El mirador
¿Qué es un mirador? según el diccionario es, un corredor, galería o terrazo para explayar la vista. Y diréis: ¿pero qué nos cuentas Koldo?, esperad amigos; también podría ser una persona que mira mucho, que contempla la vida de muchas formas, que se para y mira. Que mira mucho porque mirar es bonito; mirar lo que nos rodea, y saborearlo. Hay cosas de las que no nos damos cuenta pero que están, pero ojo, que estamos al borde de que se nos prohíba mirar.
Esto viene a cuento porque el otro día iba paseando por las calles de mi ciudad y me fijé en que no había nadie en los miradores, ni tampoco en los balcones y me dio un poco de pena porque ya casi no se mira en las ciudades, no había nadie en esos balcones. Ya nadie se sienta a la sombra o como se decía antes, a tomar la fresca y sacaban las sillas a la puerta. No, ya casi nadie lo hace y es una pena por lo bonito que es asomarse al balcón y mirar a la gente pasar y a esa vecina guapa, enfrente de ti, que hace que tu imaginación corra. Qué bonito poder soñar... mirar al frutero y saborear la vida de tu barrio desde ese mirador, y ser tú parte del vecindario. Desde hace tiempo nadie mira para abajo, y eso es sano, porque nos damos cuenta de lo que nos rodea. Y no basta solo con mirar a la gente desde el interior del coche o corriendo para ir al trabajo, y esta vida a la vez, hace que nadie mire hacia arriba para decir: ¡hola vecino! y preguntarle: ¡que! ¿pasando el rato? y comunicarnos un poco más .
Pero nos da miedo que cuando salgamos a la calle la gente nos señale y digan: ahí va el mirador. Si, como que si ser mirador fuera algo malo, por eso hoy se dice MIRÓN. También me di cuenta de que cada vez menos gente se sienta en los bancos públicos a mirar y que también se hacen cada día más bancos para una sola persona.
No está mal, pero eso me hace pensar que la gente está más sola o que le cuesta más comunicarse. Desde aquí, esta semana, voy a poner a todos unos deberes: primero, asomarse cinco minutos al mirador o el balcón apoyando los codos en la barandilla y mirar tranquilamente y contemplar todo lo que os rodea, y si podéis soportarlo, la semana siguiente subir la dosis a diez minutos, y si funciona, la semana siguiente invita a algún amigo a mirar contigo.
¿Sabéis porque lo digo? porque en afuegolento nos gusta mirar y disfrutar de la gente y de los amigos y tenía que contaros esta pequeña batallita mía. Un saludo de uno que había olvidado lo bonito que es un mirador
koldo Royo