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Año IIINumero 35


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Karina Pugh Briceño

Cuando era niña...
Kary y abuelita

Cuando era niña miraba a mi abuela cocinar, ella hacía arepas, empanadas, sopas, y muchas de las delicias típicas de la cordillera andina venezolana. Cocinaba todos los días frente a mí, mientras yo metía las manos en agua enjabonada y hacía bombas con mis manos de 4 años. Después me dejó hacer ensaladas, eso quería decir que me daba un tomate para que yo lo destripara con las manos y jugara mientras ella seguía cocinando y contándome cómo era su infancia en Boconó, su pueblo natal; me contaba cómo su abuela, que era muy coqueta, se perfumaba con albahacas y con pétalos de rosas que frotaba en sus sienes.

Pasó el tiempo y un día le pedí que me hiciera “majarete”, un postre celestial hecho de leche de coco y harina de maíz, espolvoreado con canela en polvo, es, verdaderamente, una reconciliación con la vida. Mi abuela me respondió – muy bien, yo te hago el majarete, pero sólo lo haré una vez, te enseñaré a hacerlo y cuando yo me antoje tú me lo haces- yo acepté de inmediato con la impaciencia de mis 10 años y la boca hecha agua. Vi todo el proceso, la ayudé a exprimir el coco y me llené de su aroma, cerní el azúcar, batí la pasta caliente de coco y maíz, descubrí (con ojos desorbitados) cómo mi abuela le ponía a su dulce un punto de sal, cuando le pregunté el motivo me respondió, sabia, que todo en la vida tiene su contrario adentro, lo salado tiene dulce y lo dulce salado... "si esto no es así, tu majarete no quedará como a ti te gusta", vi cómo sus manos grandes y amorosas volteaban la pasta sobre un molde de corazón porque ese era un postre de “amor” y miré a mi abuela, a mi dulce y bella abuela regalarme el más maravilloso de los dones de los que disfruto, el amor por la cocina...

Fue allí, en la cocina de mi casa, viendo a mi abuela cocinarme majarete cuando supe que estaría irremediablemente embrujada por el calor afectivo y protector de la cocina... Pero ahora, aunque haga el majarete idéntico, con su receta, no me queda igual, la nostalgia por sus manos, por su risa discreta y por sus historias me hace pensar que son estos ingredientes y no el coco ni la canela los que hacían de aquel postre un verdadero prodigio. Y es una gran paradoja porque a mi abuela, que cocinaba con buen gusto y elegancia, no le gustaba cocinar, ella era una jardinera de vocación, la cocina era para ella un deber, pero lo hacía tan bien que todos creímos siempre que era afición y no entrega. Así que recibí de ella un legado que me dejó sin intención pero con mucha fuerza... Seguiré haciendo Majarete y le contaré a mis nietos cómo mi abuela me dejaba destripar tomates y hacer bombas de jabón.

Majarete

ingredientes

1 coco maduro
1 taza de harina de maíz precocida (se conoce en el mundo como harina pan)
2 tazas de leche de vaca
2 tazas de agua tibia
1/2 Kl de azúcar
1 astilla de canela
canela en polvo al gusto
una pizca de sal

Elaboración:

1 Se separa la pulpa del coco de la concha marrón,
se trocea y se licúa con una de las 2 tazas de agua
tibia. Se cuela.
2 Se licúa de nuevo el resto de coco que quedó de la
primera colada (mi abuela le decía a ésto "Bagazo")
con la otra taza de agua tibia, se cuela nuevamente.
3 En la úlima taza de leche de coco se disuelve la
harina de maíz junto con las dos tazas de leche de
vaca y se lleva a fuego lento hasta que hierva.
4 Al hervir se le agrega el azúcar, la pizca de sal,
la astilla de canela y la otra taza de leche de coco.
Se deja cocinar por 15 minutos más sin dejar de mover
la mezcla, se coloca en un molde y se deja enfriar. No
es necesario refrigerar.
5 Se desmolda fácilmente volteando el molde y se
salpica con la canela molida.
6 Se disfruta con todos los sentidos a más no poder
ediciones anteriores

Las historias de amor y cocina de América Latina

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