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Lola Lapierre

Diseño culinario

Mis queridos amigos de Afuegolento:

Ayer fui a ver una Exposición-Happening en el estudio de diseño de Torres y Torres... Poco os imagináis lo que allí daban a probar aunque, igual, va y os resulta algo habitual y muy familiar. Pues bien, fue nada menos que una gelatina en forma de teta color marrón, de sabor dulce, y otra del mismo color pero salada, esta vez con forma de culo. Se podían coger de una bandeja de plata que estaba en un estante del estudio.

La prueba de imaginación gastronómica servía de aperitivo en una exposición de nuevos bolsos que el estudio había diseñado y que se podían ver expuestos en diferentes vitrinas: El bolso teta para salir de noche (No muy grande, por tanto, adecuado para llevar tabaco o unas llaves) y la mochila culo, para llevar unos libros, por ejemplo. Igualmente se encontraba en la exposición “Nude design” (Diseño Desnudo), el bolso lengua (Con la forma de ese órgano repleto de papilas gustativas que aprecian tener los buenos gastrónomos) que además tenía la gracia de que se transformaba en porra (¡Mucha atención mujeres de todo el mundo que podría ser de una utilidad tremenda para defender a quien lo lleva consigo!).

Al rato de mirar los nuevos diseños, el camarero pasaba gelatina en una cuchara. ¿Es la teta salada? Había probado el culo salado, que sabía como al caldo de pollo y como no me había gustado demasiado, esperé que pasara la gelatina de teta de fresa que pintaba más rica. Pues, en efecto, era más buena. Lo mejor, sin embargo, aún no había llegado: Lo trajeron después de la copa de cava que siempre se ofrece en todas las celebraciones: ¡Crujiente de pipas!, una tostadita fina deliciosa. Y pan con aceite y azúcar... Qué rico estaba, qué rico.

Pues con el crujiente partí del estudio contenta y satisfecha, porque no hay como comer bien para terminar de estar feliz... Y aparte, cuando ya estaba fuera de allí, algo me dijo que hay un campo abierto para el diseño en la cocina...
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