Norberto Eugenio Petryk

El desarrollo del estímulo de los sentidos ayuda a llevar una vida mucho más placentera y a aumentar el placer sexual; hay diversas técnicas para hacerlo solos o en pareja. La cocina puede convertirse en una ayuda muy buena para ello.
Al introducirnos en el conocimiento de la anatomía humana y el funcionamiento interno de sus órganos observamos como a través de estímulos exteriores o mensajes químicos se ponía en funcionamiento el hipotálamo e hipófisis generando una respuesta sexual, observamos uno de los órganos, aún discutido, el vomero-nasal, que aunque se encuentre casi en el mismo sitio que ocupan las fosas nasales posee un mecanismo independiente.
Pero observemos que el hipotálamo recibe estímulos de los cinco sentidos, que se transforman también en mensajeros químicos que activan distintas funciones específicas, entre ellas las sexuales.
La comida está altamente relacionada con estos sentidos pudiendo aumentarlos o exacerbarlos, aun y en muchos casos prolongando los estadios de placer; tomemos el caso específico del chocolate que al ser consumido además de estimular el sistema nervioso central por ser rico en xantinas (teobromina), estimulando también el sistema circulatorio y respiratorio, reforzando y mejorando la relación esfuerzo?trabajo-; además aumenta la serotonina produciendo el mismo efecto placentero que el sexo.
Tanto el placer, felicidad, como los sentimientos ligados al malestar, dolor, que a veces puede proporcionar placer, están ligados a los sentidos.
Para poder tomar mayor conciencia de los sentidos recorramos los órganos encargados de los mismos uno a uno:
Ojos = vista / oídos = audición / nariz = olfato / boca, lengua = gusto / piel = tacto
Muchas veces me encontré pregonando el uso de los sentidos en la cocina entre mis ayudantes, les trataba de enseñar a adquirir memoria visual, auditiva, olfativa, táctil y de sabor, aplicándolas todas iban a poder desarrollar el sexto sentido que les permitiría unificarlas y utilizarlas en situaciones futuras.
Enseñar el arte de cocinar es como enseñar el arte de amar; los alumnos primero deberán aprender a ver, mirar, y de esa forma apreciar todas las indicaciones externar, de las señales que puedan hacer el/la amante, perdón, colores, frescura, brillo, ebullición o evaporación de las pasiones de cada alimento ?elemento-, y así descubrir cuando es el momento oportuno para cada paso y uso; allí otro punto: el saber respetar los tiempos, no se puede apurar una carne al horno ni un buen guiso, tampoco empujar abruptamente a la/el amante a la cama. Deberá también aprender a oír ?escuchar- los diferentes sonidos que también le indiquen los usos de esos tiempos. Tendrá también que experimentar el olfato para descubrir las diferentes delicias o cambios de estado, al igual que deberá saber reconocer los distintos sabores, que tanto en las comidas como en el mapa de la piel provocarán distintos placeres.
Por último, deberá saber tomar contacto con las manos a través de las caricias ?texturas de las formas-. Aprender a maniobrar una masa, masajearla fuerte o suavemente de acuerdo a la circunstancias y al mensaje que reciba de ella. Saber cual es el momento justo del descanso, del levado o de poner en el horno. Apoyar suavemente las yemas de los dedos y experimentar con delicadas caricias lo frío o lo caliente. En fin, un/a buen/a amante puede llegar a ser un/a buen/a cocinero/a y viceversa.
Recuerdo algo que leí de José Luis Armendáriz ?Chef y maestro de cocina español-: ?Cada día me sorprendo más con los alumnos que nos llegan, chicos con dieciséis o más años y nunca han probado unas judías verdes, un filete de hígado o unas espinacas. Si desconocen el sabor, el aroma, la textura... de sus principales elementos de trabajo, cómo pueden pretender trabajar con ellos. Tristemente la solución es imitar la foto, crear ese icono visual que es el plato, en el cual se omiten aquellos valores que son propios, porque quien no conoce el resultado final, difícilmente puede llegar a él por medio de la vista, y es que la cocina es primero aroma y sabor.
Se quejan muchos críticos de la cocina falta de sabor, insustancial... y es curioso, a veces la técnica es impecable, pero qué pasa. Pasa que las técnicas no son las adecuadas para ese producto, pasa que se combinan productos que no pegan ni con cola, pasa que no se sabe qué se quiere conseguir con ese plato, pasa que se concibe como una idea visual y ese es el fallo más gordo. No se puede cocinar sin tener memoria gastronómica ni el recuerdo de sabores tradicionales.
Quien no tiene memoria sensorial carece de referencias al orientar su cocina, no tiene desarrollada la estética del gusto y carece de criterio gastronómico pero si, además, concibe un plato por su montaje en lugar de por su cocinado, apaga y vámonos.
Podemos enseñar el producto, podemos enseñar la técnica, podemos enseñar a combinar texturas, jugar con dimensiones, alternar colores, etcétera, etcétera, etcétera. Pero cuando te dicen ?yo, eso verde, no lo pruebo?, sabremos que si su gracia va ligada a la estética y su futuro le depara seguir en los fogones, cocinero visual habremos, y que podrá llegar lejos, aunque no sabremos de dónde?.
Todo esto mismo lo podemos aplicar al trato con la pareja o con un amante, puedes utilizar todas las mejores técnicas, pero si no son las adecuadas y no se utilizan los sentidos y se carece de criterios amatorios, pude que resulte un montaje perfecto pero sin sabor? Estaremos copiando como en una fotografía lo que hemos visto pero en la practica resultará insatisfactorio.
Estimular el sentido del tacto es muy importante para una buena comunicación sexual y fundamental para la cocina. Es un muy buen ejercicio el tomar diferentes elementos comestibles y analizarlos al tacto, experimentar sus formas y texturas, sus distintas temperaturas y cambios. Es muy importante en toda comida que busque estimular los sentidos sexuales, que se encuentren elementos que puedan permitir ser tomados con las manos para aumentar el placer; un órgano a veces no reconocido para el tacto es precisamente la lengua, con ella también podemos tomar contacto con la comida.
Muchos alimentos nos brindan estímulos de tipo sexual por la forma exterior de los mismos como es el caso de pepinos, bananas, espárragos, higos, ostras, algunos tipos de panes, contornos en las formas de algunos envases, etc. Por lo cual el juego se encuentra en tus manos...
Como he mencionado entre los productos denominados afrodisíacos encontramos algunos que hacen referencia visual a órganos sexuales estimulando de esa forma nuestra libido a través de los mensajes enviados a la mente, pero es también importante destacar que un ambiente agradable y estimulante enviará mensajes que el cerebro podrá interpretar como placenteros, el color en las comidas, su presentación y disposición en los platos, que por supuesto es de suma importancia que además de ser agradables visualmente sean agradables y estimulantes al gusto, porque ni pensar de algo plásticamente bello pero sin sabor o desagradable pueda terminar estimulando a los sentidos.
La lengua nos permite, junto con la nariz, experimentar la sensación del gusto y sirve para la función del habla y el proceso de masticado y tragado de los alimentos; posee un conjunto de células especializadas que se denominan ?yemas gustativas?, que son los órganos especializados del gusto; otras células producen la saliva que es fundamental para tragar los alimentos y para establecer el contacto químico con los mismos ya que solo a través de esa humedad se puede establecer el intercambio químico que provoca los estímulos.
Las yemas gustativas se encuentran hundidas debajo de la superficie de la lengua en surcos y cavidades, junto a ellas se encuentran las células que secretan líquidos que servirán para enjuagar las cavidades y los surcos poniéndolos en condiciones de recibir los estímulos nuevamente. Las yemas gustativas contienen células con forma de pelos cuyas terminales sobresalen al exterior de los surcos, estas células terminan en una fibra nerviosa que es la encargada de comunicar las sensaciones recibidas al cerebro.
Además del efecto químico producido en las yemas gustativas que provoca la sensación del gusto, se produce un efecto de sensaciones táctiles, tanto físicas como químicas, valorándose de esa forma el tamaño de una partícula o alimento, su textura, su consistencia y temperatura; la propiedad química produce sensaciones como la frialdad que suele sugerir la menta o el grado de picante de un ají chile o guindilla, la sedosidad de la crema, la frescura aportada por la albahaca, etc.

Déjanos tu comentario