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Recetas y historias

Felices Pascuas Y Dos Huevos Duros



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Miguel Ángel Almodóvar
Investigador y divulgador en ciencia nutricional y gastronomía

Terminó la Cuaresma, cuadragésimo tiempo de purificación e iluminación del espíritu y de mortificación del cuerpo privándole de algunas viandas, y empieza la Pascua, siete semanas para relacionar la resurrección de Cristo con nuestra propia resurrección y disfrutar de los huevos en cuerpo y alma, según sean estos duros o de chocolate.

Aunque tales goces suelen estar asociados a los primeros días, nada impide, antes al contrario en momentos de confinación y clausura, disfrutarlos hasta el final, domingo de Pentecostés, que este año coincidirá con el 31 de mayo, con sayo o sin sayo.

El protagonismo del huevo en estos días, y por lo que se refiere a Europa en general,  se remonta a tiempos muy remotos por ser símbolo de fecundidad y a la vez coincidir en el hemisferio norte con la primavera, estación estrechamente asociada a la fertilidad cigótica o de cualquier otro tipo. 

El cristianismo, como en tantísimos casos y circunstancias, tuvo la brillante idea de solapar su propio negociado con la ancestralidad de otros ritos convirtiendo al huevo en símbolo del tiempo pascual. El protagonismo de su preparación en duro, cocido o sancochado, deriva de que durante los cuarenta días de ese tiempo litúrgico y a través de los siglos la abstinencia de huevos era obligada, y como quiera que las gallinas, ajenas en su mentecatez a los preceptos de la Santa Madre Iglesia, seguían poniendo, algo había que hacer para aprovechar el preciado sustento. Nada mejor que cocerlos y conservarlos para cuando pasara el severo convenimiento de Doña Cuaresma,  y así fueron surgiendo preparaciones culinarias asociadas al periodo y coyuntura.

Así las cosas, se insta (y repetimos, no ruega o suplica sino insta) al consumo diario, que la Organización Mundial de la Salud ya dio su particular bendición hace tiempo, de unos huevos duros, que por unidad aportan unas ochenta calorías, lo que resulta más que dietéticamente razonable, y además son una fuente excepcional de proteínas, entre doce y catorce gramos por cada cien, de muy alto valor biológico, al punto de que el huevo es considerado la proteína patrón a partir de la cuál puede medirse la calidad de otras; de grasas mono y poliinsaturadas, de fácil digestión y muy saludables; de lecitina, que ayuda a disolver las grasas del organismo; de vitaminas del grupo B que equilibran y mantienen en forma el sistema nervioso; de minerales como hierro, fósforo, potasio y magnesio; de luteína que junto al ácido fólico resulta imprescindible para el correcto desarrollo del sistema nervioso central del feto; y de dos carotenoides, luteína y zeaxantina, que ayudan a prevenir trastornos oculares como las cataratas y la ceguera. 

 

Para colofonear y remitiendo la práctica a la cita marxiana de aquella noche en la ópera, desde este púlpito, o antepecho en su defecto, se proponen a la parroquia dos recetas: la de los típicos hornazos, empanada de masa rellena de productos de chacinería, tal que lomo, jamón, chorizo, y,  y, cómo no, huevo duro, y la que ofrece Margarita García en su blog Gastroamanteshttp://gastroamantes.com/con el nombre de Huevos rellenos de salmón y eneldo, http://gastroamantes.com/huevos-rellenos/y más cosas que se verán en la receta.

Que de menos nos hizo Dios. 

 

 

 

 

 



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