| editorial | |
| Cocineros Sin Fronteras por Koldo Royo | |
| firman en esta edicións | |
| Oscar Caballero Le Train Bleu : Un Tren Azul y Centenario | |
| Miguel Lobato Diversión, Comida y Folklore en Maddington | |
| Joan Berenguer Quincena de La Trufa | |
| Matteo Gaffoglio Una Profesión en Peligro | |
| Karina Pugh Briceño La Pasion y El Chocolate | |
| Lola Lapierre en Torno a La Pizza Congelada | |
| Jordi Gimeno Cocinero en Serie. Capítulo I (6ª Entrega) | |
| José Oneto Las Tortillitas de Camarones, de La Isla | |
| Ruth C. Harbauer El Pan Nuestro de Cada Día | |
| Contenido patrocinado | |
| Margarita La Coctelería de Luis Martí |
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Seguramente muchos de ustedes habrán tenido la ocasión, y la suerte, de disfrutar deleitándose con ese delicioso plato que es Las Tortillitas de Camarones. Pues bien poniendo las cosas en su justa medida y por aquello de darle al César lo que es del César, hay que decir, por si a alguien le queda alguna duda, que esa exquisita especialidad es original de la ciudad gaditana de San Fernando, de La Isla. Este plato cada vez está cobrando, no en vano, más adictos, aquellos que lo prueban por primera vez quedan gratamente sorprendidos. Poco a poco se está situando entre los platos más señeros de la cocina andaluza. Pero no hay que olvidar cual es su verdadero origen. Si bien es verdad que algunos restaurantes gaditanos de reconocido prestigio han contribuido de manera decisiva a promocionarlo dando a conocer este bocado al incluirlo en sus cartas, no por ello, ni mucho menos, se pueden erigir como inventores de esa rica especialidad, como algunos pretenden. Tampoco está bien que se siga especulando con la originalidad de ese plato. Son muchos los lugares de Andalucía por donde se está extendiendo a paso agigantado las Tortillitas de Camarones, y cada vez más, porque allí donde se pone el éxito está asegurado, y terminan inmortalizándolas en la relación de especialidades de la casa, hasta que los clientes acaban creyéndose que nacieron en ese determinado lugar. Pero lo peor es que los propietarios de esos locales, quizás por ignorancia, no explican el origen del plato en cuestión y lo dan como suyo. |
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Precisamente, allí en San Fernando hay un restaurante en donde una de las especialidades, que por cierto son muy poquitas, son esas deliciosas tortillitas. Pues bien, ya por eso una mayoría de personas de las que allí acuden se piensan que fue allí donde se originó este plato, y los propietarios del restaurante en cuestión lo saben y tienen la cara de callárselo, en vez de tener la honradez de aclarar y deshacer el entuerto. Me refiero concretamente a la Venta de Vargas, un restaurante que ha aportado muy poco a la gastronomía local de aquella ciudad gaditana, pero sin embargo sí se ha aprovechado y bastante de ella. Hay que dejar muy claro que las Tortillitas de Camarones, nada tienen que ver con la Venta de Vargas. Este rico bocado, como digo, es de San Fernando, de la Isla. Los amantes del arte culinario, si los hay, de esta villa sureña permanecen impasibles viendo como un día se pueden encontrar con la sorpresa de que dicha especialidad aparezca como propia de otro lugar. El típico y castizo barrio isleño de "Las Callejuelas" fue donde vio la luz esta especialidad culinaria que nos ocupa. Este lugar ha sido, en determinadas épocas, la zona más humilde de San Fernando. Una barriada muy pobre de pescadores, ya que hasta los años cincuenta el principal sustento de sus gentes era el mar, pues mayoritariamente se empleaban en las tareas marineras. Por lo que su población estaba formada por mariscadores, pescadores, barqueros, salineros etcétera. Muchas de las recetas de cocina que ven ahora la luz en los fogones de los restaurantes más prestigiosos, han surgido de los barrios más humildes y pobres como una alternativa para paliar el hambre de esos tiempos difíciles. No había, entonces, más remedio que hacer un buen ejercicio de imaginación para que una comida con los elementos más básicos y austeros, resultara un bocado exquisito. Los caros, como, por ejemplo, las carnes y embutidos, ni que decir tiene que eran ingredientes prohibitivos inalcanzables. Los camarones abundan, o abundaban, allí en San Fernando. No era tarea difícil conseguir un puñado de estos crustáceos que mezclados con un poco de agua y harina de trigo y de garbanzos –porque la auténtica tortillita de camarones es con estos dos tipos de harina- junto con unas cebolletas y un poquito de perejil formaban una especie de crema que luego freían. Así nació, en este barrio isleño, no en otro, ese delicioso plato, que ahora todos quieren copiar y apoderarse de él. Hasta incluso las grandes industrias dedicadas a la elaboración de precocinados. Porque ya también se presentan como uno de los muchos productos congelados. Lástima, ya que mucho me temo que ese es el principio del fin de un plato tradicional que comienza a desvirtuarse y perder su auténtico valor cuando esté bien introducido, como pretenden, en esa gama de productos congelados. Entonces algunos también se pensaran que es un invento de Frudesa u otra de esas grandes industrias y éstas también se callarán. José Oneto es Crítico gastronómico |
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