La Plaza Vieja de Almería no fue ayer solo una plaza. Fue un latido. Un corazón colectivo que palpitó al ritmo de doce campanadas adelantadas y del color rojo intenso de miles de tomates cherry que, uno a uno, fueron celebrando algo más que la llegada simbólica del nuevo año. Celebraron identidad, trabajo, orgullo y futuro.
Más de 6.000 personas llenaron hasta el último rincón de la recién renovada Plaza de la Constitución para participar en la segunda edición de Los 12 Tomates de la Suerte, una cita que ya no es solo una iniciativa navideña, sino un acto de afirmación almeriense. Familias enteras, grupos de amigos, visitantes y curiosos compartieron risas, brindis improvisados y una certeza común: en Almería, el tomate no es un producto, es una forma de estar en el mundo.
Quien suscribe pudo ser testigo directo de este gran acontecimiento, al igual que ya lo fue en la pasada edición, viviendo desde dentro una celebración que crece en participación y emoción año tras año. Una experiencia posible, una vez más, gracias a la amable invitación de Pedro Caparrós, cuya cercanía y compromiso con la ciudad se reflejan tanto en los grandes gestos como en los pequeños detalles.
Presidiendo el acto estuvo la alcaldesa de Almería, María del Mar Vázquez, quien puso voz institucional a un sentimiento popular al destacar el valor de una propuesta que une tradición y participación ciudadana, al tiempo que devuelve la vida y el encuentro a un espacio emblemático como la Plaza Vieja. Una plaza que ayer volvió a ser plaza de todos.
El evento pue presentado por la periodista Mar Villalobos y el cocinero Rafael Rodríguez
Las campanadas, guiadas con complicidad y cercanía por la periodista Mar Villalobos y el cocinero Rafael Rodríguez, cambiaron las uvas por tomates cherry, en un gesto tan simbólico como certero. Porque si hay un fruto que representa a esta tierra, es el tomate. Y si hay un nombre propio que ayer resonó con fuerza entre miles de bolsas rojas, ese fue Lobello, de Caparrós.
Se repartieron 6.000 bolsitas, como esta que se muestra. Seis mil pequeñas promesas de sabor. Seis mil Lobellos, galardonados por octavo año consecutivo como Sabor del Año. No es casualidad. Es constancia, innovación y respeto por la tierra. En una provincia que produjo 750.000 toneladas de tomate en la pasada campaña —siendo la primera de España y la quinta del mundo, según datos de Coexphal—, Lobello no es uno más: es bandera.
El tomate cherry Lobello de Caparrós fue el auténtico protagonista silencioso de la tarde. Avalado por chefs de prestigio como Manuel Leal, Antonio Carmona y Ginés Peregrín, miembros destacados de la Cofradía del Tomate y de la Asociación Gastronómica del Tomate, el producto encarna la unión perfecta entre agricultura y gastronomía, entre campo y mesa, entre tradición y vanguardia.
Durante el acto, mensajes de apoyo de almerienses universales como Carlos Herrera, José Mercé, Vera GRV y Vicente del Bosque reforzaron el carácter colectivo de una celebración que ya forma parte del imaginario navideño de la ciudad.
Pero detrás de cada tomate hay una historia. Y detrás de Lobello hay una empresa y un apellido que llevan más de cuatro décadas sembrando futuro. Pedro Caparrós, presidente de Caparrós, lo resume con la serenidad de quien sabe que el trabajo bien hecho deja huella: desde la fundación de la compañía, hace más de 40 años, Caparrós ha sido motor económico y social, creando riqueza y generando más de mil puestos de trabajo directos, demostrando que el éxito empresarial puede —y debe— ir de la mano del compromiso con la tierra y con las personas.
La fiesta culminó con la música de Las Migas, referentes internacionales del flamenco contemporáneo, que pusieron sonido y emoción al cierre de una jornada cargada de ilusión.
Los 12 Tomates de la Suerte se integran en la programación navideña del Ayuntamiento de Almería, con más de 120 actividades destinadas a dinamizar el comercio, la hostelería y la vida social de la ciudad. Pero más allá de cifras y agendas, lo vivido en la Plaza Vieja fue algo más profundo.
Fue Almería mirándose al espejo y reconociéndose en un tomate. En doce. En miles. Fue la certeza de que hay tradiciones nuevas que nacen con raíces profundas. Y que, cuando el futuro se celebra en rojo Lobello, sabe mucho mejor.