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El 'Cronut', una Pasión Neoyorkina


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Desde el pasado mayo se ha desatado el furor entre los neoyorkines debido a la creación de Dominique Ansel, el "Cronut".

          Quién iba a decirle a Dominique Ansel que encontraría la fórmula para volver loca a la gran manzana neoyorkina. Este francés nacido en el norte de su país comenzó su carrera culinaria a los dieciséis años en el restaurante de una cocina. Tras el servicio militar se trasladó a París y acabó trabajando para el maestro de las pastas, el chef Christophe Adam durante siete años. Más tarde fue chef jefe en Daniel recibiendo numerosos reconocimientos y por último, en 2011 abrió su propia pastelería, Dominique Ansel Bakery.

       La mezcla de estas dos culturas, la francesa y la estadounidense, en el barrio de Soho ha dado como resultado el “cronut”, toda una novedad que ha desatado pasiones. El origen de esta creación está en el equipo de Dominique, que como buenos estadounidenses querían comer donuts. Dominique nunca había hecho muchos, pero lo que sí dominaba eran los croissants, así que decidió modificar ese dulce tan francés hasta conseguir algo similar a lo que pedían. La consecuencia de ello es el “cronut”.  El nuevo dulce consiste en una fina masa laminada rellena de crema y recubierta con una capa crujiente y glaseada. Con respecto a la demanda que tiene, el precio de este producto es una ganga, tan solo cinco dólares por unidad. El problema es que Ansel solo permite la venta de dos “cronuts” por persona, ya que la producción diaria es de 200. La reventa no ha tardado en aparecer, este dulce ha alcanzado hasta los cuarenta dólares por unidad.

      Para el furor de los neoyorkinos el mal tiempo y la madrugada no suponen un obstáculo. Las colas para obtener este producto son llamativas y en menos de una hora el “cronut” desaparece para el resto de la jornada.  La nueva moda es haber comido un “cronut” para desayunar y prueba de ello es el hastag #cronut que encontramos en Twitter.

      El lado bueno que le ve Ansel al éxito de su dulce es su consumo. Por otro lado descarta la producción en masa, no solo por el peligro de un descenso en la calidad del producto, sino porque cree que en su pastelería hay otros elementos que tendrían que reclamar mayor atención que el “cronut”. Dominique Ansel es un hombre inteligente, al seguir produciendo tan pequeñas cantidades y mantener las ansias de obtener el dulce evita el ya tan conocido “morir de éxito” que sufre Starbucks u otros negocios. Ahora solo queda esperar y ver qué ocurre. ¿Será una fama pasajera? ¿O pasará este dulce a ser algo selecto y codiciado?


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