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| Un Año Más en Madridfusión por Koldo Royo | |
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| Matteo Gaffoglio Francia Festeja Los 20 Años de La “coupe” con El Oro | |||||||
| Lola Lapierre Eso No Es Un Kiwi, Es Una Patata: Señorita, ¿qué Le Pasa? | |||||||
| Miguel Guzman Peredo La Gastronomía en El Palacio de Versalles (ii) | |||||||
| Raúl García Jiménez El Tomillo: Un Aromático en Nuestros Platos | |||||||
| Nuria Baguena La Cocina Del Siglo Xvii | |||||||
| Pablote Comer al Revés | |||||||
| Juan Pablo Felipe Esencia Del Gazpacho | |||||||
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| Lo que Se Vio en Madridfusión 09 (cap. 1) |
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| Lo que Se Vio en Madridfusión (cap. 2) Recorrido por La Feria Gastronómica |
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Cambiamos el delantal por la bata blanca para escribir este artículo acerca de un tema espinoso y curioso a partes iguales: los trastornos de la alimentación. Muchas veces me he preguntado si un gusto excesivo por la comida y la degustación podría considerarse patológico o perjudicar de alguna manera al individuo que lo poseyera, entre los que me puedo catalogar. Sin embargo, leyendo acerca del tema, descubro que precisamente es ese placer por la comida (siempre y cuando no llegue a convertirse en una adicción o una obsesión) lo que protege a las personas de caer en el hoyo que suponen los trastornos psicológicos de la alimentación, que por cierto, hay para todos los gustos. La anorexia y la bulimia son probablemente los más conocidos por todos. Tristemente conocidos como los frutos podridos de una cultura hiperexigente con el aspecto físico, que condena a algunas personas a la enfermedad, el sufrimiento y a la paradójicamente lamentable imagen que les deja la enfermedad. Por otro lado, también es habitual en los gimnasios la vigorexia, trastorno alimentario que consiste en la obsesión por obtener un cuerpo con una masa muscular desorbitada. A diferencia de la anorexia, afecta más a hombres que a mujeres y aparte del tiempo excesivo de entrenamiento así como el uso de suplementos y hormonas poco indicados para la salud de la persona, las dietas se ven claramente afectadas por un consumo inapropiado de proteínas y la reducción de otro tipo de nutrientes que favorecen un desarrollo normal y saludable. Y precisamente esto último es lo que persiguen los pacientes de ortorexia, la enfermedad que describe una obsesión inquebrantable acerca de alimentarse sólo con productos biológicos y 100% sanos, y que lleva a estas personas a gastar más de tres horas diarias en pensar en su dieta y vigilar hasta el último detalle de la misma. A mí me han comentado alguna vez que el giro ecológico que ha tomado el mercado de productos alimenticios e incluso muchos restaurantes no es más que un intento de satisfacer a una sociedad cada día más ortoréxica. ¿Estarías de acuerdo con esta afirmación? Imagino que en el párrafo anterior la mayoría no habréis encontrado nada nuevo. Se trata de pautas de alimentación indeseables que son ya parte de la cultura popular por sus elevadas tasas de incidencia. Otro mundillo aparte son las fagias o picas, conductas encaminadas a la ingestión de productos no nutritivos. Muchas de las fagias son aún un misterio y siguen siendo objeto de estudio e investigación. Por ejemplo, la geofagia (consumo de tierra fértil) es un trastorno cuyo origen se cree que está en la necesidad de las personas de calmar impulsos ansiosos y obsesivos, al mismo tiempo que compensar un desorden metabólico y su consecuente falta de minerales. Se asocia normalmente con cierto retraso mental y es un buen ejemplo para presentar otro tipo de fagias, algunas de las cuales estoy seguro que os dejarán con los ojos abiertos de par en par: Geofagia: Comer barro Xilofagia: Madera Rizofagia: Raíces Ofiofagia: Serpientes Hematofagia: Sangre Coprofagia: Heces Bacteriófago: Bacterias Necrófago: Seres Muertos Saprofagia: Materia en Descompocisión Paedofagia: Crias de otras especies Lepidofagia: Escamas Cautopirofagia: Cenizas Pagofagia: Hielo Amilofagia: Harina Lectofagia: Lechugas Foligofagia: Hojas Litofagia: Piedras Tricofagia: Pelos Onicofagia: Uñas De todas las fagias enumeradas en la lista hay casos clínicos descritos, por sorprendente que parezca. El avispado lector se habrá dado cuenta que los objetos de las fagias son tan variados que la lista puede ampliarse casi hasta el infinito, y efectivamente así es, aunque sea un requisito imprescindible que para el diagnóstico de una nueva fagia se den ciertas condiciones duraderas en el tiempo. En cualquier caso, la detección del problema y una eficaz e inmediata intervención psicológica son pasos importantes a dar para salir del atolladero. Para terminar el artículo, recordarnos a todos los que gozamos de salud alimenticia, que seguir disfrutando de la comida es la mejor vacuna contra cualquiera de estos trastornos. Pablote dgusto.es |
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