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Año IIINumero 33

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Editorial
por Koldo Royo


Josep Lluís Seguí

Efectos gástricos secundarios
Meg Ryan y Billy Cristal en "Cuando Harry encontró a Sally"

Para efectos gastronómicos secundarios, los que produce el fingido orgasmo de Sally (Meg Ryan) en la más que famosa secuencia de eso, del fingimiento de un orgasmo femenino, en la película “Cuando Harry encontró a Sally”. La situación se da en un restaurante de carretera, prácticamente con las mesas llenas, de las que en muchas de ellas surgen improvisados, sorprendidos, espectadores del hecho: ese orgasmo que la Sally-Ryan representa para Harry-Billy Cristal. Tras la representación, excelente, de Meg Ryan-Sally, una vecina de mesa le pide a la camarera que le sirve lo mismo que a ella... Lo que es tanto como suponer que el plato ingerido por Sally contiene efectos excitantes, placenteros, que conducen al orgasmo.

Jack Nicholson y Michelle Pfeiffer en "Lobo"
Un efecto parecido es el que atribuye la esposa del hombre lobo (Jack Nicholson, “Lobo”), en el inicio de su transformación licantrópica, cuando tras cenar estofado en la intimidad él la incita a hacer el amor, la tiende sobre un sofá, le arranca la bata a mordiscos... ante lo que la sorprendida y al tiempo complacida mujer pregunta: “¿Qué tiene ese estofado?” Incluso al día siguiente, la mujer del, por momentos más lobo Nicholson, le dejará un recado en el contestador en el que, refiriéndose a la cena, dirá, irónica e incitadora: “Tenemos algunas sobras del estofado de anoche. Veremos si aún funciona. ¡Animal” Y tanto, porque su próxima comida será un ciervo vivo y sangrante. No rechazará, el lobo Nicholson, la crema de cacahuete que le ofrece la felina (véase en “Batman”) Michelle Pfeiffer, aunque ésta, por amor, devendrá una mujer loba que se unirá, con un transgresor final feliz para la pareja de licántropos, en compañera amorosa y, es de suponer, de bocados sangrientos, de carne... no necesariamente estofada.

El hambre, las ganas o el deseo de tomar un buen filete, primero, y una hermosa mujer después, llevará al Frank Chambres de la versión realizada por Bob Rafelson en 1981 de “El cartero siempre llama dos veces”, a emplearse como mecánico de coches en el restaurante de carretera donde va a parar en su vagabundeo por una América en plena depresión económica, como la del mismo vagabundo. Es significativo que en esta versión de la novela de James Cain la aparición de Cora, la mujer que complicará a Frank Chambers en el asesinato del marido, aparezca en la cocina. Si el sueldo, incluida la comida, que le ofrece el dueño del restaurante no es suficiente para animar al vagabundo a establecerse en el restaurante, sí que lo será la visión de la mujer (ese crucial momento que en la novela se resuelve con una sola frase: “Entonces la vi”). Frank Chambers, el de los pies inquietos, ve a la mujer, la cocinera, y un nuevo deseo, ganas o hambre le surge: devorarla, digamos, sexualmente.

Jessica Lange en "El cartero siempre llama dos veces"
Será en la cocina donde se producirá el primer acto amoroso de la pareja. Esa igualmente famosa secuencia en la que Frank-Jack Nicholson hace el amor de manera apasionada con Cora-Jessica Lange... sobre la mesa de cocinar, después que ella eche al suelo panes recién cocidos y más o menos involuntariamente se espolvoree con harina. El sexo y el alimento, el hambre y las ganas... de hacer el amor, tienen en esta espléndida secuencia una de sus mejores representaciones.* Sin olvidar lo estimulante que puede resultar un estofado ingerido por un hombre lobo, así como el que un orgasmo fingido por una mujer pueda promocionar un plato de restaurante entre la clientela femenina.

*Se dice que, de hecho, Jessica Lange y Jack Nicholson realizaron el acto sexual en realidad mientras las cámaras filmaban, lo que es una jugosa anécdota cinematográfica, sexual, incluso gastronómica.
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