Agustí Torelló i Sibill conjuga dos facetas que, en otra persona, podrían parecer contradictorias: por una parte la claridad de la lógica derivada de la tangible realidad y, por otra, la fascinación por la tradición mágica. Pero en él no hay ningún asomo contradictorio: ambas conviven con tal naturalidad que no se puede hablar de dualidad, sino de equilibradísima simbiosis
No sabemos si él es consciente de este rasgo suyo -seguro que sí- pero, en cualquier caso, en AFL nos gustan mucho las personas como Agustí Torelló, que nos permiten asomarnos a sus variadas facetas y, así, aprender de su original armonía, seguramente posible gracias a que Agustí Torelló es un hombre que se plantea preguntas que no suelta hasta haberles dado respuesta
Agustí Torelló: Nosotros siempre hemos ido [a lo nuevo] siendo una bodega tradicional, tenemos muy claro que hay que investigar: el mejor vino está por hacer. Cada año tenemos que mejorar. Pero ya fuimos pioneros, por ejemplo, mi padre con el Kripta, hace?fue el año setenta y tantos cuando lo sacó al mercado, hablamos de viñas muy viejas, de variedades autóctonas, de la Macabeu, Xarel?lo, Parellada, [buscando] la máxima expresión, para dar [un resultado] francamente interesante. Después, la segunda generación ya participábamos [introduciendo y trabajando] muy estrechamente [con la incorporación de las características] de la barrica, que es un cava 100% Macabeo, pero fermentando en barrica en vez de [acero] inoxidable que es como se hacía antiguamente, buscando técnicas más modernas, [incluyendo la elección de] qué tipo de madera, de barrica, el roble francés, ha creado escuela: ha sido un cava distinto, más moderno, más intenso?un poco como la cocina
MP: No es fácil unir la calidad con esta difusión [del mensaje] tan clara
AT: A veces pierdes un poco de vista que el vino se hace para disfrutar, para compartir, para pasarlo bien. La potencia no está reñida con la elegancia, y a veces parece que, cuando sale un producto [te dicen que] va a ser difícil de entender, de beber, pero yo creo que los buenos vinos, como las buenas conversaciones, las buenas cenas, las buenas tertulias, las buenas comidas, no tienen que explicarse, son sensaciones, tienen que emocionar y eso [lleva a la conclusión de que] las buenas cosas no hay que explicarlas tanto
MP: Es cierto, pero entonces habéis tenido la gracia de que ha llegado vuestro mensaje
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