Año XINumero 154
| editorial | |
| Alergia en El Bolsillo por Koldo Royo | |
| firman en esta edición | |
| José Luis Arpide El Chocolate y El Azúcar (ii Parte) | |
| Matteo Gaffoglio La Mejor Mozzarella Del Piamonte | |
| Iñigo Zarauz Un Recuerdo Del Jamón Serrano Ibérico de Bellota | |
| José Oneto Cocina en Vivo: El Elemento Vertebrador de Un Evento Gastronómico | |
| Ernesto Gallud Mira Trampolín o Puente | |
| Norberto Eugenio Petryk Empanadas en El Siglo Xv | |
| Miguel Guzman Peredo La Comida y La Bebida en Tiempo de William Shakespeare | |
| Raúl García Jiménez La Zanahoria Ecológica: Una de Las Hortalizas Más Sabrosas | |
| Nuria Baguena El Pueblo Etrusco, Un Gran Desconocido | |
| Agustí Solà ¿abre Fácil? o No! | |
| Paul Ibarra para Perder La Cabeza | |
| Lourdes Verger Cocinando con Amor | |
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No es que yo sea especialmente torpe, o puede que sí, no lo sé, pero cada vez que en un envase, sea del tipo que sea, plástico, cartón o de metal, veo el famoso “abre fácil”, me pongo a temblar. Si os fijáis, la mayoría de las veces la pestañita del “abrir por aquí” está completamente pegada, y siempre tenemos que ir a la esquina contraria. Si hablamos de cajas de cartón, estas siempre se acaban rompiendo, y yo, abriendo el envase por donde no toca. Un tratado aparte merecen las latas, sean del tipo que sean, cuando no se rompe la anilla, no se acaban de abrir del todo, o van muy duras y tienes que hacer fuerza para abrirlas, o al contrario, cuando piensas que irán un poco duras y estiras un poco más fuerte, evidentemente se abren con una facilidad pasmosa, y como no podía ser de otra manera, son las latas que llevan aceite o salsa y lo dejamos todo perdido y con los “amigos” comentando nuestras habilidades psicomotrices, y a nosotros preguntándonos donde conseguir unos colegas nuevos. Levantad la mano a cuantos de vosotros os ha pasado lo siguiente: habéis intentado abrir un bote de cristal, de lo que sea, mermelada, espárragos, etc. y este no se ha abierto y vosotros venga a hacer fuerza y la tapa no se mueve ni un milímetro, y seguís cada vez haciendo más fuerza y la tapa, nada que no se entera, hasta que llega el espabilado, coge el tarro y lo abre a la primera. Entonces se nos queda cara de tontos (y aquí también me incluyo yo) decimos la famosa frase: “vale, pero que conste que yo ya la había aflojado”, ¡excusas! Seguramente, las empresas se gastan mucho dinero en pensar y diseñar envases que se puedan abrir y cerrar fácilmente. Me gustaría mucho verlos a ellos “enfrentados” a uno de sus envases pero, amigos, me parece que esto ya es otra historia. solagdc@wanadoo.es |
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