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¡feliz Aniversario, Fray Raimundo!



José Manuel Latorre, concejal de La Almunia; Carlos Martín, cocinero del restaurante El Patio de Goya, y Arturo Gastón, en el certamen Juan Altamiras 2019.
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Arturo Gastón
Promotor de proyectos de dinamización turísticos y gastronómicos. Periodista

El 12 de febrero de 1709 nació en La Almunia de Doña Godina uno de nuestros cocineros más relevantes, un hijo de la Ilustración que debemos reivindicar por el valor de su obra.

Tal día como hoy fue bautizado Raimundo Gómez del Val en La Almunia de Doña Godina. Debido a la altísima mortalidad infantil de la época, los recién nacidos eran bautizados de inmediato para que sus almas no se perdieran por el camino. Este dato nos hace pensar que posiblemente nació el mismo día del bautismo.

Según consta en el libro de bautizados de la parroquia de La Almunia, era hijo de Jacinto Gómez y de Catalina del Val. Un anónimo bebé de familia numerosa, el octavo de diez hermanos, que comenzaba su andadura el 12 de febrero de 1709, sin intuir que con el paso de los años pasaría a ser fraile lego de la orden franciscana y, lo más importante, ocuparía un lugar en la Historia de la cultura aragonesa bajo el seudónimo de Juan Altamiras, como autor del célebre libro Nuevo Arte de Cocina sacado de la escuela de la experiencia económica.

Sabemos que fue editado en 1745, también que supuso una revolución de los conceptos de cocina del siglo XVIII y que fue el libro de cocina más editado de los siglos XVIII y XIX. Hasta casi caer en el olvido de nuestros días ingratos.

El noviciado y sus primeros pasos en la cocina pudieron ser en San Lorenzo (La Almunia) o en el cenobio de San Cristobal (Alpartir), el retiro veraniego de los frailes. El Convento de San Lorenzo bien merece una visita. En sus jardines se encuentran los restos del claustro. Debemos tener en cuenta que el convento fue fundado a comienzos del siglo XVII, y sirvió como fuerte en la Guerra de la Independencia, de donde toma su nombre popular, El Fuerte.

Antes de una visita a su más que interesante Museo del Juego y el Deporte Tradicional, debemos hacer parada y fonda en el restaurante El Patio de Goya, “Embajador Juan Altamiras 2022” y defensor a ultranza de su recetario.

Siguiendo el rastro biográfico del bueno de Raimundo, sabemos que en 1730 lo enviaron al colegio de San Diego (Zaragoza), que la publicación de su libro de recetas le pilló en una estancia en Madrid, y que mucho más adelante, ya con más de cincuenta años, regresó a San Diego. Sin embargo, no pasaría allí sus últimos días. Falleció en el convento de Santa Catalina del Monte de Cariñena, entre febrero de 1770 y septiembre de 1771. Convento que se encuentra en un paraje a cinco kilómetros de Cariñena, en estado ruinoso, pero donde se distinguen algunas dependencias destinadas al culto y al trabajo de los frailes. Para llegar a este yacimiento arqueológico debemos tomar la carretera A 220 dirección Belchite, hasta el km 24.

Estos vestigios se pueden visitar tras un esencial recorrido por el Museo del Vino. Recordemos que estamos en la Denominación de Origen Protegida Cariñena, que goza de una estupenda red de Enoturismo gestionada por la Ruta del Vino Campo de Cariñena, entre cuyas bodegas destacaría la gratificante experiencia en la bodega Grandes Vinos, donde podréis catar y adquirir el nuevo vino Juan Altamiras.

En esta zona contamos con dos magníficos “Embajadores Juan Altamiras 2022”. Un clásico de impecable trayectoria y saber hacer es el restaurante La Rebotica, dirigido en la actualidad por Clara Cros, que ha sabido recibir el testigo de manos de su madre poniendo el listón cada vez más alto. Una alternativa de corte diferente, más moderno y de reciente apertura, es el restaurante Entreviñedos donde vais a disfrutar de una cocina excelente en el corazón de estos viñedos legendarios que ya enamoraban, en el siglo XVIII, a los mismísimos Conde de Aranda y a su amigo Voltaire.

Altamiras, coetáneo y vecino de Paco Goya

Azares de la vida hicieron que en 1745 se editara el libro y, un año después, en 1746 se produjera el nacimiento de un zagal que marcaría el rumbo de la pintura universal. El bueno de Paco Goya llegaba a Fuendetodos para sumarse a la fascinante nómina de ilustrados que vivieron una época maravillosa y convulsa, entre el elogiado Carlos III y el felón Fernando VII.

Y ya que hablamos de coincidencias, cuando Altamiras llegó a Zaragoza, aterrizó en el Colegio de San Diego, situado al lado del Real Convento de San Francisco, a los que les unía una huerta en común. Su demolición sirvió para expandir el centro de la ciudad dando más anchura al paseo de la Independencia y poder abrir la calle Cinco de Marzo. De allí, a la Plaza de Santa Marta hay cinco minutos andando. Y en esta plaza debes probar un Guardia Civil bien picante de La Taberna El lince, que en aquella época se llamaba Taberna de Mariquita, y donde se podía encontrar al jovencísimo Paco Goya dibujando retratos por unas monedas y tocando la guitarra con desparpajo. Pocos años separan ambos momentos: la llegada de Altamiras a San Diego y las jotas de Goya en la taberna. Si queréis saber más sobre este asunto, os recomiendo la lectura de la novela El retrato de la madre de Goya, del catedrático de Historia y presidente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, Domingo Buesa.

Por último, quiero agradecer la constante colaboración de José Manuel Latorre, “Seve”, concejal del Ayuntamiento de La Almunia, localidad en la que encontraréis numerosos paneles informativos, como el de la imagen, que forman parte de la Ruta de Altamiras en la localidad zaragozana.


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