina B12 y de calcio.

En su libro Más vegetales, menos animales, los dietistas nutricionistas españoles Julio Basulto y Juanjo Cáceres desaconsejaban la macrobiótica porque: “Sus fundamentos, la división de los alimentos en yin y yang o la creencia que hay alimentos que “dan frío o que “dan calor, son un sinsentido sin ninguna clase de explicación racional ni sustento alguno en investigaciones serias, algo que puede generar una confusión de impredecibles consecuencias; Los promotores de esta dieta suelen desacreditar a la medicina y niegan avances científicos que han logrado aumentar nuestra calidad y esperanza de vida; Las quiméricas atribuciones o incumplibles promesas que suelen promover quienes defienden las bondades de esta dieta, además de crear falsas esperanzas, pueden generar culpabilidad en las personas que la siguen o, peor aún, desconfianza en tratamientos médicos de eficacia probada, lo que pondrá en riesgo su salud”. Tiempo después añadirían otros dos motivos para desaconsejarla: “… la posibilidad de contraer una infección alimentaria a causa del rechazo a la utilización de conservantes y que seguir esta dieta puede resultar carísimo, comprometiendo la capacidad adquisitiva del individuo. Pero el peor de los riesgos de seguir la dieta macrobiótica es la muerte a causa de una malnutrición severa, algo que puede ocurrir si se sigue esta dieta de forma estricta”.

Pues lo dicho, desde el pasado viernes y de manera oficial el Gobierno de España considera que la dieta y cocina macrobióticas carece de la más mínima utilidad terapéutica.

@almodovarmiguelangel 



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