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La Gastronomía, Ingrediente Literario


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Tras un fin de semana en que los puestos de libros aún han recordado que el pasado jueves se celebró el Día del Libro, desde Yocomo queremos hacer nuestro humilde homenaje a la literatura recordando algunas novelas en las que la cocina es mucho más que un escenario.

 

'Como agua para chocolate’, Laura Esquivel.

Se trata del imprescindible de cualquier compilación de libros protagonizada por la gastronomía. La autora mexicana cuenta la historia de Tita, quien siendo muy joven conoce a Pedro, prohibido gran amor ya que al ser la menor de tres hermanas debe mantenerse soltera para hacerse cargo del cuidado de los padres. Desde niña se encarga de su cuidado Nacha, la cocinera de la familia, que le enseñara el vínculo de la cocina y la existencia.

En 'Como agua para chocolate' la cocina no es sólo el eje sobre el que se desarrolla la trama, sino un personaje más; los alimentos se convierten en metáforas que hacen que la historia avance: las cebollas son motivo de lágrimas, las codornices negras simbolizan la fe y los pétalos de rosa provocan pasiones incontrolables. Esquivel escribe cada capítulo en torno a una de las recetas familiares: los tradicionales chiles en nogada, el mole de guajolote con almendra y ajonjolí, las torrijas con nata, los frijoles con chiles a la Tezcucana o las afrodisíacas codornices con pétalos de rosa.

'El Quijote’, Miguel de Cervantes.

Casi todo el mundo conoce el inicio de 'El Quijote', ese “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” que se pudo oír desde el pasado 23 de abril en el Círculo de Bellas Artes en esa lectura continuada de la novela caballeresca del Siglo de Oro que en esta decimonovena edición inauguró el escritor Juan Goytisolo, premio Cervantes 2014. Y, sin embargo, no tanta sabría continuar con la segunda frase, donde el autor ya empieza a dar cuenta de las costumbres culinarias de la época: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

La olla o ‘cocido’ era el plato principal de la alimentación diaria en la época, tanto para la comida como para la cena, y permitía el uso de variados ingredientes, desde carne o tocino hasta verduras o legumbres. En la edición de 'El Quijote' que el Instituto Cervantes publica en su web explica que “en una buena olla había menos vaca que carnero (la vaca era un tercio más barata que el carnero)”, lo que deja intiuir la no muy boyante situación económica del caballero de la triste figura. En esa misma versión se explica que “el salpicón se preparaba como fiambre con los restos de la carne de vaca, picada con cebolla y aderezada con vinagre, pimienta y sal” y que las “lentejas” de los viernes, al ser día de ayuno de carne, debían de estar elaboradas como un potaje sin carne aderezado “con ajo, cebolla y alguna hierba”.

Pero, sin duda, uno de los platos más conocidos de la novela de Alonso Quijano son los “duelos y quebrantos”, un plato que respetaba el ayuno de carnes selectas que en el reino de Castilla se mantenía los sábados y que se cree que hacía referencia a un guiso en el que se utilizaba la carne de los animales que fallecían en la labranza, como vacas o burros. La receta se mantiene en la gastronomía manchega como un revuelto de huevos, chorizo, jamón y tocino.

Las recetas de Carvalho’, Manuel Vázquez Montalbán.

El detective Pepe Carvalho, conocido personaje de ficción creado por Manuel Vázquez Montalbán y que apareció por primera vez en la novela ‘Yo maté a Kennedy’ (1972), tiene entre sus más reconocibles aficiones la lectura, los viajes y el buen comer, lo que explica las múltiples referencias culinarias en los libros del escritor catalán -quien ha reconocido haber transmitido a su criatura su pasión por la gastronomía-.

La relación entre Carvalho y la mesa es tal que existe incluso un libro que la trata en exclusiva, 'Las recetas de Carvalho', firmado por el propio Montalbán, y una ruta que recorre algunos de los bares tradicionales de Barcelona que aparecen en las novelas. El escritor, que se definió como "periodista, novelista, poeta, ensayista, antólogo, prologuista, humorista, crítico, gastrónomo y culé”, también se centró en la gastronomía en obras como ‘Contra los gourmets’ o 'Recetas inmorales'.

Una pena olvidarnos del pebre chileno de Antonio Skármeta en 'El cartero de Neruda' o del “sancocho épico” del Caribe que preparaba la Úrsula Iguarán de Gabriel García Márquez, pero véase este post como un ligerísimo pincho con el que abrir boca a un menú contundente y variado. Una deliciosa manera de profundizar en él es el libro ‘El sabor de la eñe. Glosario de gastronomía y literatura’ (Instituto Cervantes), una recopilación de 59 recetas que han aparecido en textos de autores españoles e hispanoamericanos acompañadas de su contexto literario y de los ingredientes necesarios para su elaboración.

¡Qué aproveche la lectura!


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Koldo Royo Coloma

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