| editorial | |
| por Los Amigos que No Despedimos por Koldo Royo | |
| firman en esta edición | |
| Matteo Gaffoglio San Pedro de Villanueva, de Monasterio a Parador Confortable y Moderno | |
| Norberto Eugenio Petryk Fiesta de Tomates | |
| Miguel Guzman Peredo La Gastronomía en El Alcázar de Chapultepec | |
| Raúl García Jiménez El Comino: Apreciado en Todo El Mundo | |
| Pablo G. Mancha Francis (paniego) Dos Punto Cero | |
| Mar Romero Granos de Ébano | |
| Quique Rodríguez El Mercado de San Miguel, Renovarse o Morir | |
| Pablote Avec Plaisir | |
| Juan Pablo Felipe San Pedro a La Parrilla, Toffe de Albariño, Padrón, Uvas y Toques Melosos | |
| Manuel Bolivar en Tiempos de Ambrosio Alfinger | |
| Rosario Díaz Araujo ¿el Huevo o La Gallina? | |
| Héctor Henche El Margarita (i Parte) | |
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Pasear por los magníficos claustros restaurados del Parador nos traslada a las épocas en las que los monjes benedictinos de la hermandad de San Benito, la orden religiosa fundada en el siglo XII, habitaban el Monasterio de San Pedro de Villanueva (declarado Monumento Nacional en 1907), y que lo ocuparon hasta la famosa Desamortización de Mendizábal en el 1835. Desde esa fecha, el monumento permaneció abandonado y se dedicó a innumerables usos. De su gran pasado dan fe dos salas con restos arqueológicos, sobre todo cerámicos, que se recuperaron en las obras de construcción del Parador. De la obra prerrománica que erigió Alfonso I el Católico, yerno de Pelayo, como templo y panteón real ya nada queda. Lo que permanece son las reformas que se desarrollaron desde el siglo XII al XVIII. De estilo románico son la portada y el interior de la iglesia, parroquia de Villanueva desde el abandono del monasterio por los monjes, con capiteles ricamente decorados con escenas refinadas y galantes de temática amorosa y escenas de caza. |
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Según la nueva ortodoxia culinaria las cocinas asturianas son cuatro diferentes: la costera del pescado y el marisco; la minera del Nalón de Potes y Fabadas Rehogados a la Sidra por la parte de Oviedo y peregrina entre Gijón, Cudillero y Avilés; la que va un poco en busca de Pulpo y Empanadas por los caminos de poniente; y la otra que, al oriente, se encuentra más a gusto entre ríos de Truchas y Salmones. Por supuesto, son sutilezas más propias de doctores culinarios que de honestos y agradecidos paladares, que el viajero hará bien en olvidar. |
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El menú resulta ser muy cuidado con voces también regionales que son: Degustación de quesos asturianos (Ahumado de Pria, Beyos, Afuegal’pitu Rojo, Gamoneu y Cabrales); Tortinos con hígado de pato caramelizado; Paté de cabracho con escarola frissé y aliño de ablanes; Huevos rotos con cebolla confitada y Morcilla fresca; Lomo de merluza del norte a la sidra; Pixín horneado con caviar de oricios; Solomillo de ternera en salsa de queso de Cabrales; Nuestra fabada y su compango (guiso emblemático asturiano con una lenta cocción de las mejores Fabes, grandes, tiernas y mantecosas, aderezada con un seleccionado compango de morcilla, chorizo y panceta; es acompañada con una refrescante ensalada verde). Este plato servido a la manera asturiana es una comida completa (la foto de al lado es una mini degustación). |
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