Año IINumero 15
| editorial | |
| El Mercado por Koldo Royo | |
| firman en esta edición | |||||||
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| Oscar Caballero Paris Bien Vale Una Página | |||||||
| Tatiana Suárez Buffet de Primavera | |||||||
| Eduardo Suárez Del Real ¿navegando? | |||||||
| Mauro Alberto García a Copa Quieta | |||||||
| Miguel Lobato La Gran Manzana | |||||||
| Juan Echanove No Hay Nada Mejor para Acabar Una Cena... | |||||||
| Ana Arazuri y Viki Benavides El Lagar Del Jurista | |||||||
| José Luis Arpide Clavo de Olor | |||||||
| Manuel Julbe Marimar | |||||||
| Iñigo Murua Las Masas Escaldadas | |||||||
| Grupo Atsegina Iniciación a La Cata Del Vino (iv) | |||||||
| nuestros reportajes | |
| Homenaje a Juan Mari Arzak por Koldo Royo |
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| El Bocusse D'or 1999 Foto a Foto |
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| Salón Internacional Del Club de Gourmets en Fotos |
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El clavo (Eugenia caryophyllus/Syzygium aromaticum) es un árbol de la familia de las mirtáceas que tarda unos veinte años en desarrollarse, con una altura entre doce y quince metros, y que puede seguir produciendo fruto hasta cincuenta años. Sus hojas se parecen bastante a las del laurel, las flores tienen pétalos amarillos. Su ambiente ideal es el clima de caracter marítimo y tropical. Su nombre procede del latín clavus, ya que el capullo seco sin abrir recuerda esta forma. Indonesia produce la mayor cosecha de clavo, le siguen Madagascar, Tanzania, Sri Lanka, Malaisia y la isla de Granada. El clavo posee un aroma fuerte, caliente y rico, al probarlo es picante ácido, fuerte y amargo y deja una última sensación de frío en la boca. Al cocinarlo su efecto se suaviza. Acompaña muy bien los platos dulces y los salados, para pastel de pollo frío y guisados de conejo, arenques en escabeche, jamón glaseado, plátanos asados, tartas de manzana y pudines e igualmente en el pan especiado. En la cocina hindú, aparece entre otros en el garm masala (mezcla de especias), el arroz pilaf. En la Edad Media era muy común la elaboración del Hipocrás, vino caliente especiado, una receta de la época de RicardoII. Dice: "Poner en infusión en vino, canela en rama, jengibre en polvo, cardamomo entero y clavos, cada cosa contenida por separado en bolsas de estopilla y colgando en el vino". Las crónicas chinas refieren que en siglo III a de C. durante la dinastía Han, cuando los funcionarios de la corte se dirigían al emperador, llevaban clavos en la boca para evitar el mal aliento, incluso sabemos que dicha especia es un anestésico suave para aliviar el dolor de muelas. Los chinos daban a esta planta el nombre de hi sho hiang y la traían del estado de Mogada, en la cuenca del Ganges de la India Oriental, dónde desde hacía tiempo se empleaba para condimentar los alimentos, por eso en sánscrito se la conocía bajo la denominación de Iuwunga, y era a su vez importada de las islas del sureste, a dos meses de navegación por el océano. Siglos más tarde, los barcos árabes que recorren las costas del mar de Omán, Golfo De Bengala y el mar de la China, compran esta especia a la que llaman garumfel y que llegará por las rutas comerciales hasta Líbano y Siria. Plinio habla de un cariophillon, literalmente pétalo de nogal aunque no se sabe con seguridad si se trata del mismo clavo. Se sabe que en el año 335 de nuestra era, el emperador Constantino el Grande, obsequia al papa Silvestre I, 150 libras (45 kilos) de cariophillon. El propio Apicio, célebre cocinero romano, menciona el carifolu entre las especias indispensables en las casas que se precien. Durante La Edad Media, el clavo se empleó bastante para intentar librarse de la peste y de los olores fétidos, así durante el siglo XIII, sobre todo la aristocracia, usaba las llamadas manzanas de ámbar que contenían clavo, e igualmente se empleaba el aceite de clavo (eugenol), conseguido mediante destilación, que conservaba muchas de las propiedades de la planta, entre ellas: germicidas, antisépticas y carminativas. Igualmente en los libros de recetas medievales europeos aparece el clavo como uno de sus ingredientes (hasta un 15% aparece en recetarios franceses y cerca del 20% en recetarios ingleses). Así sabemos que la condesa de Leicester (Inglaterra), pagó entre 10 y 12 chelines por una libra de clavos y en las órdenes reales de 1.349, relativas a los derechos de entrada a Paris de ciertos productos, el clavo junto con la canela, pimienta, arroz, anís, y azúcar, llegaban en fardos. |
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